El suicidio de la trabajadora de Iveco, y el machismo como chivo expiatorio

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas.

(Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos)

 

Durante la última semana, el suicidio de una trabajadora de la empresa Iveco debido a la presión psicológica que supuso para ella la difusión que sus compañeros de trabajo (hombres y mujeres) hicieron, a través de las redes sociales, de un vídeo de contenido sexual en el que ella aparecía, ha estado siendo utilizado por el feminismo, tanto institucional como alternativo, como una de las pruebas más evidentes de que el machismo y una supuesta perversidad inherente al sexo masculino es la causa de todos los males que sufre nuestra sociedad, pasando por alto los múltiples casos en los que acosos parecidos sufridos por hombres llevan a éstos a quitarse la vida.

El capitalismo es un sistema donde la mayoría de los seres humanos estamos condenados a ser esclavos prácticamente desde nuestro nacimiento. Esa perspectiva de futuro y la dificultad para revertir dicho destino acaba conduciendo a los individuos (hombres y mujeres) a aceptar el capitalismo como algo inevitable y a adaptarse a sus alienantes y frustrantes relaciones de producción para poder "sobrevivir", lo cual les acaba enajenando de sí mismos, destruyéndoles como seres humanos y transformándoles en monstruos, convirtiendo las relaciones humanas, y especialmente las relaciones laborales, en un auténtico infierno. Precisamente esto es lo que está detrás de este y tantos otros suicidios, donde, por cierto, y a pesar de lo mediático de este caso, el número de hombres que se suicidan es igual o mayor que el de mujeres, lo que demuestra que hay algo más que machismo detrás de toda esta tragedia [1].

 

 

Ante el progresivo e inevitable deterioro de las relaciones humanas al que conduce la demencial lógica capitalista, con su insaciable necesidad de acumulación de ganancias, que hace que los individuos (hombres y mujeres) acaben optando por el "sálvese quien pueda" y comportándose como bestias más que como seres humanos, la difusión mediática masiva de este tipo de sucesos, presentando a las mujeres de la clase obrera como víctimas de sus compañeros varones debido a una supuesta perversidad inherente a su sexo, es muy útil para ocultar la verdadera naturaleza del gran malestar que sufren tanto hombres como mujeres en la sociedad capitalista.

Este tipo de interpretación de los hechos por parte de los aparatos de propaganda del capitalismo, no sólo son inútiles para evitar que sucedan cosas como éstas, sino que, al ocultar su verdadera causa: la destrucción humana a la que nos aboca el capitalismo, mantiene a salvo a éste, perpetuando y agravando el problema año tras año, pues la imparable tendencia del capitalismo hacia la obtención de cada vez mayores beneficios acaba creando un clima cada vez más irrespirable, al provocar una mayor deshumanización del individuo por tener que adaptarse a mayores niveles de opresión, lo que hace que su modo de relacionarse sea cada vez más insano, dando lugar a sucesos cada vez más espeluznantes, mucho peores que éste, y que afectan tanto a mujeres como a hombres.

Aquellos que siguen empeñados en analizar este tipo de sucesos culpabilizando al hombre en abstracto, al mismo tiempo que presumen de ser marxistas, no son más que una pandilla de reaccionarios anticomunistas de la peor calaña, pues, al depositar la responsabilidad de lo sucedido en la clase oprimida -pues de ella forman parte la inmensa mayoría de los hombres-, no sólo encubren al capitalismo como responsable primero de lo sucedido, sino que este desprecio "en nombre del marxismo" a los oprimidos -a quienes, como hacían los curas, responsabilizan de la deshumanización que les impone el brutal orden que les oprime-, acaba haciendo renegar a éstos de la única solución que podría poner fin a este tipo de problemas: el marxismo.

El machismo es sólo una de las múltiples expresiones de la deshumanización a la que conduce el capitalismo tanto a hombres como a mujeres. Tratar de hacernos creer mediante la promoción mediática masiva de este tipo de sucesos, que sólo los hombres son los afectados por dicha deshumanización, no es más que una forma de propaganda reaccionaria cuyo objetivo es transmitir la falsa esperanza de que dicho sistema deshumanizante puede ser humanizado sólo con la reeducar a los hombres, perpetuando así el machismo y demás expresiones de la deshumanización a la que inevitablemente conduce el capitalismo, a las que sólo se podrá poner fin aboliendo este perverso sistema, nunca reformándolo.

Por último, el análisis que hace el feminismo de este tipo de sucesos: presentando a los hombres y su masculinidad como los responsables de los males que sufren las mujeres, pasando por alto algo tan obvio como el hecho de que éstos también sufren problemas similares provocados en muchos casos por la conducta de mujeres y, sobre todo, exculpando al capitalismo de la destructiva influencia que ejerce sobre los individuos -al plantear la posibilidad de solucionar el problema sólo mediante reformas feministas-, es aprovechado por el masculinismo, una nueva corriente liberal en auge no menos reaccionaria, para presentar a las feministas como una pandilla de oportunistas que quieren trepar en el capitalismo a costa de explotar, mediáticamente, exclusivamente el sufrimiento de una parte de la población, un oportunismo que naturaliza el capitalismo debido a su carácter reformista y permite a los masculinistas reivindicar la necesidad de que aquél fluya libremente, sin intervenciones [2], para que no se produzcan situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres que generen más problemas de los que ya tienen unos y otros [3]. Es decir, el oportunismo feminista, igual que en su día el oportunismo estalinista, cuya incapacidad para superar el capitalismo acaba presentado a éste como algo inevitable, es muy útil para naturalizar el capitalismo y hacer incontestables los argumentos de sus máximos defensores, legitimándoles para exigir un desenvolvimiento más libre de su barbarie.
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[1] Recomiendo la lectura del artículo de la publicación digital Nuevo Curso, "¿Por qué las relaciones personales se han degradado tanto en el trabajo?", donde se explica de forma magistral por qué sucesos como el suicidio de la trabajadora de Iveco son un fenómeno lógico en el capitalismo, que no sólo afecta a mujeres, así como el modo más efectivo de superarlo.
[2] No en vano, Jordan Peterson, uno de los teóricos de referencia en el seno del movimiento masculinista, es, al mismo tiempo, un gran seguidor de la escuela económica austríaca (Hayek, Mises, Friedman, etc), defensora una intervención mínima del estado en la economía, la justa para romper huelgas y otro tipo de protestas obreras similares. Jordan Peterson y la acción humana (artículo publicado por el instituto Mises)
[3] En este sentido, los masculinistas atribuyen el incremento de los casos de la llamada violencia de género, no al progresivo aumento de la barbarie a la que inevitablemente conduce el demencial orden capitalista, sino al enrarecimiento de las relaciones entre hombres y mujeres al convertir al feminismo en ideología de estado en el capitalismo. En el fondo, el masculinismo, con su teoría del marxismo cultural, no es más que una teoría de la conspiración que se escuda en las tesis no menos acientíficas y conspirativas en las que se basa el feminismo -convertidas hoy en dogmas-, haciendo que dicha teoría conspirativa tenga mucha mayor credibilidad y fuerza que las viejas. Mientras no se sea capaz de superar el carácter acientífico del feminismo, esta nueva teoría liberal de la conspiración tendrá el éxito garantizado.

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