El mito de la libertad en las sociedades occidentales

 

Es difícil hablar de nuestra autonomía, de nuestra capacidad de decisión cuando la inmensa mayoría social no cuenta realmente para nada en las decisivas y trancescentales decisiones sociales

 

Creemos que vivimos en una sociedad libre, donde cada cual puede expresarse como quiera y hacer lo que quiera. Libre a sí mismo de ideologías y de cualquier control del pensamiento.
Son otros, habitualmente los países o gobiernos rivales, los que tienen restricciones a sus libertades y están sometidos a lo impuesto por regímenes, como acostumbramos a denominar a aquellos que no se dejan dominar.
Tales opiniones, es necesario tener en cuenta, no son sino creencias, ya que no somos tan independientes como presumimos y nuestro entorno social está fuertemente dominado por imperativos y prejuicios de toda índole, que si son vulnerados implican unas muy severas consecuencias para el infractor.
Estados Unidos es el paradigma de esta ficción que hemos construido. Pero que con un análisis sosegado y riguroso queda fácil y claramente desmontado. Lo hace aquí el historiador de América del Norte Michael Parenti, recordándonos que precisamente una de las enseñanzas ideológicas más persistentes y extendidas en su país es pensar que ell@s están libres de tales ideologías. Viendo tantas veces la paja en ojo ajeno y no los mucho mayores obstáculos en el propio. Pero eso es lo cotidiano y lo cotidiano pasa desapercibido.

 

Sin embargo, a los americanos se nos adoctrina sobre ciertos preceptos, como el patriotismo, el hombre rico hecho así mismo y la viabilidad rentable del mercado libre. También recibimos nociones sobre raza, clase y relaciones de género, y sobre la distribución democrática del poder en nuestra sociedad pluralista. 1

 

Democracia de palabra, en contradicción con los hechos. Pues es una minoría muy reducida y muy rica la que dicta el rumbo de este o aquel gobierno y por tanto el rumbo social. No son los presidentes que salen de las elecciones los que toman las decisiones finales, por mucho que los canales de televisión nos lo digan.

 

La institución Brookings es un think tank de la política de EE.UU. presidido y financiado por Fortune 500 [el grupo de corporaciones más ricas y poderosas] y representa a los políticos responsables de la inmensa mayoría de la política tanto doméstica como exterior de Estados Unidos. Mientras que algunos pueden creer, ingenuamente, que el presidente Obama o los representantes electos de los Estados Unidos se sientan detrás de sus escritorios a altas horas de la noche escribiendo el futuro de América, en realidad, simplemente utilizan sus escritorios para refrendar lo que los think-tanks como Brookings les pasan. 2

 

Los pensadores y directores que trabajan para las grandes fortunas son bien conscientes de tal circunstancia.

 

El Estado-Nación como unidad fundamental de la vida organizada del hombre ha dejado de ser la principal fuerza creativa: los bancos internacionales y las corporaciones transnacionales son [actualmente] actores y planificadores en los términos que antiguamente se atribuían los conceptos políticos de Estado-Nación. 3

 

No hablemos de democracia cuando estamos realmente ante una oligarquía, forma de gobierno donde el poder está en unas pocas manos pertenecientes a las clases sociales privilegiadas.

 

El expresidente Jimmy Carter dijo en 2015 que Estados Unidos no es una democracia, sino una oligarquía, es decir, un país dirigido por una pequeña clase superior y rica que constituye, como mucho, el 1 % de la población total. Carter explicaba que un candidato a las elecciones presidenciales estadounidenses necesitaba al menos 300 millones de dólares para participar. En Estados Unidos hay más de 320 millones de habitantes, ¿pero cuántos de ellos pueden disponer de esa cantidad? Si no pertenecen a la oligarquía, no tienen ninguna posibilidad de ser un día elegidos presidentes de Estados Unidos. Siempre se elige al presidente entre los ricos. Los 100 senadores también pertenecen a la oligarquía: se reúnen en un Senado que no es un cenáculo de «viejos sabios», sino una asamblea de ricos. De media, la riqueza de un senador ronda los 3 millones de dólares. Aquellos que tienen funciones ejecutivas son incluso más ricos: algunos miembros del Gobierno de Trump no son millonarios, sino multimillonarios. Sus intereses son defender su fortuna y hacerse aún más ricos, algo clásico en un sistema oligárquico. Por tanto, es la oligarquía de Estados Unidos la que dirige este Imperio. 4

 

Y aún a pesar de todo eso seguimos en ese mundo imaginario creado por los medios de comunicación, que transmiten esa alineación y ocultan la realidad. Tales creencias, advierte Parenti, circulan ampliamente, libres de cualquier análisis crítico, riguroso y se considera que representan el orden natural de las cosas. Pocos las cuestionan públicamente, se sigue gregariamente el pensamiento general, inducido e inculcado por las clases dominantes. El común de los mortales hará y pensará de cara a los demás lo que estos mismos hagan. Que es normal, pero que evidencia nuestra falta de libertad.
Es difícil hablar de nuestra autonomía, de nuestra capacidad de decisión cuando la inmensa mayoría social no cuenta realmente para nada en las decisivas y trancescentales decisiones sociales. El ciudadano occidental a optado en vez de por una respuesta valiente, organizada y seria, por la sumisión, por la derrota sin luchar, convirtiéndose en un mero títere que ni se atreverá a cuestionar a aquell@s que con sus desmesurados egoísmos y carencias morales dejarán en el desamparo económico a miles de personas. Y para colmo nuestros vecinos arremeterán contra aquellos gobernantes y gobiernos que sí se preocupan por su gente, a los que descalificarán como déspotas, tiránicos o incluso hasta sanguinarios, adulterando la realidad al seguir discurso y vocabulario de las corporaciones que denigran a aquellos que ponen coto a su barbarie y codicia.
Nuestro mundo no es uno donde cualquiera puede expresar su opinión libremente sin que eso tenga unas severas consecuencias y no por vulnerar principios morales o éticos básicos, sino por transgredir unos límites a la libertad de expresión ocultos pero bien estrechos.

 

Generalmente los publicistas, eruditos y profesores pueden trabajar libremente solo en tanto se mantengan dentro de ciertos parámetros ideológicos. Cuando entran en territorio prohibido, manifestando o haciendo cosas iconoclastas, experimentan las restricciones estructurales impuestas a su subcultura profesional por la jerarquía social más elevada. 1

 

No son conocidos o son olvidados por el público estos casos, no escasos, de censura y persecución. Como el del periodista Gary Webb, quien tuvo la honestidad y valentía de denunciar el tráfico de drogas llevado a cabo por la CIA hacia Estados Unidos, donde inundaba con estas sustancias mortíferas los barrios pobres de las ciudades, deshaciéndose de gente no útil o molesta para los grandes propietarios, y con el provecho obtenido financiaba los escuadrones de mercenarios de la Contra, que masacraban al pueblo de Nicaragua. Él mismo expresa su “pecado”, que le llevó a sufrir un linchamiento de los órganos mediáticos de propaganda y a su marginación y exclusión profesional, provocando finalmente su muerte, inducida o ejecutada.

 

Si nos hubiéramos conocido cinco años antes, no podrían haber encontrado un defensor más firme de la industria del periodismo que yo… Estaba ganando premios y dinero, dando conferencias, aparecía en la televisión y formaba parte de jurados de periodismo… Y entonces escribí algunas historias que me hicieron darme cuenta de lo tristemente equivocado que estaba. La razón por la que había disfrutado de tanto prestigio durante un tiempo no había sido, como yo presumía, por mi trabajo bueno, cuidadoso y diligente… La verdad era que todos esos años yo no había escrito nada lo suficientemente importante como para ser censurado. 1

 

Hay miedo a ser verdaderamente responsables, hay miedo a la libertad y al pensamiento libre.

 

Referencias-Notas:
1.- Michael Parenti. La lucha de la cultura. Hiru. 2007.
2.- Tony Cartalucci. US Brookings wants to “bleed” Syria to death. Land Destroyer. 28.05.2012.
3.- Carlos Arteaga Basurto, Silvia Solís San Vicente (coordinadores). VV.AA. La política social en la transición. Universidad Nacional Autónoma de México. Escuela Nacional de Trabajo Social. 2001
4.- Daniele Ganser. La mayoría de las gueras libradas por miembros de la OTAN empiezan con mentiras. UMOYA. 28.12.2017.

http://loquesomos.org/el-mito-de-la-libertad-en-las-sociedades-occidentales/

Top