Cátedras de empresa: la simbiosis de los huevos de oro / Muchas universidades no desvelan qué financiación reciben

Entre las cátedras de empresa asoman nombres como José María Aznar, Carod Rovira, Estrella Morente o Juan Roig.

Muchas universidades han establecido una aportación mínima de 30.000 euros anuales para estos convenios

Además de ganar prestigio y captar talento, las empresas se benefician de incentivos fiscales sobre la financiación

Cada vez más universidades abren la puerta de sus aulas y laboratorios a la financiación de entidades públicas o privadas, como Cemex, Santander, Telefónica, Glaxosmithkline, Bancaja, Axa, Indra, Iberdrola, Repsol, Deloitte o Inditex, a través de la creación de cátedras extraordinarias. Muchas de ellas no publican la financiación que reciben a través de estos convenios, que suele ir dirigida a la investigación en disciplinas científicotecnicas: ingeniería, medicina, farmacia...

 

Tartas de manzana, croissants curvos y rectos, panes trenzados, empanadas de zamburiñas y una cátedra extraordinaria en la Universidad de Santiago de Compostela. Estos son algunos de los méritos que componen el currículum de la empresa panadera gallega Da Cunha y su nombre, uno de los tantos que aparecen asociados a la universidad en forma de convenios de colaboración de los que se espera una provechosa simbiosis. “La universidad tiene que nutrirse de los que están fuera y los de fuera necesitan a la universidad. Esta interacción es enriquecedora para todo el mundo. No estamos en el laboratorio sólo para nosotros, estas investigaciones tienen que dar un resultado fuera”, resume Isabel Fernández, vicerrectora de relaciones institucionales de la Universidad Complutense de Madrid.

 

Sin embargo, la del pan y el cereal es una anécdota entre las cátedras extraordinarias o de empresa. Estos noviazgos entre Empresa y Academia suelen vestir nombres más rotundos, de eco más grandilocuente: Cátedra de Ética, Política y Humanidades de la Universidad Católica de Murcia (UCAM) y FAES, dirigida por José María Aznar; de la Universidad Pompeu Fabra y la Obra Social La Caixa sobre Diversidad Social, liderada por Carod Rovira; de Flamencología de la UCAM y el Cante de las Minas, coordinada por Estrella Morente; de Cultura Empresarial de la Universidad de Valencia, capitaneada por una legión de gerentes, presidentes, consejeros, directores y CEOs entre los que destaca, quizás, Juan Roig (Mercadona).

 

La cátedra extraordinaria, paso a paso

 

¿Cómo se hace una de estas cátedras? La receta exacta cambia en función de la institución. Pero hay algunos ingredientes comunes, al menos, entre las ocho que se han tenido en cuenta para esta investigación: la Universidad Complutense de Madrid, la de Salamanca, la de Santiago de Compostela, Pompeu Fabra, la Autónoma de Barcelona, la de Valencia y las Politécnicas de Madrid y Valencia. Se necesita una universidad, una entidad pública o privada, unos objetivos comunes de formación, investigación o divulgación y un acuerdo económico que haga posible cumplirlos.

 

Pero no es fácil saber cuántos ceros hacen falta para sellar estas alianzas, puesto que la Complutense de Madrid es ahora mismo la única de las universidades estudiadas que ha hecho pública esta información. “Bueno, es un elemento secundario dentro del total del presupuesto universitario. Ahora mismo todos están haciendo un esfuerzo ímprobo en los temas de transparencia y difusión de la información. Esto no ha formado parte de la cultura universitaria, pero creo que poco a poco se irá haciendo necesario”, razona Isabel Fernández.

 

"No está justificado que una institución se beneficie usar el nombre de la Complutense por 1.500 euros". Isabel Fernández

 

La suma ‘favorita’ en cuanto a aportaciones mínimas se refiere es 30.000 euros anuales. A este carro se han subido: las Politécnicas de Valencia y Madrid, Pompeu Fabra  -que en su momento pidió 90.000-, la Universidad de Santiago de Compostela y la Complutense de Madrid. “Esto se estableció en el reglamento de 2015, entiendo que el interés general de ciertos temas puede llevarnos a tener una cátedra que sea incluso financiada totalmente por la propia universidad. Pero en modo alguno está justificado que una institución pública o privada se beneficie de usar el nombre de la Complutense por un importe de 1.500 euros”, argumenta Isabel Fernández.

 

Así, en su cartera de cátedras conviven ahora mismo los 51.700 euros anuales que pone la Asociación de Cerveceros de España en la de bebidas fermentadas y los  4.500 aportados por Deloitte para innovación y tendencias en consumo y distribución. "Las que están por debajo de 30.000 euros son las antiguas. Lo que estamos haciendo es dejar que lleguen a su vencimiento", explica Fernández.

 

En general, las ingenierías de todo tipo son las disciplinas que más empresas seducen, seguidas de cerca por la investigación en Farmacia y Medicina. "Ahora estoy intentando buscar financiación para Geografía e Historia, Literatura... En general, es más difícil encontrar en los ámbitos de la Cultura. Las editoriales no están atravesando su mejor momento, las instituciones públicas tampoco... El mundo al que puedes acudir para esto se va limitando", añade la vicerrectora de la Complutense.

 

Las recompensas

 

Pero, ¿qué se llevan a cambio Cemex, Santander, Telefónica, Glaxosmithkline, Bancaja, Axa, Indra, Iberdrola, Repsol o Inditex? Reconocimiento público, captación de talento, difusión y, según expone la normativa de la Complutense, “una fuente de exenciones y bonificaciones no desdeñable para sus cuentas de resultados”. La universidad, por su parte, obtiene algo más que la aportación económica: 
"Nos aportan incorporación de talento procedente de otros sectores productivos a la actividad universitaria y abren la posibilidad de programar actividades docentes y de investigación en colaboración con empresas e instituciones, como es el caso de los doctorados industriales", explica Lucas Santos, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

 

Además, puede caer alguna que otra patente. La mayoría de las universidades deciden quién se la lleva al calor de las negociaciones previas a la firma del convenio o, en su defecto, asignan la titularidad a la entidad que haya generado los rendimientos: “En caso de que los resultados sean en co-propiedad las partes decidirán la entidad responsable de su registro y las condiciones de explotación”, recoge la normativa de la Politécnica de Madrid. En la Complutense van algunos pasos más allá: al menos el 10% de los beneficios generados en cualquiera de estos convenios irá siempre a la universidad.

 

Para que surja la primera chispa de estas relaciones, se necesita, según Lucas Santos, que las empresas en cuestión "aporten prestigio a la universidad, que exista una relación previa con la ellas y la posibilidad de mecenazgo y el compromiso con la transferencia de conocimiento mutua entre la universidad y el resto de la sociedad". A esto añade Isabel Fernández una pizca de ética y estética: "No sólo hay que ser bueno, también hay que parecerlo. Si ahora me llega alguien que está en los periódicos por cualquier causa dudosa, seré la primera en rechazarlo".

Foto. Europa Press

http://www.bez.es/367484319/catedras-empresa-simbiosis-huevos-oro.html

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