Los neuromitos pueden lastrar la enseñanza: Falsas ideas sobre el cerebro se cuelan en las aulas

 

- Muchos neuromitos están ampliamente extendidos entre los profesores, que tratan de aplicarlos en sus clases

- Mientras que consultar las revistas científicas reduce estas falsas creencias, leer revistas de divulgación educativa las aumenta

- La principal consecuencia de estas falsas creencias es una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero en el ámbito educativo

 

 

El término “neuromito” ya fue empleado hace 15 años dentro del proyecto Cerebro y Aprendizaje de la OCDE para referirse a las ideas erróneas que circulan entre la población sobre cómo funciona el cerebro.

 

Lejos de desaparecer, con el paso del tiempo parecen estar cada vez más en boga. Entre las creencias más difundidas destacan que solo usamos un 10% de nuestro cerebro y que escuchar música de Mozart hace más inteligentes a los bebés, afirmaciones que son falsas o que no tienen evidencia científica suficiente, pero gozan de gran popularidad.

Estudios realizados en varios países demuestran que muchos neuromitos están ampliamente extendidos entre los profesores, que tratan de aplicarlos en sus clases. Un trabajo publicado en la revista científica Frontiers in Human Neuroscience demuestra ahora que en España sucede lo mismo.

Muchos neuromitos están ampliamente extendidos entre los profesores, que tratan de aplicarlos en sus clases

“Estas ideas erróneas han conducido a la aparición de programas y productos educativos que carecen de evidencias sólidas”, afirma en declaraciones a bez.es Marta Ferrero, autora del estudio y profesora de la Universidad de Deusto. “En España el profesorado en general cree en un elevado número de mitos, al igual que en el resto de los países analizados”, como Reino Unido, China, Grecia y varios de América Latina. Además, son muy similares en todos los continentes.

En el estudio español destacan, por este orden: que “los ambientes ricos en estímulos mejoran el cerebro de los niños y niñas preescolares”, que “las personas aprenden mejor cuando reciben la información en su estilo de aprendizaje preferido, por ejemplo, auditivo o visual”, y que “los ejercicios que promueven la coordinación de las habilidades perceptivo-motoras pueden mejorar las destrezas en lecto-escritura”.

Algunas vías de difusión de los neuromitos son los libros, blogs, webs y cursos relacionados con la neurociencia y la enseñanza

Sin embargo, también hay diferencias. En países como Perú y Turquía están ampliamente difundidas las ideas de que “hay períodos críticos en la infancia después de los cuales ciertas cosas ya no pueden ser aprendidas” y que “los suplementos de ácidos grasos (omega 3 y 6) tienen un efecto positivo en el rendimiento académico”. Por el contrario, en China apenas se tienen en cuenta.

En España, los resultados están basados en una encuesta realizada a 284 profesores de todos los niveles educativos no universitarios en 15 comunidades autónomas. La difusión de estas creencias alcanza por igual a todos los perfiles, con una sola diferencia significativa: el sexo. “Las mujeres mostraron una creencia más alta en neuromitos que los hombres”, afirma Marta Ferrero.

Hay algunos factores que parecen determinantes. Mientras que consultar directamente las revistas científicas reduce estas falsas creencias, leer revistas de divulgación educativa las aumenta. Otras vías de difusión de los neuromitos son los libros, blogs, webs y cursos relacionados con la neurociencia y la enseñanza.

El entusiasmo por aplicar la neurociencia

De entre las posibles explicaciones sobre este fenómeno, “destacaría el entusiasmo que muestra el profesorado hacia la neurociencia aplicada a la educación como una forma de mejorar la actividad docente a pesar de que los expertos en esta materia advierten de que aún es muy pronto para aplicar directamente los avances en las aulas”, comenta la investigadora.

En su opinión, esto viene aderezado por una oferta enorme de cursos, talleres o productos educativos supuestamente basados en el cerebro pero que, a menudo, no están dirigidos por especialistas en la materia. “Otra causa puede ser la falta de formación que tiene el profesorado sobre el cerebro en general y sobre el método científico en particular. Esto dificulta en gran medida que los docentes puedan diferenciar las ideas y métodos pseudocientíficos de los que no lo son”, afirma. Y, en tercer lugar, la falta de colaboración entre expertos en neurociencia y docentes “está facilitando que se produzcan malos entendidos y simplificaciones excesivas sobre el cerebro y su funcionamiento”.

Los niños pagan las consecuencias

La principal consecuencia es una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero en el ámbito educativo. Los más afectados por “esta torpeza”, señala Marta Ferrero, “son los niños más desaventajados, aquellos con dificultades de aprendizaje que únicamente mejorarán sus resultados si se utilizan las metodologías que han demostrado ser más eficaces desde la investigación”.

Para superar esta situación ofrece dos recetas. La primera es incentivar la colaboración entre investigadores y docentes, de manera que se reduzca o elimine la brecha que existe entre ambos, que fomenta la aparición de las ideas erróneas.

La formación del profesorado es clave

La segunda es mejorar la formación del profesorado tanto en el funcionamiento del cerebro como en el método científico: “Deben saber en qué pistas fijarse para determinar si una intervención o producto educativo alberga pruebas suficientes sobre su eficacia”. En este afán, los expertos proponen regular el  tipo de materiales y de cursos de formación que se ofrecen en los centros educativos para garantizar que el profesorado recibe información basada en la mejor evidencia disponible.

 

Foto. La principal consecuencia es una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero en el ámbito educativo. Pixabay

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