Investigador, no becario: Situación laboral de los investigadores en España

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Para muchos la imagen mental del investigador joven es la de un becario esclavizado con unas condiciones de trabajo pésimas

Los que cobramos del Estado un sueldo por hacer nuestro trabajo no somos becarios, sino profesionales y trabajadores de pleno derecho

La profesión de investigador se basa en un sistema de maestro-aprendiz en que el director de la tesis debe guiar al investigador en formación

La ciencia remunerada se hace como norma general a base de contratos que cotizan a la Seguridad Social

 

La ciencia remunerada se hace como norma general a base de contratos que cotizan a la Seguridad Social

Yo siempre había pensado, aunque quizás sea naíf, que la profesión de investigador era ampliamente respetada en Españay que se valoraba nuestro trabajo como uno de los pilares sobre los que se debía sustentar el desarrollo futuro de nuestra sociedad.

 

Sin embargo, desde que me reincorporé hace unos meses al sistema académico en España, tras varios años en el extranjero, he vivido en primera persona y observado varias situaciones que han hecho saltar mis alarmas y que me han llevado a sospechar que la profesión de investigador, sobre todo si eres joven y no tienes un trabajo estable, no se respeta tanto como yo pensaba. Quizá esto no sea algo consciente, pues muy posiblemente la mayor parte de la población ni siquiera sepa en qué consiste exactamente eso de ser investigador. Mucho menos lo que significa ser un joven investigador en el siglo XXI en España.   

 

Por ejemplo, en situaciones de confianza con personas que conozco de toda la vida, me he dado cuenta de cómo para muchos la imagen mental del investigador joven es la de un becario esclavizado con unas condiciones de trabajo pésimas bajo el yugo del cacique de turno. Y, por supuesto, no sirve de nada explicar que tu situación no se ajusta a esa imagen, pues ellos insisten: “pero, al menos te tendrán puteado, ¿no?”.

 

Incluso hay investigadores (muchos) que te siguen preguntando que “qué tipo de beca tienes”, incluso tras varios contratos en toda regla como investigador en diferentes instituciones y ya con una cierta experiencia sobre tus espaldas; o colegas que siguen refiriéndose a un investigador joven como becario, ya sea en tiempo presente o pasado. Con todo el peso que la palabra “becario” tiene en nuestra sociedad. ¿Sorprendido de que esto sea un problema? Entonces, por favor, te pido que sigas leyendo hasta el final.

 

La ciencia remunerada se hace como norma general a base de contratos que cotizan a la Seguridad Social, independientemente de la etapa de la carrera científica en la uno se encuentre

 

Dada la confusión que parece rodear a la figura de investigador joven en España, he creído importante explicar cómo funciona el sistema académico español, tanto dentro como fuera de las universidades, cómo se puede acceder a él y los tipos de contratos más comunes que existen. A ver si de una vez por todas queda claro que, en la actualidad en España, y tras muchos años de lucha de gente muy comprometida, la ciencia remunerada se hace como norma general a base de contratos que cotizan a la Seguridad Social, independientemente de la etapa de la carrera científica en la uno se encuentre. Y que, por tanto, los que cobramos del Estado un sueldo por hacer nuestro trabajo no somos becarios, sino profesionales y trabajadores de pleno derecho. Aunque, por supuesto, eso no significa que la precariedad y la falta de planificación sigan siendo clamorosas.

 

Antes de nada, para poder iniciarse en la carrera investigadora se requiere de un título de grado (antiguamente licenciatura) y de un máster (antiguamente cursos de doctorado). La obtención del máster da la posibilidad de acceder a un programa de doctorado, que necesariamente tiene que estar vinculado a una universidad, y que culmina con la obtención del título de doctor. Una tesis doctoral se puede realizar en una institución distinta a la universidad (por ejemplo, un instituto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC), pero el título lo otorga siempre la universidad a la que uno esté vinculado.

 

Como ya he dicho, hacer el doctorado es una actividad profesional, por lo que lo lógico es que uno quiera cobrar. Generalmente la persona que decide que quiere realizar una tesis doctoral contacta con un investigador o investigadora y trata de conseguir un contrato predoctoral a través de convocatorias competitivas como las que publica cada año el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (por ejemplo, contratos de Formación de Profesorado Universitario, FPU). También hay investigadores que, tras haber conseguido financiación de forma competitiva para la realización de un proyecto, ofrecen contratos, también a través de convocatoria pública, para la realización de una tesis doctoral (por ejemplo, contratos de Formación de Personal Investigador, FPI). Otra alternativa son los programas propios de cada universidad. Una cuarta vía de financiación son las fundaciones privadas o de cajas de ahorros. Cualquier otra opción que no implique tener un contrato regularizado para la realización esta actividad profesional debería ser descartada o evaluada de forma muy cuidadosa.

 

Los contratos posdoctorales son muy baratos en relación a la cualificación profesional del trabajador, de ahí que hayan proliferado tanto

 

La profesión de investigador se basa en un sistema de maestro-aprendiz en que el director de la tesis debe guiar al “investigador en formación”, que es el nombre correcto con el que uno se debe referir a una persona en dicha circunstancia, hacia la consecución del título de doctor, que certifica al interesado como investigador. Una persona que acabe de obtener el título de doctor puede optar por varias salidas profesionales. La primera es reorientar su carrera laboral hacia la empresa privada. La otra es continuar por la vía académica, para lo cual el investigador tratará de conseguir un contrato asociado a algún proyecto o de nuevo obtener financiación por la vía competitiva (por ejemplo, las convocatorias Marie Skłodowska-Curie, financiadas con fondos europeos o los contratos Juan de la Cierva de Formación e Incorporación del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad). En España se recomienda que al menos uno de estos contratos posdoctorales se realice en el extranjero.

 

Los contratos posdoctorales son muy baratos en relación a la cualificación profesional del trabajador, de ahí que hayan proliferado tanto, mientras que el número de plazas que sale a concurso público es mínimo. Esto implica que mucha gente se encuentre, con el transcurrir de los años, en un callejón sin salida, pues la siguiente fase en la carrera científica es la estabilización en una universidad como profesor contratado doctor o en un instituto de investigación como científico titular.

 

Uno de los puentes naturales entre un contrato postdoctoral y una plaza fija en España son los contratos Ramón y Cajal, que duran cinco años, pues la institución para la que el investigador trabaja adquiere, en principio, el compromiso tácito de estabilizarle a través de la creación de una plaza con un perfil similar al del investigador que saldrá a concurso público. Sin embargo, esto no se ha cumplido siempre, sobre todo en el CSIC. Además, el número de contratos que se convoca cada año se ha ido reduciendo de forma paulatina desde la creación de este programa en 2001 y actualmente son solo unos pocos elegidos los que acceden a él, con la consiguiente frustración generalizada en el sector. Como ya he dicho, contratados y con derechos, sí, aunque todavía precarios.           

 

Pese al panorama actual de la ciencia en España, animo a todos los jóvenes con vocación de contribuir a su país a través de la generación de conocimiento y la innovación que no se dejen intimidar por muchos de los mitos y falsos prejuicios que, tristemente, rodean a nuestra profesión y que luchen por aquello en lo que creen. Nuestro futuro depende de nosotros mismos, sí, pero también, en gran medida, de aquellos que vienen por detrás. Y a todos, científicos y no científicos, jóvenes y no tan jóvenes, os pido que la próxima vez que os encontréis con un joven investigador, nos hagas un pequeño favor y nos des el reconocimiento que nos merecemos. Desde aquí, propongo desterrar de una vez por todas el uso, tan peyorativo en España, de la palabra becario de nuestro vocabulario y que empecemos todos a llamar a las cosas por su nombre: "Investigador en Formación” para doctorandos e “Investigador Contratado” para post-docs.

 

Al fin y al cabo, son solo unas palabritas ¡No puede ser tan difícil!

 

Raúl Ochoa, Investigador del Departamento de Ecología de la UAM

Foto. Pixabay

http://www.bez.es/714752756/Investigador-becario.html

http://asturbulla.org/index.php/temas/ciencia-tecnologia/32466-investigador-no-becario-situacion-laboral-de-los-investigadores-en-espana