De Terminator a "Exterminator"

Terminator formaba parte de la primera generación de cultivos transgénicos, que consistía en alterar los cultivos para que fueran resistentes a las plagas o a los herbicidas

 mosquito

 

Han pasado veinte años desde que el Grupo ETC reveló una patente estadounidense sobre lo que se conoció como “tecnología Terminator” – semillas genéticamente modificadas para impedir que los agricultores pudieran reproducirlas a partir de las cosechas.  La sociedad civil y los movimientos campesinos denunciaron que tales ‘semillas suicidas’ amenazarían las prácticas de intercambio y salvaguarda de semillas que son tan antiguas como la misma agricultura.

 

La historia de Terminator se convirtió en un icono en la batalla mundial en torno a los organismos genéticamente modificados (OGM).  Interesados únicamente en proteger sus ganancias, sus desarrolladores no evaluaron los posibles impactos sociales, económicos y ambientales de la esterilidad diseñada.  Luego de protestas generalizadas desde la sociedad civil y también desde organismos de las Naciones Unidas, la tecnología Terminator fue sometida a una moratoria mundial en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de la ONU, en el año 2000.

 

Terminator formaba parte de la primera generación de cultivos transgénicos, que consistía en alterar los cultivos para que fueran resistentes a las plagas (como el gusano del algodón) o a los herbicidas (como el Roundup de Bayer-Monsanto).  Los cultivos transgénicos se toparon con problemas cuando muchos consumidores se negaron a comprar alimentos derivados de transgénicos y los agricultores encontraron que los beneficios prometidos –si los hubo– se materializaron únicamente en el corto plazo.

 

Conscientes de que sus intentos por lograr la aceptación pública habían empezado mal, las empresas de biotecnología como Syngenta (ahora parte de ChemChina), propusieron una segunda generación de cultivos transgénicos que tendría beneficios claramente definidos.  Para ello, enfocaron su campaña de relaciones públicas en una variedad de arroz modificada con ingeniería genética para biosintetizar un precursor de la vitamina A.  Le llamaron “arroz dorado”.  Sin embargo, este arroz dorado no resultó ser la solución mágica que sus promotores afirmaban.  En 2008, el experto en malnutrición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Francesco Branca, citó la falta de estudios en el mundo real y la incertidumbre sobre cuántas personas utilizarían el arroz dorado, y concluyó que “repartir suplementos, fortificar los alimentos existentes con vitamina A y promover el cultivo de zanahorias o ciertas hortalizas de hoja verde son, por ahora, formas más prometedoras de luchar contra el problema”.

 

Ahora, los biotecnólogos tienen una nueva tecnología descendiente de Terminator, que podría tener consecuencias aún más graves.  Se trata de los “organismos (con) impulsores genéticos” conocidos en inglés como gene drive organisms, o GDOs.  Si bien Terminator permitía a las compañías esterilizar sus propias semillas patentadas, los organismos impulsores genéticos van más allá, esparciendo activa e invasivamente los transgenes en el medio silvestre.  Los impulsores genéticos representan una amenaza mucho más peligrosa para los derechos de los agricultores y los pueblos, la seguridad alimentaria y el medio ambiente de lo que fue Terminator.

 

Impulsores del exterminio

 

Hasta ahora, los impulsores genéticos parecen funcionar sólo en entornos de laboratorio, aunque están diseñados para ser invasivos y persistentes en los ecosistemas naturales.  Su diseño genético los habilita para apoderarse de una especie y potencialmente eliminar a la población completa.  Deberíamos llamarlos impulsores del exterminio.  Desde su primera aparición en 2014, los GDOs se han convertido en el rostro publicitario para que la industria biotecnológica se relance como socialmente útil.  Se han convertido en un vehículo de inversión cada vez más importante en un momento en que los mercados de productos libres de transgénicos están en auge y proliferan las demandas legales de consumidores contra las versiones anteriores de cultivos transgénicos.  Mientras que los promotores de transgénicos utilizaron el arroz dorado para reivindicar autoridad moral, los entusiastas de los gene drives afirman que éstos podrían erradicar a un asesino mundial aún más grande: la malaria.  Un proyecto llamado Target Malaria, dirigido por el Imperial College de Londres, en el Reino Unido, está destinando 100 millones de dólares a la investigación de impulsores genéticos.  El proyecto incluye una liberación de mosquitos transgénicos, entre 2018 y primeros meses de 2019, a la que seguirá la liberación de mosquitos con impulsores genéticos en aldeas de África Occidental, bajo la promesa de que la tecnología pronto eliminará una de las enfermedades infecciosas más mortales del planeta.

 

Los llamados a combatir la malaria con impulsores genéticos a menudo ignoran el tipo de técnicas bien comprobadas que han erradicado la enfermedad en muchos países; los casos más recientes son los de Paraguay y Sri Lanka.  Los GDOs de Target Malaria se promueven como una de las “herramientas vitales” contra la enfermedad, cuando en realidad se trata de una apuesta de alto riesgo para la ecología de los sistemas alimentarios y la biodiversidad de todo el planeta.

 

Mientras que los transgénicos de primera generación diseminan genes modificados por accidente, los impulsores genéticos son desarrollados para hacer su propia ingeniería entre poblaciones silvestres en el mundo real.  Su propagación deliberada es parte de su “programación” genética.  Los científicos detrás de los GDOs apenas han empezado a preguntarse qué pasaría si los genes no se comportan como sus modelos mendelianos pretenden.  ¿Qué pasaría, por ejemplo, si los genes para la esterilidad femenina, que han demostrado poder eliminar las poblaciones de mosquitos en el laboratorio, se transfieran a especies que polinizan nuestros cultivos o que son fuente de alimento para aves, reptiles, e incluso para seres humanos?  ¿Qué pasaría si los genes benéficos en una especie fueran anulados, o si la alteración genética aumentara la prevalencia o alterara los patrones de las enfermedades?

 

Ocultamiento de sus aplicaciones en agricultura

 

Las subvenciones multimillonarias para el desarrollo de impulsores genéticos por parte de la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación del Instituto Nacional de Salud, el Open Philanthropy Institute, el Wellcome Trust y la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos, (DARPA), incluyen cuantiosos fondos para ensayar mensajes públicos, ejercicios de participación de la población y actividades de lobby y comunicaciones.  Una de estas iniciativas, la Gene Drive Outreach Network (red de divulgación de impulsores genéticos), curiosamente omite mencionar en sus fichas técnicas cualquier propuesta de uso agrícola de los impulsores genéticos, centrándose únicamente en los usos para la “salud mundial” y la “conservación”.

 

Esta omisión de los usos agrícolas en la promoción de los GDO no es accidental.  Se ajusta exactamente a las prioridades expresadas por los pioneros de los impulsores genéticos, como Kevin Esvelt, del Instituto Tecnológico de Masachussetts, titular de una de las dos patentes fundacionales clave en la materia.  Más de la cuarta parte de su patente de 38 páginas se dedica a describir las aplicaciones agrícolas de esta tecnología.  Sin embargo, en una conversación en 2016 con uno de los autores de este artículo (Jim Thomas), Esvelt comentó que las aplicaciones agrícolas vendrán después de las aplicaciones de salud pública y conservación, simplemente porque los beneficios no son tan claros para los ciudadanos comunes.  También mencionó que sería mala idea hablar públicamente sobre los usos agrícolas enumerados en su patente, como la reversión en malezas de la resistencia a los herbicidas, porque eso sólo beneficiaría a Monsanto (ahora Bayer).

 

Si bien los desarrolladores de GDO pueden estar aconsejándose entre ellos, y al agronegocio, de mantener un perfil bajo respecto a los impulsores genéticos, esto no quiere decir que el agronegocio no esté participando activamente en el tema.  Comunicaciones internas obtenidas por organizaciones de la sociedad civil a través de las leyes de acceso a la información en Estados Unidos muestran que en 2017 los funcionarios de la antigua Monsanto estuvieron en estrecho contacto con científicos militares para un estudio clasificado sobre impulsores genéticos.  Las grandes empresas de agronegocios, incluyendo a Syngenta (ahora propiedad de ChemChina) y Dow Agroscience (ahora Corteva), también han estado estrechamente involucradas en las discusiones sobre las políticas para impulsores genéticos en Estados Unidos.

 

Impulsores globales a la fuerza

 

Vender impulsores genéticos para liberarlos localmente, como un “servicio agrícola”,  puede parecer el mejor negocio, pero sus desarrolladores también le ven mucho futuro a globalizar la tecnología con los “impulsores sensibilizadores”, aquellos que están diseñados para liberarse entre especies de malezas o para volverlas susceptibles a un compuesto químico en particular, como un herbicida o un plaguicida.  Esvelt y otros han propuesto, por ejemplo, que mediante impulsores genéticos sensibilizadores se podría devolver al Amaranthus palmeri (quintonil o bledo) la vulnerabilidad al Roundup de Monsanto (glifosato) o a otra sustancia química patentada.  Este enfoque permitiría al fabricante del compuesto (en este caso Bayer) vender su sustancia como perfectamente adaptada a la especie de maleza silvestre, donde sea que crezca.  Mientras que Monsanto preparaba sus semillas como Roundup-Ready (es decir, resistentes al glifosato) para aumentar las ventas de glifosato, ahora sería la propia maleza la que se vuelve ready (‘lista’) para marchitarse en reacción al Roundup.  Pero si las malezas no se extinguen totalmente, pueden evolucionar para volver a ser resistentes al herbicida de interés.  En tal situación, el impulsor genético es sólo una solución temporal y tendría que aplicarse repetidamente.

 

Desafíos para quienes elaboran las políticas

 

Quienes están desarrollando impulsores genéticos afirman que en el futuro habrá formas seguras de contener los gene drives, pero estas afirmaciones y suposiciones hipotéticas necesitan examinarse rigurosamente y someterse a pruebas.  Deben acordarse internacionalmente estrictas reglas de manejo y confinamiento y deben ponerse en práctica para que incluso puedan continuar las investigaciones en curso en laboratorio.  Actualmente pareciera que es posible desarrollar nuevos impulsores genéticos sin que los científicos se sujeten a regulaciones específicas de bioseguridad.

 

En algunas jurisdicciones, como en Brasil, ni siquiera se prevé que la investigación sobre gene drives se haga bajo las débiles normas de bioseguridad que supuestamente regulan el desarrollo y uso de los transgénicos.

 

Las tecnologías que se originan en el laboratorio, como los transgénicos y ahora los impulsores genéticos, ignoran injusticias profundamente arraigadas y desequilibrios de poder que requieren respuestas políticas y un escrutinio democrático, en lugar de rápidas soluciones técnicas.  Tanto a nivel nacional como internacional, las cuestiones relativas a la evaluación de la tecnología y el consentimiento de la sociedad han empezado a abordarse formalmente porque organizaciones de base y otras organizaciones de la sociedad civil están ejerciendo presión.

 

En la reciente reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidd Biológica (CBD) en Egipto (noviembre de 2018), se reconocieron los graves riesgos e incertidumbres en torno a la tecnología de impulsores genéticos.  La reunión hizo un llamamiento a los gobiernos para que sólo consideren la introducción en el medio ambiente de organismos con impulsores genéticos para la investigación experimental, cuando se hayan llevado a cabo “evaluaciones del riesgo con fundamentos científicos sólidos y caso por caso”; cuando “existan medidas de gestión del riesgo para evitar o minimizar los posibles efectos adversos”, y cuando “se busque u obtenga el consentimiento libre, previo y fundamentado” de “pueblos indígenas y comunidades locales que puedan resultar afectados”.

 

El resultado de estas negociaciones sitúa el consentimiento en el centro de cualquier camino hacia la liberación potencial de organismos impulsores genéticos, lo que vuelve a poner en cuestión la idoneidad de los procesos de Target Malaria para obtener el consentimiento en las aldeas de Burkina Faso, donde está previsto que pronto liberen mosquitos masculinos estériles transgénicos como paso preliminar hacia la liberación mosquitos con impulsores genéticos.  Target Malaria sostiene que “no es logísticamente posible obtener el consentimiento de todas y cada una de las personas afectadas” cuando se trata de mosquitos transgénicos.  Sin embargo, cuando se trata de una tecnología tan controvertida, con efectos ecológicos potencialmente graves y consecuencias aún desconocidas para la salud, el consentimiento no puede limitarse a un puñado de residentes.

 

Hoy, es en Burkina Faso donde se está forzando la aplicación de impulsores genéticos.  Sin embargo, las decisiones tomadas en este Estado africano en relación con esta tecnología de exterminio podrían sentar un precedente internacional.  Las propuestas para liberar organismos genéticamente modificados en los territorios indígenas de Nueva Zelanda, Australia y Hawái están programadas para los próximos meses.  El mundo debe preguntarse qué tan genuino es el esfuerzo de quienes buscan liberar esta tecnología para conseguir el consentimiento libre, previo e informado y qué derechos tendrán las personas y comunidades para decir sí o no.

 

(Traducción ALAI y ETC Group)

Neth Daño, Jim Thomas y Tom Wakeford, Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC).

Enserink, Martin.  “Tough Lessons From Golden Rice.” Science 320, no.  5875 (25 de abril 2008): 468–71.

Un taller realizado en febrero de 2016 para desarrollar una hoja de ruta sobre la investigación en impulsores genéticos incluyó al líder en política internacional de Syngenta, Tichafa Munyikwa.  En otra ocasión las discusiones incluyeron a Steven Evans de Dow Agrosciences.

https://www.alainet.org/es/articulo/200968
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