El dinero vuelve a abonar el campo

- En Asturias y Aragón, el precio de las fincas de uso agrario se ha incrementado en torno al 30%

- Invertir para cultivar y cosechar ha ganado un atractivo que ya no tiene invertir para construir y vende

- Hay muchos terrenos rústicos que se calificaron como urbanizables y nunca se desarrollaron

Los precios del suelo agrícola llevan dos años al alza

Los precios del suelo agrícola llevan dos años al alza

"Invertir en rústico es muy seguro", sentencia Gonzalo Brezmes, ingeniero agrónomo. Esta es, según él, la causa fundamental de que los suelos de uso agrario general en España hayan registrado dos años seguidos al alza por primera vez desde 2007. La última vez que el huerto español conquistó estas marcas, se encontraba en los peldaños de la escalera previa al estallido de la burbuja. Justo después, los precios cayeron por el tobogán de la crisis.

De las explotaciones agrarias no se pueden esperar rentabilidades desorbitadas. "Tal vez alcancen el 1% o el 2% anual", precisa Brezmes. Sin embargo, tampoco se pueden esperar pinchazos como el del ladrillo -"a menos que venga el cambio climático": mientras haya terreno, habrá producción. En este contexto, invertir para cultivar y cosechar ha ganado un atractivo que ya no tiene hacerlo para construir y vender. "Quien adquiere fincas rústicas busca una seguridad necesaria en momentos de crisis, para luego poder invertir en otros ámbitos de mayor rentabilidad. Por eso se nota que hay demanda", razona.

Esta demanda, explica Brezmes, sigue en líneas generales concentrada en el ámbito local de las fincas rústicas: compradores que ya tienen explotaciones en la zona, amplían su propiedad con la adquisición de nuevas parcelas. Sin embargo, han llegado nuevos actores al escenario agrícola. "Antes todo el mundo invertía en edificios o en terrenos urbanos. Ahora existen fondos de inversión especializados en temas agrícolas y medioambientales, e incluso en derechos de agua", asegura.

Sin embargo, la tendencia al alza que revela el precio medio general del suelo agrario en España -recogido en la Encuesta de Precios de la Tierra, que elabora el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medioambiente- no es extensiva a todas las comunidades autónomas y tampoco se da en todos los tipos de cultivo. En el conjunto del Estado, destaca la variación experimentada por Asturias y Aragón, donde el precio por hectárea de las fincas rústicas se ha incrementado en porcentajes cercanos al 30%. "Allí donde los precios eran bajos ha habido más subida que en las zonas donde ya estaban en valores altos. La demanda va hacia esos sitios", aclara Brezmes. 

Variación del precio del suelo de uso agrícola por comunidades autónomas

En el lado opuesto de Asturias, Aragón y las otras nueve comunidades autónomas que marcan variaciones positivas desde 2013 y liderando el grupo de las seis que ha seguido con la tendencia de los años anteriores, sobresale Cantabria, que ha visto un descenso del 19% en el precio de sus suelos de uso agrario. "Puede deberse a la especulación. En la época de bonanza y de burbuja inmobiliaria en lo urbano, se pagaba un precio desproporcionado también por lo rústico, con la expectativa de que las tierras en cuestión pasaran a ser urbanizables. Pero ese aumento del precio era circunstancial, no estaba ligado al rendimiento agrícola de las tierras", razona Brezmes.

Ahora la rentabilidad del cultivo marca el ritmo. Y la expectativa de esta determina el atractivo de unos u otros modelos de cultivo. "Es mejor tener una hectárea de regadío que tres de secano. Y ambas parcelas pueden valer lo mismo, pero la primera es más productiva que las otras tres", explica el ingeniero. Sin embargo, el secano no ha muerto. De hecho, también marca variaciones positivas en los precios para diez comunidades, si bien no en las cotas que alcanzan las tierras de labor de regadío. "El valor del agua es un factor muy limitante", puntualiza.

¿Invasión extranjera?

Los empresarios chinos que vienen a España en busca de olivares no son un mito, pero tampoco van mucho más allá de la anécdota, según Brezmes. La decisión dejar de importar aceite y vino para invertir en olivares y bodegas es un modelo que se puede detectar en diferentes regiones. "Pero no dejan de ser casos puntuales, el mercado de fincas rústicas sigue siendo muy local: agricultores y empresarios fuertes de la agricultura", insiste Brezmes.

Por otra parte, la especulación ya no pinta nada en lo que a suelos rústicos se refiere. "Es más, hay muchos terrenos rústicos que se calificaron como urbanizables y nunca se desarrollaron. Siguen en situación rural", añade el ingeniero. En muchos casos, explica, los propietarios se encuentran deseando que sus propiedades regresen a la condición rústica para no pagar el IBI del suelo urbano, que es mucho más elevado. Entretanto, las perspectivas de que estos terrenos culminen la transformación que iniciaron en tiempos de bonanza siguen siendo remotas. "En general, se siguen utilizando para explotaciones agrícolas. La única inversión que se hizo en ellos fue un poco de tinta para cambiar los planos del ayuntamiento", señala.

Foto. Pixabay

http://www.bez.es/484661944/dinero-vuelve-abonar-campo.html

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