Agroecología y Municipalismo: diagnóstico y tendencia

 
 
La agenda alimentaria es clave en el cambio de modelo productivo
En el sistema alimentario, los insumos agrarios, transporte, cadenas de frío, procesos industriales, los residuos orgánicos generados en la cadena de vida de un alimento suponen el 50% de las emisiones del Planeta y el 30% del consumo de energía

En el ejecutivo y en el parlamento se está trabajando una Ley de Cambio Climático de muy incierto resultado. Incierto el contenido que finalmente pueda ser asimilado y aprobado por los partidos mayoritarios, pero incierto también porque en España la legislación es, con endémica frecuencia, una carta a los reyes magos que una parte de la sociedad sacraliza como logro, y cuya aplicación general y dotación real será siempre entorpecida por los otros.
Respecto al reto del Cambio Climatico hay sin embargo varios frentes de esperanza: En la Francia liberal de Macron ya se ha creado un Ministerio de Transición encargado de cuestiones de energía y cambio climático, con una Ley y una precisa agenda desde hace ya una década. Este incrementa la posibilidad de que algún momento proximo podamos implementarlo en España, tanto en las estructuras de ejecutivo estatal como autonómico.
Pero sin duda la mayor esperanza no esta en el parlamento propio o en el Estado vecino, al que somos a imagen y mala semejanza, si no en lo pequeño y lo más propio, desde los municipios, con proyectos piloto y estrategias realistas y bien definidas de corto alcance y de larga mirada, incluso creando Concejalías de transición con rango de tenencia de alcaldía.
Esta tendencia está ampliamente refrendada por las naciones unidas que ya tienen asumido que los estados hablan y viajan mucho y hacen mal, poco y tarde. Por no desesperar de sus loables intenciones de sostenibilidad global, diferentes organismos de Naciones Unidas impulsan una miriada de plataformas de municipios que, de modo colaborativo, van asumiendo objetivos, balbuceando discursos y permeando por la difícil capilaridad ascendente; agendas 21, pacto de los alcaldes por el clima y la energía, redes de ciudades sostenibles, etc.
Pero la transición es un campo de una batalla que se conquista aun desde más abajo, desde las pequeñas asociaciones de base, desde las plazas en 2011, y por capilaridad ascendente a los ayuntamiento a partir de 2015. Aunque de modo lento y con frecuencia demasiado inconstante e incierto el mensaje sigue fluyendo hacia arriba.

Por otro lado la clave de la transición no es sólo energética, la agenda alimentaria es clave en el cambio de modelo productivo. El sistema alimentario, incluyendo los insumos agrarios, transportes, cadenas de fríos y otros procesos industriales, o la gestión de los residuos orgánicos que genera el conjunto de la cadena de vida de un alimento, suponen según GRAIN, casi el 50% del total de emisiones del Planeta, y cerca del 30% del consumo de energía.
Esta transición de modelo alimentario tiene un sinónimo más conocido y movilizador en la soberanía alimentaria, objetivo impulsado por via campesina y que en una década ha logrado penetrar en los movimientos sociales con más profundidad que las soberanías energética, financiera o monetaria. Pero ciertamente, muchos creemos y nos aplicamos porque la alimentación, es la más sencilla y cotidiana de las alternativas productivas que podemos afrontar.
Y desde el punto de vista institucional, el mayor margen y el mayor recorrido en materia de soberanía alimentaria se está haciendo desde el enfoque de la agroecología. Agroecologia es la producción y distribución local de alimentos, y local significa el poder y el querer de los municipios, la administración local y menor, insignificante y aminorada hasta extremos ofensivos por las estructuras del pesado y viejo Estado.
A pesar de que los Municipios tienen poco margen competencial, tienen sin embargo una gran capacidad de diseñar proyectos piloto y proyectos de alto valor sinérgico, esto es, que implementando una determinada línea de acción, sin grandes alcances objetivos o presupuestos, desde las competencias propias en diálogo con lo social, se pueda tener impacto y demostrar estrategias escalables. Por ejemplo la gestión de parques y jardines puede incluir huertos sociales o jardines comestibles y avanzar en materia de transición agrícola, y lo puede hacer en tanto o mayor medida, a medio y largo plazos, que las viciadas y viciosas ayudas de la PAC. Otra competencia propia es la gestión de residuos, el “gran marrón”, claramente reconocida en la Ley de Bases de Régimen Local y no tocada en la reforma Montoro, y refrendada en la Ley de Residuos 22/2011 como competencia municipal. En esta ámbito de los residuos un municipio puede impulsar recoger de modo selectivo los orgánicos y tratarlos en fincas de agricultores para producir compost para que alimente a la tierra que después nos alimenta, en rigurosa proximidad y en ciclos virtuosos de producción consumo y esumo. Respecto a las competencias de comercio y mercados es posible, con algunos ajustes menores, impulsar mercadillos de productores o marcar e incentivar las producciones de proximidad.

Son muchos los municipios, y de muy diferentes siglas en el gobierno, que han iniciado acciones creativas en materia de soberanía alimentaria, bajo lentes más liberales y asistencialistas, o más serenamente revolucionarias. La Red de Municipios Agroecológicos TERRA, en cuya creación participé desde 2010, es un buen ejemplo de avances locales, (bancos de tierras, escuelas de emprendimiento, avicompostaje) tal vez poco visibles, pero sin duda desde luego poco apoyadas por parte de las estructuras del estado (autonómico y general).

A esta marea del municipalismo rural agroecologico, se incorporan a partir de 2015 los grandes municipios gracias al impulso de la FAO y de diferentes ciudades del mundo como Toronto, Milán, Vancouver, Bristol o Paris, dando lugar al llamado Pacto de Milán en la cumbre de alimentación de 2015. Acuerdo y compromiso de aplicación local que han suscrito y en el que han empezado a diseñar estrategia alimentaria decenas de grandes ciudades en España. Estas estrategias, como casi todo lo que toca la administración, son lentas y flatulentas, pero mientras el sistema de gobierno no demuestro nuevas capacidades, o se produzcan tensiones y se agraven los síntomas de desgaste o de colapso, esta alianza municipal-social es la principal esperanza real que nos queda de procurar cambios; y es en cualquier caso es un modo, desde la pequeña acción local, de complementar las acciones que algunos sueñan, desde el legislativo, y a gran escala.

 

Franco Llobera Serra, Red Terrae Municipios Por La Agroecología

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