Filosofía y Política del Buen Vivir (VII)

 
 

A lo que se denomina "el colapso civilizatorio", digámoslo claramente, ya estamos en él, aunque sus consecuencias plenas no se nos muestren en toda su extensión

Viñeta: Dino

"Es difícil encontrar palabras para describir el hecho de que los humanos están enfrentando la pregunta más importante en su historia: si la vida humana organizada sobrevivirá como algo parecido a lo que conocemos, cuando la respuesta es acelerar la carrera hacia el desastre"

Noam Chomsky

 

Bien, llegados a este punto, donde hasta ahora hemos siquiera vislumbrado un cierto escenario de previsión de los terribles efectos del cambio climático, quizá sería un buen momento para anotar un par de aspectos. El primero tiene que ver con la situación contextual de lo que venimos denominando en el título como el "Buen Vivir", es decir, más o menos su justificación física, económica, política y social. El segundo aspecto que conviene exponer es una pequeña recopilación de algunos mitos, malentendidos, falsedades y dudas (llamémoslas "de principiante") que muchas personas podrían tener, entre tanta confusión acumulada, debido sobre todo a la ingente información (muchas veces desordenada, descontextualizada y errónea, a veces incluso contradictoria), para poner un poco en orden las ideas, y poder continuar por el camino de nuestra exposición con plenas garantías de comprensión. Bien, abordemos la primera idea: justificación del Buen Vivir. Se nos ofrece bastante simple: no hace falta ser un sesudo analista ni un inteligente científico para concluir que la continuación por las vías del desarrollismo industrial, del crecimiento económico y del uso de las energías fósiles (responsables del calentamiento global) sólo nos llevará al desastre, al precipicio, a lo que muchos autores denominan "el colapso civilizatorio". En realidad, digámoslo claramente, ya estamos en él, aunque sus consecuencias plenas no se nos muestren en toda su extensión. Así las cosas, se impone (y queremos decir SE IMPONE, no es una opcion) un cambio de paradigma en los modelos económicos, en las formas de vida, en los usos y costumbres, en las maneras de producir y de consumir, que se manifiesten de forma transversal tanto en el plano macroeconómico como en el microeconómico. Es decir, eso que estamos llamando el Buen Vivir es la salida de esta civilización industrial del desastre que está provocando, y bajo este nombre tan amable se esconde toda una revolución en lo personal y en lo colectivo en lo que atañe a los modelos de vida humanos sobre el planeta.

 

Pudiéramos pensar que esto es una clara exageración, propia de mentes calenturientas, poco reflexivas y un tanto alarmistas. No es cierto. La realidad es que la escasez de los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas...) nos obliga a realizar esta evolución en los modos de vida imperantes (que ya de por sí están colapsando), si es que pretendemos que la humanidad continúe su periplo sobre la Tierra. En caso contrario, en cuestión de varios años no sólo el modelo de civilización industrial que conocemos habrá colapsado (por insuficiencia de las propias materias primas para continuarlo), sino que los perversos efectos prolongados del caos climático sobre el planeta harán inviable nuestra vida en el mismo. No obstante, esto ha sido sólo una somera introducción a la justificación de un cambio en nuestros modos de vida, algo que trataremos mucho más a fondo durante toda esta serie de artículos. No se preocupen mis lectores y lectoras, pues daremos tantos razonamientos, argumentos, ejemplos y puntos de vista que las cosas quedarán (para quienes quieran entenderlas) absolutamente claras. Bien, vamos ahora a la segunda cuestión. Se trata, como ya habíamos advertido, de desmontar determinados mitos y malentendidos, y de ofrecer respuestas claras a algunas dudas que podamos aún albergar. Lo haremos basándonos en este estupendo artículo publicado en The Climate Reality Project, y traducido por Carlos Riba García para el digital Rebelion. De lo que se trata es de que los famosos "negacionistas climáticos" (aquéllos que opinan que dicho fenómeno no es más que un camelo difundido por ciertos estamentos de poder interesados en ello) no puedan abordarnos con sus torpes preguntas, y que tengamos una base argumental sólida sobre la que construir la necesidad de enfrentarnos a dicho fenómeno, y cambiar (si es que queremos sobrevivir) nuestros modos de vida. 

 

Bien, un primer argumento que pueden invocarnos es el relativo al hecho de que el calentamiento global no es tal, porque las estadísticas ofrecen datos de años calurosos de forma intermitente, no como una tendencia. Es falso. La gran variedad de datos disponibles desde 1880 muestra de forma concluyente que el planeta se está calentando. Y es esperable que esa tendencia se mantenga en tanto los seres humanos continuemos enviando dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. También nos pueden argumentar que ni siquiera los científicos se ponen de acuerdo, y que por tanto, no podemos fiarnos. Es falso. Más del 97% de los científicos a nivel mundial que estudian el clima están de acuerdo en que está cambiando, y además lo está haciendo debido a la actividad humana. Por tanto, no es un rumor, ni una teoría, ni una sospecha sesgada. Tampoco es una opinión de una corriente científica determinada. Es un hecho incontestable, aunque aún existan individuos absolutamente ignorantes que sigan defendiendo lo contrario. En el artículo de referencia lo explican en los siguientes términos: "En la comunidad científica hay un abrumador consenso de que está aconteciendo un calentamiento global debido a la acción del ser humano. Según un estudio reciente, el 99,99 por ciento de los autores de artículos científicos sobre el cambio climático revisados por sus pares escritos entre 2013 y 2014 están de acuerdo con esa hipótesis. Y las academias nacionales de ciencia más importantes del mundo coinciden en que el cambio climático de origen antropogénico está teniendo lugar y plantea una auténtica amenaza". Así de claro. No nos dejemos engañar por otros cantos de sirena. 

 

Abundando en ello, otro argumento falaz y tramposo es el que dice así: "Si esos científicos ni siquiera pueden predecir el tiempo que hará en varios días...¿cómo pueden saber qué temperaturas había hace 500 años o las que habrá dentro de 100 años?" Para empezar, los pronósticos meteorológicos "incorrectos" no nos dicen nada sobre la fiabilidad de las proyecciones climáticas. Y ello porque los pronosticadores del tiempo (meteorólogos) y los científicos climáticos miran el futuro desde miradas distintas. Y así, mientras a un meteorólogo puede interesarle por ejemplo conocer las probabilidades de que llueva dentro de tres días, a un científico del clima le interesa saber si dentro de 50 años cierto país o región será más húmeda o más cálida. Es cierto que los modelos meteorológicos y los modelos climáticos incluyen aspectos similares, pero utilizan datos distintos y para llegar a sus respectivas conclusiones operan de manera diferente. Los científicos del clima no pueden afirmar con total certeza en qué medida se calentará el planeta en los próximos 100 años (la Tierra posee algunos sistemas muy complejos, y cada año que pasa se sabe un poco más sobre su funcionamiento). Pero lo que sí pueden decir con certeza es que el mundo continuará calentándose, sobre todo si seguimos como hasta ahora quemando cada vez más combustibles fósiles para mantener nuestra civilización industrial. Otro argumento falaz donde los haya es el siguiente, también muy recurrente entre los negacionistas, o simplemente, entre los ignorantes: "Está bien, lo admitimos, puede ser que la Tierra se esté calentando, pero...¿cómo sabemos que la culpa es nuestra? ¿Somos realmente tan poderosos que podemos afectar de ese modo a la atmósfera? Tal vez se deba al Sol, a los volcanes, a algún ciclo natural...". Falso. Nada de eso. 

 

El fenómeno se llama exactamente "efecto invernadero". Y funciona de este modo tan simple: más dióxido de carbono retiene más calor en la atmósfera. Y resulta que desde el comienzo de nuestra civilización industrial hemos liberado a la atmósfera cada vez más dióxido de carbono y otros gases que vienen provocando este perverso "efecto invernadero". La responsabilidad y la culpa es nuestra. El capitalismo industrial es el único culpable de este fenómeno. Los científicos saben que el clima del planeta está cambiando ante todo por la polución de carbono producido por la quema de combustibles fósiles como el petróleo y la hulla. Es cierto no obstante que existen otros factores que también alteran el clima, entre ellos otros gases de efecto invernadero como el metano. La variación solar, los volcanes y las nubes también afectan al clima. Sin embargo, si comparamos los efectos producidos por cada factor, dicha comparación resulta irrisoria. Los seres humanos liberamos por lo menos 100 veces más CO2 que los volcanes. Veamos un sólo ejemplo: las emisiones del monte Pinatubo (Filipinas), producidas durante la más fuerte erupción volcánica de los últimos 50 años, significaron apenas el 0,2 por ciento de las emisiones producidas por la actividad humana en 1991. ¡Sólo el 0,2%! Por otra parte, nosotros estamos arrojando a la atmósfera 55.000 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año. Como vemos, no hay comparación posible. Si esto parece demasiado, es que lo es...Y ello nos convierte, sin discusión, en los principales responsables del cambio climático, y de todos sus perniciosos efectos. ¿El clima del planeta ha cambiado alguna vez anteriormente? ¡Por supuesto que sí! Nadie discute esto. Pero poner en tela de juicio que los seres humanos seamos la causa del cambio climático en esta era es como discutir que los seres humanos puedan provocar incendios forestales porque alguna vez los haya causado un rayo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: Dino

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