¿Qué ganadería para qué mundo rural?

La ganadería industrial ahonda aún más en el modelo agrario que ha despoblado al mundo rural y va esquilmando poco a poco sus recursos.

Es un modelo ligado a los mercados internacionales a través de los insumos que necesita y las mercancías que produce, dejando de lado el territorio en el que se implanta.

 

El modelo agrario determina el paisaje en el mundo rural. Desde mitad del S. XX que comenzó la industrialización de la agricultura y, más tarde, de la ganadería, se ha pasado de campos diversificados al predominio de monocultivos, de animales pastando a estabulados en grandes naves.

 

Estos cambios en el medio rural no se han restringido únicamente a unas cuestiones paisajísticas, al mecanizado modelo agroindustrial le sobran las personas, y mientras en 1960 había un 41,7% de población activa en el sector agrario, en la actualidad este porcentaje se sitúa en menos del 5%.

 

Y una cosa lleva a la otra, la expulsión de todas esas personas y familias campesinas de las zonas rurales por los cambios en el modelo agrario hacen que la economía rural se desplome. Sin gente, la actividad económica es muy difícil de sostener. En pueblos donde había una o varias panaderías, farmacias, carnicerías, bares y todo tipo de establecimientos que cubrían las necesidades inmediatas de sus habitantes, ahora queda poco o nada de esa intensa actividad económica.

 

De igual forma, los servicios públicos se han desmantelado, en poblaciones que han pasado de un millar o unos pocos miles de habitantes a cientos o, en muchos casos, menos de 100 pobladoras y pobladores, si es que todavía vive gente, se han cerrado centros educativos y de salud, los trenes ya no pasan y las infraestructruras se han abandonado a su suerte.

 

No es de extrañar que el mundo rural grite ahora por décadas de abandono y una situación de despoblamiento masivo mientras los centros urbanos sufren exactamente de lo contrario.

 

En este contexto, la ganadería industrial, muy importante desde hace años en zonas de Catalunya, Aragón y Murcia, sigue aumentando su producción alcanzando cotas nunca vistas y expandiéndose por el territorio, España se ha convertido ya en el mayor productor de la Unión Europea y el tercer mayor exportador mundial, sólo después de EEUU y China, con un territorio infinitamente mucho más pequeño que estos países, por lo que la concentración agrava el problema a nivel ambiental y socio-económico.

 

La industrialización ganadera llega a su máxima expresión en el modelo de integración vertical, por el que las empresas integradoras son propietarias de los animales, los piensos y los servicios veterinarios, quedándose las personas trabajadoras con la deuda para construir las instalaciones y la gestión de los purines. Estas personas son simples falsos autónomos de estas grandes empresas, asumen los riesgos en una actividad que deja poco en los pueblos, más allá de vertidos de residuos contaminantes, grandes consumos de agua y emisiones de gases tóxicos y de efecto invernadero. Luego, nos preguntaremos porqué se va la gente de los pueblos.

 

Aprovechan la situación, en muchos casos desesperada, de personas que quieren permanecer en los pueblos y la desinformación de los efectos ambientales y en la salud pública de estas instalaciones, para vender humo: muchos puestos de trabajo que nunca se materializan. Este es el único argumento que se expresa en favor de esta industria, dando a entender que un puesto de trabajo a tiempo parcial en condiciones deplorables (lo normal en este tipo de industria), compensa las consecuencias a todos los niveles.

 

La ganadería industrial ahonda aún más en el modelo agrario que ha despoblado al mundo rural y va esquilmando poco a poco sus recursos. Es un modelo ligado a los mercados internacionales a través de los insumos que necesita y las mercancías que produce, dejando de lado el territorio en el que se implanta.

 

Por ello, es necesario y urgente un cambio drástico en el modelo ganadero dominante. Las políticas públicas deben contribuir a la lucha contra el cambio climático y la despoblación, favoreciendo la protección de los recursos naturales y productivos, la salud pública y el empleo rural digno.

 

La ganadería extensiva con base agroecológica fija población en el medio rural al estar apegada al territorio, estableciendo sinergias que favorecen la economía local. La leche de rebaños locales puede servir para montar una quesería artesanal, que precisa de personal, y los productos de esta quesería se pueden vender en comercios de la comarca y la provincia, generándose redes sociales y económicas que benefician al territorio. Mientras, esa misma leche vendida a una gran industria láctea vende su producción en cualquier parte del mundo.

Daniel González

Visitantes que acudan a los pueblos para conocer la gastronomía local, para descansar o visitar su patrimonio cultural y natural, pueden comprar y probar estos quesos en casas rurales, hostales y restaurantes, que se benefician también de este modelo. Después de comer, las personas visitantes van a dar un paseo en el que ven rebaños de ovejas y cabras pastando y hablan con la pastora, en vez de oler a purines de explotaciones intensivas, y vuelven a sus casas contentas y lo comentan con sus amistades, que se animan también a visitar la zona.

 

Estos establecimientos hoteleros necesitarán servicios de albañilería, fontanería y electricidad, por lo que se abren unas demandas de trabajo que puede cubrir alguien de la zona, o atraer a vivir a más gente.

 

La fertilidad de la tierra mejora con el estiércol repartido durante el pastoreo por los rebaños,  la agricultora o agricultor deja de echar fertilizantes químicos, se ahorra este gasto, obteniendo mayor remuneración por su trabajo, y se reduce considerablemente la contaminación por nitratos.

 

La población de la comarca va aumentado, se reabren escuelas y centros de salud. La gente vive bien de su trabajo. Se respeta el entorno. Este es el modelo de ganadería que necesitamos. Y el modelo de desarrollo rural que queremos.

 

Daniel González, Miembro de Ecologistas en Acción. Portavoz de CLM Stop Macrogranjas y responsable de la campaña "Stop Ganadería Industrial".

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