Sucia Ecología

Asturies es un país de especial diversidad interna y de especial fragilidad ecológica y poblacional 

Se están removiendo las cosas en el plano energético y medioambiental. Los políticos del estado español no lo mencionan, pero hay ganas de volver a la energía nuclear. Ahora “no toca”, pues se sabe por sondeos sociológicos que la mayoría de la población no simpatiza con esta forma de energía. Provoca mucha alarma social la más mínima fuga. Un fallo pequeño provoca catástrofes gigantescas. Su producción puede enviar al traste el futuro de toda una región o comarca, que entonces se convierte en un mal sitio para vivir, en un mal sitio para visitar. Luego está el tema de los residuos. Miles de años tardan en desaparecer sus efectos. Ningún rincón de la tierra es bueno para almacenarlos. Cualquier almacenaje de los mismos debe presentarse siempre con carácter temporal, nunca definitivo.  

Pero el tema está ahí. Los dos grandes partidos se miran de reojo a ver quién da el paso. El paso de proponer una “alternativa” a las alternativas ahora mismo existentes (energía solar, eólica, biodiésel). Los hay que ven la oportunidad de oro ante la crisis de crecimiento que éstas están experimentando. Si las renovables no dan para más, vamos a la nuclear. 

No se debe descartar que se aproveche la (por otra parte justificada) duda creciente sobre el carácter absolutamente limpio y santo de estas energías renovables. Las enormes aspas que instalan en el Occidente Asturiano, por ejemplo. Es evidente que las empresas energéticas se aprovechan de la despoblación, de la falta de usos ganaderos y turísticos de los conceyos para ofrecerles hoy unas propinas a cambio de una hipoteca grave para el futuro. Esos molinos enormes afean el paisaje, impiden un desarrollo rural armonioso (el turismo como complemento de la ganadería), aniquilan fauna, desnaturalizan –en suma- un ecosistema. Nada habría que objetar a los generadores eólicos situados en cerros pelados y despoblados de muchas otras zonas del estado. Pero Asturies es un país de especial diversidad interna y de especial fragilidad ecológica y poblacional. La “energía limpia” que nos trae el viento puede arruinar un futuro a nivel concejil y comarcal. ¿Futuro de Asturies?: lo que el viento se llevó. 

Tampoco es muy “limpio” el panorama que, hace una década, nos pintaban como idílico, el panorama en torno al biodiésel. Habría que analizar de dónde se trae la materia vegetal para ser procesada en plantas como la proyectada hace poco en El Muselón (el puerto en proceso de ampliación en Xixón). Mucho nos tememos que de países americanos severamente deforestados y drásticamente recolonizados con plantaciones de especies destinadas a mover coches, pero jamás sembradas para alimentar poblaciones. Es más, las poblaciones campesinas de ciertos países del llamado “tercer mundo” están siendo exterminadas y desplazadas a golpe de culatazo para que no se opongan al nuevo negocio de la producción ecológica.  

Lo “verde” fue una moda europea tras los años 80. Tras una primavera de flores en la cabeza y retorno a la naturaleza, muchos ecologistas han puesto en bandeja a las empresas energéticas nuevos modos de valorizar, nuevas fuentes de plusvalía que, igual que el rey Midas, se transmutan en oro sólo con que el capital invertido en ellas las toque. Lo que ocurre es que el oro no se puede comer. El rey Midas puede morir de hambre con sus plantas de biodiésel. En Asturies, donde tanta braña y pradera se está “volviendo monte”, en el sentido asturiano, es decir, en el sentido de “echarse a perder”, vamos a consentir la instalación de centrales de aprovechamiento de materia vegetal enajenada a países ultramarinos que se deforestan, con unos cultivos que no dejan que sus pueblos campesinos coman. Pero es que, además, vamos a consentir que no haya un abastecimiento de nuestros propios recursos materiales, incluyendo los vegetales. Aquí, cualquier listillo con capital forastero puede venir a hacer su agosto, mientras que a dos kilómetros de la instalación se llena todo con eucaliptos (la ruina para nuestros suelos atlánticos) y zarzas, hijas del abandono del campo. 

Además tenemos el tema de la Regasificadora. En artículos de reconocidos socialistas (por ejemplo Hugo Morán) casi se puede leer entre líneas la disyuntiva que el Poder nos plantea. Repito que está entre líneas, pero es que hay que saber leer a los socialistas asturianos, vale decir, al Poder. Vienen a decirnos: “asturianos, dad gracias a la FSA-PSOE, a la “izquierda plural”, que no os vamos a poner de momento una central nuclear”. “Asturianos: vuestra ‘región’ ya vale muy poco, así que aguantad con la Regasificadora, no vaya a ser que pensemos en otra cosa”. Pero ¡claro que piensan! ¡En los átomos! 

El país del Petromocho (gracias a Rodríguez-Vigil, gran estadista) tenía que ser el país de la Regasificadora “sí gracias”. Y si nos ponemos tercos, veremos qué otras plantas energéticas altamente destructivas, sucias y peligrosas tienen pensado para Asturies, un sitio todavía demasiado verde y bello para sus planes. Crucificada con el AVE y autovías excesivas, ya sólo necesitábamos una nuclear.


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