El pelotazo telefónico de las "Tarifas especiales" y cómo perder más de 3 euros por minuto

JPG - 8.4 KBJerarquía de números, la cuarta cifra del teléfono indica el rango de precios, cuanto mayor sea, más cara será la llamada, un negocio de 337 millones y los números 800 y 900 con miles de quejas 

 

Diagonal 

 

Tarotistas con demasiado futuro o concursos inverosímiles son los ganchos de un negocio de más de 337 millones de euros. Al borde del fraude, los números 800 y 900 acumulan decenas de miles de quejas al año.

 

Si crees que has descubierto la solución del jeroglífico de las tres de la mañana, te equivocas y no, no vas a ganar una PlayStation. También patinas si crees que te hace un gran favor el teleoperador que desvía tu llamada al restaurante cuyo número habías solicitado. Y aunque te parta el corazón, tampoco es probable que ligues con docenas de personas en el número de teléfono que aparece en pantalla. Sí puedes insultar por SMS a Julián Muñoz y a Zapatero en el late night de los viernes, pero poco más. El único milagro que puede obrar tu teléfono es añadir céntimos a la cuenta de resultados de esa multinacional que te manda una larga carta a principios de cada mes.

Actualmente existe media docena de números con tarifas ‘especiales’ y puede que tu idea de lo que es una ‘tarifa especial’ difiera de cómo entiende esa expresión la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT). Por norma, deberías estar alerta ante cualquier número de teléfono que empieza por 80 o 90. Los números 800 y 900 son de “cobro revertido automático”, un alivio: el llamante no paga, paga el receptor, normalmente organismos o instituciones que quieren prestar un servicio telefónico sin coste para sus usuarios. Pero todos los demás pueden darte un susto.

Los números que empiezan por 803 gravan al cliente con una tarificación adicional: son de uso exclusivo en servicios para adultos. Los 806 pueden sablearte en concursos o redes de ‘amistades’ telefónicas: la CMT los reserva para “ocio y entretenimiento”. También existen los 807 para “profesionales”; los 907, con “tarificación adicional sobre sistemas de datos”; los 901, de “pago compartido”; los 902, de “pago por el llamante sin retribución para el llamado”; y los 905, para llamadas masivas.

No hay ‘zapping’ que haya resistido la tentación de reproducir ese vídeo, una de esas leyendas contemporáneas de YouTube. Una presentadora de televisión de algún país de la Europa del Este charla con un espectador. A sus espaldas un pequeño crucigrama de aparente facilidad está a punto de ser descifrado. La estética y mecánica del concurso son conocidas: “Llamad, llamad, es muy fácil”. La comunicadora sonríe a cámara, anima a los concursantes, es fácil empatizar con ella. Y de súbito, zas, de su boca brota... ¿una metáfora? Un torrencial chorro de vómito emana de sus entrañas y vuela parabólicamente hasta salirse de cuadro.

Aquel animado busto parlante desaparece del campo de visión durante unos segundos. Cuado vuelve a su cámara, todo es normal. No ha habido arcada de preaviso. El borbotón manó sin anunciarse. Y no pasa nada. El concurso sigue.

Durante mucho tiempo estos programas, verdaderos concursos-trampa, se aferraron al prefijo 905 para perpetrar, casi siempre con noctur- Tarotistas con demasiado futuro o concursos inverosímiles son los ganchos de un negocio de más de 337 millones de euros. Al borde del fraude, los números 800 y 900 acumulan decenas de miles de quejas al año.

El único milagro que puede obrar tu teléfono es añadir céntimos a la cuenta de resultados de una multinacional David Fernández nidad, sus tropelías lúdicas. Los 905 habían sido pensados para realizar encuestas y sondeos: así evitaban la restrictiva legislación que intentaba proteger al usuario frente a cobros abusivos. Las protestas empujaron a la Administración a incluir estos prefijos en el lote de números de tarificación especial.

¿Cuánto cuesta?

La legislación obliga a que la información sobre precios sea legible e inteligible, aunque todos hemos creído ver en algún momento de nuestras vidas una hilera de hormigas que cruzaban al fondo de la pantalla del televisor y que resultó ser un letrero con el precio de la llamada. Para quienes no estén capacitados para leer a la velocidad de un presentador de Pasapalabra existe un truco aproximado. La cuarta cifra del número de teléfono indica el rango de precios: es decir, cuanto mayor sea el cuarto número, mayor será el precio de la llamada. Así, el número 803 10 20 30, cuya cuarta cifra es un uno, será más barato (0,28 euros/ minuto) que el 803 90 80 70, cuya cuarta cifra es un nueve (3,40 e/m: sí, más de tres euros por minuto).

Céntimo a céntimo, euro a euro, este tipo de llamadas con “tarifas especiales”, antes denominadas “servicios de red inteligente”, suponen un alto volumen de ingresos para las grandes operadoras.

Según el último informe de la CMT, publicado en 2008, este tipo de llamadas, junto a las de información telefónica, sumaron el 20,3% del total de los ingresos de estas empresas por servicios de interconexión, con un incremento internaual del 49,3%. En total: 337,5 millones en 2007, último año con cifras disponibles.

Reclamar tampoco es gratis Cuando el cliente muerde el anzuelo, empieza la odisea. La Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones recibió hasta septiembre de 2008 un total de 176.451 consultas, casi el doble que en el mismo periodo del año anterior. De todas esas consultas, más de 18.000 terminaron en reclamaciones y un 85,3% de las resoluciones fue favorable al usuario. Lo curioso es que el teléfono de esta oficina “de atención al usuario” (901 33 66 99) tampoco es gratis: el establecimiento de la llamada cuesta 0,042 euros y 0,033 euros por minuto.

No es el único teléfono de ‘atención al cliente’ que le cuesta un pico al usuario. Casi todas las empresas, de cualquier sector, canalizan las llamadas de sus usuarios a través de números de tarifas especiales. Los más habituales son los 902 y no, no son gratuitos, aunque desde enero de 2008 su coste es similar al de una llamada ‘nacional’. Estar sin saldo también es un problema si el usuario quiere contactar con la Guardia Civil. Los Servicios Especiales de Atención Ciudadana y Urgencias, como los llama Telefónica, tampoco son gratuitos en su totalidad. No tiene coste alguno para el usuario el 112, número europeo de emergencias, ni el 085 de los bomberos provinciales o el 088 de las policías autonómicas. Sin embargo, llamar el 080 de los bomberos locales, el 091 de la Policía Nacional o el 092 de la Municipal tiene un pequeño coste de algo más de 3 céntimos por establecimiento de llamada. Más caro es llamar al 062 de la Guardia Civil, lo que cuesta 6,4 céntimos por establecimiento de llamada y 0,9 céntimos por minuto. Y aún menos barato es contactar con las urgencias médicas del Insalud en el 061.

 

EL 11818, EL TELÉFONO DE INFORMACIÓN DE TELEFÓNICA MÁS BARATO Y ESCONDIDO

La denominada liberalización del mercado de las telecomunicaciones, que acabó con el monopolio de Telefónica, supuso también la entrada de numerosos operadores en el negocio de la información telefónica. Lejos quedaron los tiempos del 003 y, más tarde, el 1003. Hoy, ‘pelochos’ y ‘ventidoses’ se reparten un suculento pastel. Los agentes más representativos del mercado son, en primer lugar, el Servicio de Consulta Telefónica (11888), con el 53,8% del mercado por volumen de ingresos. A continuación, Telefónica (11818 y 11822) con el 28,1%. En tercer lugar, Nueva Información Telefónica (11811), con el 10,4%, y en cuarta posición, Infotecnia (11824), con el 2,6%. Cualquiera puede tararear el jingle publicitario cuyo estribillo nos recuerda el número que nos sacará de cualquier apuro. Podemos recordar sin esfuerzo todos esos números menos uno: el 11818, que no tiene himno, porque no tiene anuncio. Y no tiene anuncio porque es el menos rentable, aquel que Telefónica tuvo y tiene que mantener para prestar este servicio privatizado, pero de utilidad pública. Llamar al 11818 no tiene coste adicional y, de hecho, es gratis desde las cabinas telefónicas. Aún así, la sabiduría popular ha ido publicitando este número de boca en boca hasta superar los 14 millones de llamadas, que dejaron en las arcas de Telefónica 7,5 millones en 2007. El volumen de negocio generado en 2007 por estos servicios (sin contar sus páginas en internet) alcanzó los 116,8 millones: en total, recibieron 85 millones de llamadas. En 2007, la revista Consumer ponía a prueba estos servicios: el resultado sacó a la luz un rosario de deficiencias y subterfugios abusivos (precios que ocultaban el IVA, locuciones que alargaban la espera, operadores que no encontraban lo solicitado). Y un abanico de precios que iban desde los dos hasta los siete euros por llamada.

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