Alemania: ¿De ámbar a rojo?

Los indicadores sugieren una fuerte desaceleración del crecimiento mundial, especialmente en las manufacturas y la industria

 

La noticia del día es que la economía alemana, el motor de Europa, ha evitado por poco una 'recesión técnica' en la segunda mitad de 2018: otra luz roja intermitente para la economía mundial. En 2018, el crecimiento del PIB real de Alemania fue del 1,5% frente al 2,2% en 2017. Esta fue la tasa de crecimiento más débil en cinco años y, desde la segunda mitad del año pasado, el crecimiento se está desacelerando rápidamente, hasta sólo el 1,1% interanual frente al 2% en el T2 de 2018. Disminuyó un 0,2% en el T2 en relación con el T1 y aumentó sólo un 0,3% en el T3.

Lo mismo ocurre en el sector manufacturero alemán, que claramente está en recesión. La producción industrial en Alemania se redujo un 4,7% en noviembre de 2018 con respecto al mismo mes del año anterior.

Las empresas alemanas se han visto afectadas por la caída de las ventas como resultado de la desaceleración económica mundial y la incertidumbre política que rodea al Brexit y la guerra comercial entre los EE.UU. y China. El Reino Unido, Estados Unidos y China están son algunos de los mayores mercados para los fabricantes alemanes.

El colapso es particularmente notable en el muy importante sector del automóvil, pero la desaceleración mundial, las fuertes caídas en la demanda y las restricciones sobre emisiones de los automóviles diésel han destruido el sector automotriz a nivel mundial. Las ventas de vehículos de pasajeros en China, el mercado de automóviles más grande del mundo, cayeron, por primera vez el año pasado desde principios de 1990, un 4,1%. Las ventas en diciembre cayeron un 15,8 por ciento respecto al mismo mes del año pasado, la caída mensual más pronunciada en más de seis años y el sexto mes consecutivo de disminución de las ventas.

Alemania ha arrastrado a la baja la producción industrial en la zona euro. Esta cayó un 3,3% anual en noviembre. Es la primera caída anual en la producción industrial desde enero de 2017 y la mayor desde noviembre del 2012.

De hecho, la experiencia alemana se repite en diversos grados en todo el mundo, al menos en las principales economías. El PMI global, el indicador clave de la actividad empresarial, muestra una desaceleración. El nivel de actividad sigue estando por encima del 50 (y por lo tanto indica expansión) y no ha caído aun a los niveles de la recesión de 2012 o 2016, pero está en camino.

Y el PMI global de 'nuevos pedidos' muestra una desaceleración en la manufactura y los servicios a nivel mundial.

Y entre las denominadas 'economías emergentes', la emergencia está siendo reemplazado por la inmersión. El PIB real en América Latina en su conjunto se está contrayendo anualmente, según el banco de inversión JP Morgan.

Entre los llamados BRICS (las principales economías emergentes), la producción industrial de China se desaceleró en noviembre hasta el 5,4% interanual, la tasa más baja desde la mini-recesión de comienzos de 2016. La producción industrial de Brasil se contrajo un 0,9% en noviembre, mientras que la producción industrial de Rusia se ha desacelerado hasta el 2,4% interanual desde el 3,7% de octubre. La producción manufacturera de Rusia dejó de crecer por completo. El crecimiento de la producción industrial en Sudáfrica se redujo al 1,6% de noviembre, desde el 2,8% en octubre. Incluso la economía de más rápido crecimiento de las principales del mundo, la India, recibió un golpe. El crecimiento de la producción industrial de la India se desaceleró bruscamente al 0,5% interanual en noviembre, el menor incremento desde junio de 2017 y la producción manufacturera en realidad cayó un 0,4%.

En mi nota de previsión económica para 2019 ofrecí varios indicadores diferentes a corto plazo de la dirección de la economía mundial.

El primero fue el del crédito y la llamada 'curva de rendimiento invertida’, es decir, la diferencia en la tasa de interés recibida por la compra bonos del gobierno de Estados Unidos a 10 y 2 años. En una situación 'normal', la tasa de interés obtenida por un bono a largo plazo será mayor porque el comprador de bonos no puede recuperar el bono en diez años y existe un mayor riesgo de cambios en la inflación o de quiebra en comparación con un bono a dos años. Sin embargo, en algunas raras ocasiones, la tasa de interés de los bonos a dos años puede ser más alta que a diez años. Esto se debe a que la tasa de interés está siendo impulsada por las alzas en la tasa del banco central y / o porque los inversores temen una recesión, por lo que quieren retener tantos bonos del gobierno como sea posible. Venden sus acciones y compran bonos. Cada vez que la curva de rendimiento se invierte, tiene lugar una recesión económica en los EE.UU., en el plazo aproximado de un año.

El caso es que los inversores han estado vendiendo acciones y el mercado de valores se ha hundido. Sin embargo, todavía no tenemos una curva de rendimiento invertida en parte debido a que la Reserva Federal parece haber decidido no elevar su tasa política tan rápidamente - precisamente porque no quiere provocar una recesión cuando la economía mundial se está desacelerando.

El segundo indicador es el precio del cobre. Como el cobre entra en gran parte de los componentes de la producción industrial, su precio puede ser un buen indicador a corto plazo de la fuerza de la actividad económica a nivel mundial. Pues bien, el precio del cobre está por debajo de su pico en 2017, pero todavía no a los niveles vistos en la mini-recesión de principios de 2016.

El indicador más importante en mi opinión es el movimiento de los beneficios para el sector capitalista de las grandes economías. Es el que determina la inversión y el empleo y por lo tanto los ingresos y los gastos. Pero no es posible obtener una medida de frecuencia tan alta - de hecho, la mayoría de los informes de ganancias son trimestrales en el mejor de los casos. Goldman Sachs, los banqueros de inversión, han hecho algunas previsiones, a pesar de todo, para este año. Sus economistas concluyen que “En términos de beneficios, esperamos una fuerte desaceleración. En todas las regiones se espera que el crecimiento de los beneficios este por debajo del consenso de abajo hacia arriba actual, y que se sitúe alrededor del 5% en 2019. En el caso de los EE.UU., en particular, esto representaría una desaceleración muy fuerte desde un crecimiento EPS del 22% esperado para el 2018”.   Comparan esta previsión de crecimiento de los beneficios con su estimación del 'impulso del crecimiento' y concluyen que ‘implica un deterioro adicional del crecimiento.’  Pero todavía no pronostican una recesión.

Todos estos indicadores sugieren una fuerte desaceleración del crecimiento mundial, especialmente en las manufacturas y la industria. La curva de rendimiento en EE.UU. está cerca de la inversión, pero aún no se ha invertido; el precio del cobre ha caído, pero aún no a mínimos; y el crecimiento de las ganancias globales se ha ralentizado, pero aún no está cayendo. Así que la luz ámbar de una depresión global en 2019 todavía no se ha vuelto roja - todavía.

 

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2019/01/15/from-amber-to-red/

Traducción: G. Buster

http://www.sinpermiso.info/textos/alemania-de-ambar-a-rojo

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