Conflictos entre la ONU y el dúo Banco Mundial / FMI

En 2019, el Banco Mundial (BM) y el FMI cumplirán 75 años. Estas instituciones financieras internacionales (IFI), creadas en 1944, están dominadas por Estados Unidos y algunas grandes potencias aliadas, y actúan en contra de los intereses de los pueblos.
El BM y el FMI otorgaron, sistemáticamente, préstamos a los Estados con el fin de influir sobre sus políticas. El endeudamiento externo fue y es todavía utilizado como un instrumento para someter a los deudores. Desde su creación, el FMI y el BM han violado los pactos internacionales sobre derechos humanos y no dudaron, ni dudan, en sostener a dictaduras.
Una nueva forma de descolonización se impone para salir del impasse en el que las IFI y sus principales accionistas acorralaron al mundo. Se deben construir nuevas instituciones internacionales.
Estamos publicando una serie de artículos de Éric Toussaint, quien reseña la evolución del Banco Mundial y del FMI desde su creación. Estos artículos son sacados del libro Banco mundial: El Golpe de Estado Permanente., que podéis consultar gratis en Banco mundial : El Golpe de Estado permanente

 

Vuelta al principio de las relaciones

En marzo de 1946, con ocasión de la primera reunión de gobernadores del Banco Mundial y del FMI, el presidente del Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC en su abreviatura inglesa), remitió una nota a la dirección del Banco en la que le pedía el establecimiento de mecanismos de vinculación con su organización. El Banco trasladó la discusión a la reunión de directores ejecutivos que debía realizarse en mayo de 1946. En realidad, el Banco tenía tan poca prisa que hubo que esperar hasta noviembre de 1947 para llegar a un acuerdo entre las partes interesadas. Según Mason y Asher, historiadores del Banco, durante todo ese tiempo las negociaciones no fueron particularmente cordiales [1]. Al no tener respuesta la primera nota del ECOSOC, éste envió una segunda, a la cual los directores ejecutivos del Banco respondieron que, para ellos, una reunión era prematura. Mientras tanto, las Naciones Unidas cerraron un acuerdo de colaboración con la Organización Internacional del Trabajo, la UNESCO y la FAO.

En julio de 1946, en el curso de un tercer intento, el secretario general de la ONU propuso al Banco y al FMI iniciar las negociaciones en septiembre de ese año. Los dirigentes del Banco y del FMI se reunieron y decidieron que seguía siendo inoportuno mantener tal reunión. Mason y Asher comentan así estas maniobras dilatorias: «El Banco tenía fuertes temores de que al convertirse en una agencia especializada de la ONU, quedara sometida a un control o a una influencia política indeseables, y que esto dañara su notación (credit rating) en Wall Street...» [2]. Finalmente, el Banco sometió a discusión con las Naciones Unidas un proyecto que era más una declaración de independencia que de colaboración. Esto dio lugar a una jornada de debates en el cuartel general de la ONU, en el curso de la cual el presidente del Banco, John McCloy, aceptó moderar las pretensiones.

Aunque aceptado por el comité de negociación del ECOSOC, el acuerdo alcanzado provocó un tole en el seno del Consejo y en la Asamblea General. En la sesión de 1947 del ECOSOC, el representante de la Unión Soviética calificó el proyecto de flagrante violación de por lo menos cuatro artículos de la Carta de la ONU. Más molesto para los responsables del Banco y, detrás de ellos, Estados Unidos, fue el ataque lanzado por el representante de Noruega (país de donde provenía el secretario general de la ONU en esa época, Trygve Lie). Declaró que Noruega no podía aceptar que se acordaran tales privilegios al Banco y al Fondo, pues eso minaría la autoridad de las Naciones Unidas. A lo cual, el representante de Estados Unidos respondió que nada minaría más a las Naciones Unidas que la incapacidad para ponerse de acuerdo con el Banco y el Fondo. Finalmente, el ECOSOC adoptó (13 a favor, 3 en contra y 2 abstenciones) el proyecto, que fue ratificado en septiembre de 1947 por el Consejo de Gobernadores del Banco (con la abstención del representante de Yugoslavia) y aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en noviembre de ese mismo año.

Este acuerdo ratificó el estatuto de organización especializada de la ONU, pero, a pedido del Banco, le permitía funcionar como una «organización internacional independiente». En el mismo sentido, autorizaba al Banco a juzgar por sí mismo cuáles serían las informaciones útiles que comunicar al ECOSOC, lo que de hecho es una derogación del artículo 17, apartado 3, y del artículo 64 de la Carta de las Naciones Unidas (este artículo autoriza al ECOSOC a recibir informes regulares de parte de las agencias especializadas). También había una derogación de hecho del artículo 70, que preveía una representación recíproca en cada deliberación. En adelante, el Banco y el Fondo se reservaban el derecho de no invitar a los representantes de las Naciones Unidas más que a la Reunión del Consejo de Gobernadores. A su juicio, los historiadores del Banco declaran que este acuerdo era insatisfactorio para el secretario general de las Naciones Unidas, pero tuvo que resignarse a aceptarlo. Agregan que «al presidente del Banco, McCloy, no se lo podía clasificar como un admirador de las Naciones Unidas, y a Garner (el vicepresidente) se lo consideraba anti-ONU» [3].

La negativa del Banco Mundial a ajustarse a las demanda de la ONU en lo concerniente a Portugal y Sudáfrica

A partir de 1961, mientras la mayor parte de los países coloniales obtenían su independencia y se convertían en miembros de la ONU, la Asamblea General adoptaba repetidas resoluciones de condena al régimen del apartheid de Sudáfrica, así como a Portugal, que mantenía su yugo sobre varias regiones de África y de Asia. En 1965, ante la continuidad de las ayudas financiera y técnica del Banco y del FMI a estos regímenes, la ONU pidió formalmente: «A todas las agencias especializadas de las Naciones Unidas y en particular al Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo y al Fondo Monetario Internacional [...] que se abstengan de conceder a Portugal toda ayuda financiera, económica o técnica mientras el gobierno portugués no haya renunciado a su política colonial, que constituye una violación flagrante de las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas» [4]. Lo mismo hizo con relación a Sudáfrica.

La dirección del Banco se reunió para adoptar una posición y la mayoría de los directores ejecutivos decidió continuar los préstamos. Justificación presentada: ¡el artículo IV, sección 10 de sus estatutos [5] les prohibía hacer política! Todos los países más industrializados, apoyados por cierto número de países latinoamericanos, votaron a favor de la continuación. En 1966, el Banco aprobó un préstamo de 10 millones de dólares a Portugal y de 20 millones a Sudáfrica. Después, bajo una presión redoblada, el Banco no les concedió más préstamos. De todos modos, un organismo de las Naciones Unidas, el Comité de Descolonización, siguió denunciando durante más de quince años el hecho de que el Banco permitía a Sudáfrica y a Portugal presentarse como candidatos a obtener financiación del Banco para proyectos en otros países. Por otra parte, el Banco cortejaba a Sudáfrica para que ésta hiciera donaciones a la AID (Asociación Internacional de Desarrollo) [6].

Notas

[1Edward S. Mason y Robert E. Asher, The World Bank since Bretton Woods, The Brookings Institutions, Washington D.C., 1973, p. 55

[2Ibid. p. 56.

[3bid, p. 59.

[4UN Doc. A/AC.109/124 and Corr. 1 (junio 10, 1965).

[5El art. IV, sección 10 estipula: «El Banco y sus responsables no interferirán en las cuestiones de cualquier miembro y tienen prohibido dejarse influenciar en sus decisiones por el carácter político del miembro o de los miembros concernidos». Sólo consideraciones económicas pueden influir en sus decisiones y estas consideraciones serán sopesadas sin prejuicios, a fin de alcanzar los objetivos [fijados por el Banco] estipulados en el art. I.».

[6Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 692.

Imagen. CC- BANEGAS

http://www.cadtm.org/Conflictos-entre-la-ONU-y-el-duo

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