¡¡Socorro!!

La palabra regeneración, tan demandada, tan requerida, tan esperada en las décadas finales del siglo XIX y primeras del siglo XX, vuelve a ser más que un clamor, una necesidad imperiosa

Me parece que a estas alturas hay pocas dudas sobre el estado de decadencia que está viviendo Occidente. En los últimos años hemos visto como el clasismo, el racismo y la xenofobia se iban adueñando de los países más desarrollados y civilizados de Europa. La ultraderecha amenaza con llegar al poder en Francia, Italia, Dinamarca, Holanda, Austria y Bélgica, domina en buena parte de los países del Este y en España -donde sin haber dejado de mandar, ya tiene comparsa y relevo naranja mientras la izquierda se mira en el espejo oblongo-, se abre camino en Alemania y ha logrado una victoria estrambótica y dramática en Estados Unidos de la mano de un patán que ha sido votado por millones de electores de la misma condición. Se achaca este arrugamiento, esta vuelta al pasado, esta renuncia a la dignidad de pueblos y personas, al miedo que produce la llegada de extraños, de personas pobres procedentes de países ricos en materias primas a los que hemos esquilmado y bombardeado sistemáticamente. El enemigo es el otro, un otro con costumbres diferentes al que no se ha permitido vivir en paz en su tierra, al que hemos expulsado de su casa haciéndole imposible la subsistencia. Son diferentes y no están dispuestos a perder sus señas de identidad, vienen con sus hábitos, su cultura, sus querencias y sus sueños, en el camino se han dejado padres, hermanos, hijos, amigos, a menudo bajo los escombros de la casa familiar, a menudo también en las aguas del antiguamente conocido como Mar Nuestro y que ahora tendría que llamarse Mar de los Muertos, el bellísimo Mediterráneo que hemos llenado de mierda opulenta y regado con la sangre de miles de inocentes, sin que el alma de aquella Europa de los Derechos Humanos, de la Vieja Europa noble, culta y generosa haya sido capaz de salir a las calles y clamar contra ese crimen incesante que nos aleja a todos de la condición mínima de seres humanos. Y no, nos molestan sus costumbres, ni su religión, recibimos con toda solemnidad a los jeque árabes que financian las formas más groseras de islamismo, les ponemos alfombra roja, les vendemos los mejores palacios y nos arrodillamos a su paso esperando que suelten unos dólares: Nos molesta la pobreza, odiamos al pobre, padecemos aporofobia generalizada, y de momento no hay curación para tan grave dolencia. 

Esa Europa ejemplar que representaron y contribuyeron a crear Voltaire, Montesquieu, Kant, Víctor Hugo, Marx, Renán, Jaurès, Iglesias, Weber, Giner de los Ríos, Brecht,  Antonio Machado o Marcuse languidece, reniega de sus creadores y se repliega en el egoísmo y la insolidaridad, se ve amenazada en su comodidad y clama por el regreso de los dioses del pasado, aquellos que por la limpieza de sangre y el dinero arrasaron al viejo continente dos veces durante el siglo XX.

¿Y qué decir de España? Enciendo la televisión mañanera, en la pública -pagada por todos y que debiera prestar una atención especial a cuestiones éticas y de alto contenido formativo- no encuentran la manera ni el modo de justificar o blanquear las tropelías que sin cesar comete el Gobierno estatal, todo es justificable, los periodistas parecen haber perdido cualquier noción de lo que debe ser su profesión y siempre encuentran la manera de decir a los videntes que el mundo popular es maravilloso. Luego entran en el capítulo de la criminalidad en el país con menos asesinatos y robos violentos de la Unión Europea, como con Franco, regodeándose y regodeándonos en la muerte, en la violación, en el accidente sangriento, sacando pies a un gato que como todos sólo tiene cuatro, intentando crear una situación de alarma social, poniendo en duda nuestra capacidad para sentir que nos están manipulando, que quieren que hablemos de la cadena perpetua innecesaria y brutal para que no hablemos de los crímenes del poder, que son los que más daño hacen a más gente.

No contentos, prosiguen la mañana hablándonos de como llevan sus ejemplares vidas personajes como Isabel Pantoja, Julián Muñoz, Paquirrín, Maite Zaldívar, José Ortega Cano e hijo y un sin fin de patriotas que aman a España sobre todas las cosas. Luego, como no, el tiempo, que nieva y hace frío en invierno, qué hace calor, mucho calor en verano, y abren los telediarios con la nieve, con los chuzos de punta y con Puigdemont, recurso último de la derecha españolista y catalana para que el humo lo cubra todo y nos impida ver las barbaridades que en el nombre del pueblo hicieron y hacen cada día los mediocres irresponsables que ocupan los poderes: España en su conjunto está siendo saqueada, una generación de políticos y empresarios sin escrúpulos han hecho mangas y capirotes de la moralidad pública y privada, de las leyes y de la vergüenza. Su persistencia en el poder, su alejamiento de la cárcel, indefectiblemente llevará al país entero, incluida Cataluña, a la ruina y al desprestigio más absoluto. La palabra regeneración, tan demandada, tan requerida, tan esperada en las décadas finales del siglo XIX y primeras del siglo XX, vuelve a ser más que un clamor, una necesidad imperiosa.

No sé la influencia que ahora mismo tiene la televisión sobre la formación de las conciencias y las opiniones, pienso que todavía sigue siendo mucha, incluso mayor que la de internet y sus distintas redes, pero España y Europa, han parido a un nuevo individuo al que no me atrevo a llamar ciudadano, un individuo que se piensa superior a sus congéneres de otras latitudes y condiciones sociales y económicas diferentes. La educación, ocupada casi militarmente por las enseñanzas utilitaristas-rentables, no se encarga ya de las Humanidades en ninguna parte, son un residuo, una rémora, un gasto insostenible que no proporciona royaltis y además puede crear seres humanos capaces de pensar por sí mismos. Empero, un mundo que ignora el conocimiento humanístico, que prescinde del rastro excelso que el hombre ha dejado a sus semejantes a través del tiempo, está condenado a ser gobernando por tipos como Rajoy, Trump, Berlusconi, Macri, Peña Nieto o Puigdemont. ¡¡¡¡Socorro!!!!

http://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-luis-angosto/socorro/20180207145457148297.html

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