Los feudos de la enseñanza concertada: Catalunya, Madrid, Valencia y Andalucía

El modelo educativo privado con subvenciones se expande en las comunidades de mayor renta y más pobladas mientras otras como Cantabria y Murcia lo potencian a base de medidas administrativas y aumentos presupuestarios

Esperanza Aguirre. Foto de archivo.

Las cuatro ‘locomotoras económicas’ de España, Madrid, Catalunya, Comunitat Valenciana y Andalucía, que son al mismo tiempo las comunidades más pobladas y algunas de las de mayor renta por hogar, se han convertido en los principales feudos de la enseñanza concertada en las edades de escolarización obligatoria: en ellas es donde más centros de este tipo operan y, en consecuencia, las que más recursos dedican cada año a financiarlos, según indican los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) y del Ministerio de Educación.

En las tres primeras, la expansión de la enseñanza concertada coincide con largas etapas de permanencia de partidos de tendencia liberal (CiU) o conservadora (PP) en sus gobiernos autonómicos, aunque Andalucía, gobernada por el PSOE durante 36 años hasta hace unas semanas, rompe esa norma.

 

“La implantación de la concertada no solo tiene que ver con la orientación política de los gobiernos de las comunidades. Influyen otros factores como la distribución geográfica de los municipios, la mayor o menor abundancia de ciudades o la dispersión de la población, entre otros”, explica Jesús Gualix, responsable de Enseñanza Privada de UGT.

 

En Madrid y Valencia, y también en Euskadi, más del 30% de los alumnos están en la concertada, que es una tasa claramente superior a la media”, señala Pedro Ocaña, secretario de Enseñanza Privada de CCOO, que llama la atención sobre cómo, a pesar de la elevada presencia del sector, ese ratio se queda en el entorno del 20% en Andalucía.

 

Ocaña sitúa en el otro extremo a Catalunya, donde la concertada absorbe al 35% del alumnado. “Es la única comunidad que concierta el Bachiller y los estudios de grado medio, y siempre ha tenido un peso específico muy importante”, anota, mientras llama la atención sobre un dato: “el curso pasado fue el primero en mucho tiempo en que la concertada dejaba de tener en Barcelona a la mayoría de los alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria”.

 

Andalucía copa el crecimiento en esta década

 

El gran avance de la concertada se ha concentrado en esta década, solo en cuya primera mitad accedieron a conciertos un total de 878 centros de enseñanza, un 23% más de los que operaban al finalizar el curso 2009-2010, que, por otro lado, eran 211 menos que quince.

 

¿Y dónde se concentró ese crecimiento? Los datos del Ministerio de Educación ofrecen pocas dudas: 547 colegios más en Andalucía, 122 en la Comunitat Valenciana (que ya había sumado 95 en el lustro anterior), 95 en Euskadi y 64 en Madrid.

 

Aunque también hubo otros avances relativos que resultan destacables, como el 10% de Murcia (de 110 a 121), el 12% de Cantabria (de 67 a 75) y el 13% de Galicia (de 233 a 263).

 

“Hay comunidades autónomas donde cada vez hay más conciertos mientras la pública se frena o se congela”, indica Leticia Cardenal, presidenta de Ceapa (Confederación Española de Asociaciones de Padres y madres de Alumnos), que señala a Cantabria como “una de las que la está dotando de más recursos con el argumento de que ha crecido más despacio, algo que también ha ocurrido en Madrid y en Andalucía”.

 

“En Cantabria se están cerrando centros públicos mientras la concertada mantiene las aulas subvencionadas, en ocasiones sin llegar a los ratios” recomendables de alumnos por profesor, añade.

 

El desmesurado aumento presupuestario de Murcia y Madrid

 

Esa implantación de la concertada tiene su correlación en los presupuestos autonómicos, donde Catalunya se sitúa como líder absoluto con una factura anual de más de 1.100 millones de euros a la que sigue la de Madrid, que se va acercando al millar. A más distancia se sitúan Andalucía con 800, la Comunitat Valenciana con 677 y Euskadi con 658, que duplica con creces a las obligaciones de su inmediato seguidor, que es Castilla y León con 309.

 

La mayoría de las comunidades han duplicado más o menos su presupuesto en este capítulo desde que comenzaron a asumir las competencias en educación, y por lo tanto la obligación de financiar la enseñanza concertada, en el cambio de siglo, cuando el Gobierno de José María Aznar aceleró los traspasos de la educación y la sanidad a las autonomías, a menudo con dotaciones presupuestarias que estas consideraban escasas para asumirlas, mientras argumentaba aquella tesis del “déficit cero” que era, en realidad, un mero artificio contable entre las administraciones del Estado que equilibraba las cuentas de una (la estatal) al tiempo que comenzaba a lastrar la del siguiente escalón.

 

No obstante, algunas se han aplicado con mayor énfasis que otras en el capítulo de la concertada en esos 16 años. Destacan Murcia, con un aumento del 220% (de 67 millones a 215) bajo la presidencia de Ramón Valcárcel, y Madrid, donde el incremento fue del 174% (de 353 a 968) en las etapas de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, todos ellos del PP.

 

“Navarra, Murcia, Madrid y Valencia son muy generosas a la hora de calcular los módulos económicos de los conciertos”, explica Ocaña, “mientras que Andalucía se rige por los mínimos”.

 

En el extremo contrario se sitúan Asturias y Castilla y León, donde los crecimientos se quedaron, respectivamente, en el 58% (de 55 a 87) y en el 88% (de 164 a 309), en el primer caso con el socialista Vicente Álvarez Areces antes de la tormentosa penúltima legislatura y en el segundo con el conservador Juan Vicente Herrera.

 

“Aguirre aplicó un modelo liberal desproporcionado”

 

Sin embargo, la propia concertada, especialmente los centros que llevan más años operando bajo ese modelo, no acoge siempre con buenos ojos algunas iniciativas de los gobiernos autonómicos que aparentemente pretenden potenciar el sector.
“Madrid, con el Gobierno liberal de Aguirre, concedió muchos conciertos en lo que se dio en llamar la ‘nueva concertada’, con un modelo liberal desproporcionado”, explica Gualix, para quien “Madrid es un mal ejemplo de cómo gestionar la concertada, porque eliminó vías de la pública que se asignaban a ésta. No aportó nada y perjudicó a la concertada tradicional”.

En este sentido, escándalos como el de la rama educativa de la operación Púnica resultaron demoledores para el sector, señala el sindicalista. “Eso fue terrible. Son dos mundos distintos. Era una fantasía que no tiene nada que ver con cómo funciona la concertada. Esos pocos centros le hicieron mucho daño”.
Para Ocaña, la gestión de la ‘nueva concertada’ supuso “un problema grave” para todo el sector, “ya que compiten de manera desleal con los centros públicos”.
Cardenal también se muestra crítica con las cesiones de suelo público para levantar colegios concertados  que contempla la Lomce. “Vemos partidos que apuestan por eso, aunque es una perversión del sistema. Es más fácil dar dinero y que otros se encarguen de la enseñanza en lugar de construir centros públicos”, señala.

 

 

Foto de archivo, Esperanza Aguirre.

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