Reseña de "El ladrillo de cristal"

Agustín Velloso comenta el "Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla", a cargo de Pablo San José.

 

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En lo más granado de la era de los tuits de 140 caracteres, con más de medio millón enviados cada minuto de los 1440 que tiene el día, en lo más cool del reinado de los wasaps, con más de 40 millones enviados en el mismo tiempo, Pablo San José ha publicado un “Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla”, con el título El ladrillo de Cristal, en 502 páginas sin fotos, emoticonos ni corazoncitos.

Se trata por tanto de una declaración de guerra de destrucción masiva y sin cuartel contra esa sociedad, por parte de un activista que fue “en su día insumiso al servicio militar” y “en la actualidad mantiene su compromiso con el movimiento antimilitarista”, según declara en la solapa de la cubierta.

Extiende el frente de batalla por todo el globo, de forma que alcanza a los beneficiarios de esa sociedad, lo que se da por supuesto, pero también a cooperadores, resignados, traidores, acomodadizos, izquierdistas descarriados, pusilánimes, hipócritas, tirios y troyanos… en una palabra todo quisque.

Sin embargo la campaña de Pablo no tiene maldad: “el activismo sociopolítico ha marcado mi vida y ha mantenido permanentemente alimentada mi inquietud y mi reflexión. Es por ello que el esfuerzo de análisis y recopilación que emprendo en este escrito lo dirijo en primer lugar hacia mí mismo, como una forma de ordenar pensamientos y clarificar mis propias ideas. Espero que también pueda ser de provecho a alguien más.” (página 8)

Yo creo que es exactamente como dice. En su libro se trasluce una experiencia vital ya larga construida a base de acciones y reflexiones centradas en un ideal que a primera vista se etiquetaría de izquierdista. Sin embargo, además de que no le gusta el calificativo, es más justo considerarlo revolucionario, humanitario, cristiano, idealista, benéfico. No hay incompatibilidad entre esos términos y creo que Pablo los abraza todos como hace con cualquier otro que contribuya a la realización de su ideal, sin prejuicios, dobleces ni dogmatismos.

El inicio de este proyecto, del que dice que le ha llevado “más de cuatro años”, les será familiar a muchos izquierdistas, aunque no a todos porque los de la gauche divine quizás se encuentren entre las divinidades del Olimpo pero no entre los compañeros del activismo político y social de carne y hueso:

“El ladrillo de Cristal surge de un momento personal de desazón y confusión tras el enésimo derrumbe de un proyecto cooperativo-comunitario con pretendida intención revolucionaria del que formaba parte.” (I)

Nunca ha habido buenos tiempos para los izquierdistas, pero no pudo escoger uno peor para la ‘transformación de la sociedad occidental’:

“Lo reiterado del suceso, la constatación de que –más allá de mi propio entorno y circunstancia- es algo recurrente entre colectivos similares, la sensación de que existe una tendencia, un clima general cada vez más desfavorable a la puesta en práctica de este tipo de experiencias y, por último, el hecho de contar con una edad en la que ya no apetecen tanto las aventuras y experimentos y sí, en la medida de lo posible, dar pasos en tierra firme, ‘ver’ siquiera el esbozo de una pared en la suma de ladrillos que uno se afana en acarrear, todo ello conjuntamente, constituye la causa y el motor de mi reflexión.” (I y II)

Con ese panorama y ya con una edad lo lógico sería irse a una encantadora localidad turística como Benidorm, donde los que pasean por la orilla del Mediterráneo pueden ver a cientos de jubilados bailando en chiringuitos al son de la música desde las 12 de la mañana hasta que el cuerpo aguante.

Parece que Pablo no se ve tan mayor de momento y ha optado por arrimarse a libros y compañeros del alma en busca de una cura para su aflicción y de un remedio para la situación. No tengo duda de que su esfuerzo de reflexión sobre la ‘sociedad occidental’ y otro más paralelo sobre su propio activismo de muchos años, le ha reconfortado algo en lo personal a la vez que ha conjurado el peligro de un desánimo paralizante:

“Si mucho de lo escrito resultó pesimista, desesperanzador, quiero decir que mi deseo es justamente el contrario.”

Otra cosa es el fruto que deje entre los lectores y lo que éstos hagan después:

“Animar a quien, como también a mí me sucede, se siente abrumado por tanta confusión y dificultad, y mostrarle que todavía hay caminos por recorrer y, tal vez, personas dispuestas a transitarlos. Como se decía, perseguir hoy la utopía no solo resulta pertinente y necesario; es nuestra única alternativa. Ánimo y buen viaje.” (493)

Con este asunto de gran interés entre manos, que además es analizado desde varios enfoques, en distintas sociedades y naciones, a través de épocas históricas diferentes, alguna incluso remota, aunque principalmente en los siglos XIX y XX, con el recurso constante a diferentes disciplinas de las ciencias sociales y humanas: filosofía, economía, antropología, política y sociología, a lo que se añade el diálogo que Pablo ha establecido con activistas y especialistas durante la redacción, el proyecto ha crecido y ha enriquecido con muchas aportaciones el trabajo del autor.

Esto tiene ventajas e inconvenientes, de lo que Pablo es consciente, no hay que olvidar que su obra es para sí mismo, aunque la pone a disposición del público y le invita a participar en el diálogo, pues siempre piensa en un trabajo cooperativo para los proyectos.

El libro presenta un amplísimo contenido, pero es imposible que llegue a todo. Hay unas cuestiones que se tratan más intensamente que otras. Por otro lado Pablo se apoya continuamente en varios autores y textos reconocidos como sólidos desde hace siglos y sus sucesores en la actualidad, pero aun así no aparecen otros que algunos lectores pueden tener en mente.

Con tanta materia inevitablemente hay sobradas oportunidades para matizar, ajustar y rebatir. Creo que el esfuerzo de Pablo se vería recompensado si algunos lectores amables corresponden a su generosidad con observaciones de buena voluntad, sean las que sean. Hay oportunidad para esto a través de la página electrónica del Grupo Tortuga.

Si no estoy equivocado es probable que la mayoría de sus lectores sean activistas como Pablo, da igual en qué terreno concreto. Serían los más interesados en esta obra. Considero que para este grupo Pablo podría haber escrito un texto centrado exclusiva o mayoritariamente en su dilatada experiencia. No me refiero a las memorias de un viejo lobo de mar, sino a un análisis, profesional por así decir, de su recorrido de un par de décadas como activista comprometido con su causa, su gente y la transformación de la sociedad.

Con otras palabras: la teoría de la ‘degeneración occidental capitalista’ hacia el colapso sería un texto y la ‘práctica de la transformación desde el activismo’ –o de la revolución que no fue- otro.

Es llamativo que a lo largo de todo el libro, diseminados convenientemente en todos los asuntos de que aborda, aparecen pensamientos, recuerdos, juicios y testimonios suyos (de su propio recorrido activista y de sus compañeros cercanos y lejanos) que se entrelazan con las cuestiones que analiza.

En esas reflexiones personales intercaladas entre las aportaciones históricas, políticas y sociales sobre la situación del mundo occidental, aparecen a caballo entre lo psicológico, lo ético y lo práctico, multitud de vivencias personales de Pablo y sus compañeros que dibujan otro mucho más pequeño y diferente, el mundo de su grupo de idealistas y el de otros correligionarios. El análisis es desolador, el dibujo es casi desconocido y no es alentador.

Causa indignación repasar con Pablo los daños de esa civilización y tristeza comprobar la ausencia de avances de los activistas. Además nadie se puede engañar sobre la situación, no cabe esperar que el libro tenga un feliz final.

Tampoco se puede responsabilizar a aquellos de no haber llegado donde querían. Más bien los demás tendrían que reflexionar sobre su responsabilidad en el deterioro, algo que no se puede esperar por ser harto improbable.

La voluntad de la sociedad occidental para iniciar por fin el ansiado cambio de 180 grados, tal y como muestra hoy el ambiente político, empresarial y hasta de parte de la población sufridora, ni siquiera ha aguantado hasta conocer que se haya vencido al virus, lo que se ansía es volver, con más brío, a hacer más de lo mismo. Como se decía antes, el muerto al hoyo y el vivo al bollo, así hasta que no quede bollo, ni Pablo, ni niño muerto, literalmente.

Ni siquiera podemos decir con Gila: “me habéis dejado sin hijo, pero me he reído…” La sensación que queda tras la lectura es: ‘hemos perdido y encima estamos acabados’.

No soy quién para certificarlo ni mi deseo es que sea como digo, es solamente la expresión de una amargura a partir de la experiencia.

Creo que las responsabilidades, los errores, los defectos, los miedos, los castigos, la falta de fuerzas y desde luego el paso de los años, dan cuenta del agotamiento, Pablo habla de ello.

Quizás una generación en retirada vitalmente puede encontrar consuelo en una nueva que tome el testigo, pero al mismo tiempo revela más o menos inconscientemente que no puede seguir como hasta ahora, lo que no descarta otra forma de participación en esa misma lucha por la transformación de la sociedad occidental.

https://www.grupotortuga.com/Resena-de-El-ladrillo-de-cristal

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