Deconstruyendo el teatro asturiano

La polémica anulación de la especialidad de Dirección Artística en la Escuela de Arte Dramático

 

Lne

Una de las aportaciones esenciales de la deconstrucción gastronómica más posmoderna es la de «liofilizar» los productos: se coge un pollo, se le retira el agua y se convierte en un puñado de polvo amarillo. Al resultado de esa acción, la gente de bien siempre la llamó «sopa de sobre». Pues bien, en estos días estamos asistiendo a una «liofilización» de nuestro teatro, por parte de las instituciones que entienden de él y que los «modernos» lo llamamos ataque frontal. Los «bisnietos de los enciclopedistas» pensarán que la renovación de Mateo Feijoo para seguir dirigiendo la programación de Laboral Teatro es un despropósito solamente comparable a las palabras de la consejera de Cultura explicándolo: «Laboral es un espejo de lo que queremos para Asturias». La señora Mercedes Álvarez, con muy buen criterio, renueva su ficha porque lo considera «un genio», entre otras cosas por saber marcar el teléfono del manager de Philip Glass o Marina Abramovich y contratar. Lo del British Council es más difícil y tiene más mérito, sobre todo si hubiesen venido «a taquilla» que, estén ustedes seguros, no es el caso... A taquilla -pero cerrada-, se dio una de las funciones con más público de las vistas en Laboral el año pasado: era de una compañía asturiana a la que le fue cedido el teatro, con la obligatoriedad del «gratis total».



Los tataranietos de Rousseau no comprenden -son obtusos- el hecho de que el primer y único teatro autonómico de Asturias no sea para exhibir, programar, defender, difundir, propiciar las artes escénicas de nuestra comunidad. Y, además, son incapaces de entender que no haya más opciones para las compañías asturianas que algunas tareas subsidiarias, como animaciones para unas cuantas visitas guiadas dramatizadas que tienen a bien realizar con nuestros actores y actrices. Se me olvidaba: también se concedieron residencias (sic) y cinco mil euros a cuatro proyectos de danza... Nuestras autoridades están entusiasmados con la Danza. En los noventa les dio por los toros; hace unos años, por la ópera, y ahora les han contado que la Danza mola porque su poética, basada en la plasticidad del movimiento, las energías y la musicalidad, prescinde de la palabra y por ello de «La Idea». Como no van, ignoran que la recién desaparecida Pina Bahus desarrolló el teatro-danza, que es una verdadera «bomba», con perdón.



Esta gente crítica -entre la que, modestamente, me incluyo- con su lógica elemental y su tacañería, descartan el despilfarro económico como modo de actuación y se preguntan cómo se puede convocar una función teatral con cientos de carteles, tarjetones de mano, un sinfín de cuñas en la radio, en periódicos, en todas las revistas culturetas de nuestra España cañí, en las teles y en los culos de autobús de Gijón, Oviedo, Avilés y muchos alsas, «mupis» en toda Asturias y que el resultado -una y otra vez- sean 50 personas en la función de marras.



No nos damos cuenta de que estas sabias medidas que nuestras autoridades impulsan no son el producto de su desconocimiento sobre los públicos teatrales -los existentes y los que hay que crear- porque no vayan al teatro. Al fin y al cabo tienen empresas consultoras que les elaboran informes y libros níveos «copiando y pegando» de diversas fuentes -incluidas patadas y errores-, y así enfrentar las tareas de esta industria cultural que emplea y cotiza... aunque algunos necios candorosos pensamos que lo importante del teatro es que porta ideología y conforma un imaginario colectivo acorde con los tiempos y los retos futuros, importándonos un pito el fin de la Historia, vaticinado por los intelectuales del neoliberalismo.



En esta familia de cerriles racionalistas los hay -tengo que confesarlo, aunque me llamen chivato- que defienden la «planificación marxista» y son incapaces de entender otra de las nuevas medidas deconstructivas recientemente aplicadas al teatro asturiano: suprimir la especialidad de Dirección Escénica para convertir, lo antes posible, la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) en «otra cosa». ¿Qué importa que hace solo un par de meses -concretamente el 5 de marzo de 2009- convocaran la «prueba de acceso a las enseñanzas de Arte Dramático en las especialidades de Interpretación y de Dirección de Escena»? ¿Qué más da que el año pasado se convocaran oposiciones para cubrir dos plazas en la ESAD en la especialidad de Dirección de Escena? Pero lo que es más grave de nuestras autoridades académicas: el señor Iglesias Riopedre, consejero de Educación; el director general de Planificación, señor García-Riestra, o el responsable del Servicio de Enseñanzas Artísticas, el señor Roberto del Campo, es que parecen ignorar que la anulación de esa segunda especialidad -que junto a la obligatoria Interpretación componen la actual oferta de la ESAD- supondría la pérdida de la condición de Escuela Superior y su rango universitario.



Y por si fueran pocas dichas contradicciones y despropósitos, las enriquecen con la siguiente ocurrencia: crear una «imposible» Escuela de Arte Dramático y Danza. Probablemente el Espacio Europeo de Educación Superior -«Bolonia»- permitiría la mixtura, ya que admiten hasta los posgrados en «surf» como en el campus de Bidasoa de la Universidad de Mondragón, pero la práctica y el sentido común recomiendan que cada una vaya por su lado. La LOE señala claramente diferentes caminos y es ley. En primer lugar por la diferencia de grado, aunque la ESAD al perderlo se equipararía a «la baja». Pero, además, la práctica de la RESAD de Madrid, a principio de los años noventa, ya aconsejó un camino diferenciado para ambas disciplinas. Otro de los problemas, y no el menor, es la mayoría de edad de los alumnos y alumnas de la ESAD, y los 12 años para el Conservatorio de Danza... ¿Qué pensaran los padres y madres cuando vean en «su centro» algún Taller de Expresión Corporal y Energías Colectivas, con textos de Sergi Belbel y Rodrigo García? ¡Alucinarán en colores!

 

Boni Ortiz es Crítico y Autor teatral

 

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