Un vuelco en el mercado petrolero español

Público

La polémica sobre la españolidad de REPSOL, calentada por quienes no ven con buenos ojos que la petrolera rusa LUKOIL entre en su capital, concierne a un sector donde la presencia foránea es ya de por sí notable. Las carreteras de todo el país están moteadas de estaciones de servicio cuyas enseñas corresponden a compañías extranjeras, que representan más del 40% de la distribución minorista.

Es el caso de la británica BP, de las portuguesas AGIP y GALP, de las italianas ERG, TAMOIL y SARAS, de las estadounidenses ESSON y CHEVRON, y de la kuwaití Q8, que suman más de 1.500 gasolineras. A ésas hay que añadir otras tantas de CEPSA, participada mayoritariamente por la francesa TOTAL desde octubre de 2006, aunque el BANCO SANTANDER mantiene todavía una participación significativa en ella.

Enfrente tienen a la propia Repsol, que copa casi la mitad del mercado (3.568 puntos de venta), y dos empresas más modestas: DISA propiedad de la familia Carceller, de origen canario, y ESERGUI, que opera en el País Vasco bajo la marca AVIA.

Si en el ámbito de la distribución el reparto es relativamente equitativo, en el de la producción ocurre prácticamente lo mismo: de las diez refinerías existentes en territorio nacional, cuatro están en manos extranjeras (las de Cepsa en Algeciras, Huelva y Tenerife, y la de BP en Castellón). Sin embargo, su capacidad (27 millones de toneladas al año) es inferior a las cinco que posee Repsol incluyendo la de PETRONOR en Bilbao (37 millones).

Todo lo anterior permite deducir que la entrada de Lukoil en Repsol, suponiendo que lleve aparejada el control de la compañía, ocasionará un vuelco en el statu quo petrolífero nacional. Sólo serían españolas 601 de las 7.469 gasolineras (es decir, el 8%) y la refinería especializada en derivados asfálticos que ASESA tiene en Tarragona.

Si eso es mejor o peor, si se puede evitar o es ineluctable, seguramente seguirá dando pie durante algún tiempo a profundos y encendidos debates. Pero está claro que el interés de las multinacionales por hincar el diente al apetitoso mercado español no es nuevo ni responde a una especial voracidad de los rusos, tanto por lo que respecta al petróleo como a otras energías, entre ellas la eléctrica.

Otros extranjeros

Repsol ya cuenta con notables accionistas de fuera. Por ejemplo, PEMEX, la mayor empresa de América Latina, de carácter público (su presidencia recae en el secretario mexicano de Energía), tiene un 6% de la petrolera española. BARCLAYS es propietario de otro 3,2% y CHASE NOMINEES representa un 9,8% de las acciones. SACYR, LA CAIXA, CAJA CATALUNYA y MUTUA MADRILEÑA, que acumulan el 38%, son los grandes socios españoles de Repsol. En Bolsa hay otro tercio del capital.

El antecedente de Endesa

La segunda mayor eléctrica española, ENDESA, está gestionada por ACCIONA y la preside José Manuel Entrecanales. Sin embargo, la constructora sólo es dueña del 25% del capital, pues el 65% restante pertenece a ENEL, compañía controlada por el Estado italiano. Ambas se hicieron conjuntamente con Endesa en octubre del año pasado, bajo el compromiso de que los españoles se mantendrían al timón, al menos durante cierto tiempo, por exigencias del Gobierno.

Un referente claro

Este modelo puede ser el que finalmente se tome en el caso de Repsol, si es que Lukoil sigue adelante con sus plantes, cosa que está por ver, habida cuenta las trabas que se le están poniendo. La petrolera española seguiría pilotada durante cierto tiempo por el equipo de Brufau, con el apoyo de La Caixa, y se dejaría el campo libre a los rusos más adelante cuando amaine el temporal. Lo que no parece probable es que Lukoil vaya a conformarse con ser indefinidamente un simple socio financiero.

Top