Abalorios

Se van a hacer dos torres de 100 metros de altura en Roces, y no lo entiendo

LNE

De inmediato sentí la necesidad de escribir un artículo comentando este hecho, y mientras lo escribo o no, veo que todos aplauden las dos torres de Roces? y me quedo aún más perplejo. Desde luego no es fácil determinar cuál es el número de alturas adecuado para un edificio. No existe una línea obvia a partir de la cual todos podríamos decir objetivamente que un edificio es desmesurado. Pero hay algo que casi nunca falla: la sensatez. El inconveniente que tiene la sensatez es que, por sí misma, tampoco determina si un edificio debe tener 2, 4, 10 o 50 plantas.


Para poder llegar a conclusiones podemos complementar la sensatez con el método de reducción al absurdo: parece evidente que dos o tres alturas, en este caso, no es razonable. A priori parece que tampoco 60, 50 o 40 alturas son razonables. Si seguimos subiendo el límite inferior y bajando el límite superior llegaremos a lo que podemos llamar una horquilla de racionalidad y entiendo que 10 o 12 alturas ya estaría bien.


De toda esta aventura, me deja perplejo especialmente el entusiasmo desbordante que muestran los regidores. Esto me parece, como mínimo, imprudente e irreflexivo, y sólo se comprende si por urgencias no se han parado a analizar pros y contras. No han pensado, o no les importa, el agravio comparativo que esta improvisación, supone. ¿Los arquitectos y promotores del resto de las parcelas de Roces podrán proponer esto mismo, o lo que les venga mejor? Seguramente no. Y esto da como resultado la arbitrariedad: el mayor pecado que se puede cometer en urbanismo. Tú, sí; tú, no. Tampoco han pensado, o no les importa, destruir un plan. Entendiendo que un plan es un modelo elaborado anticipadamente con intención de conjunto y criterios coherentes. Y ésta es una gran diferencia con otras torres, las del plan de vías: allí estaban / están propuestas torres desde el primer momento, y es por tanto un planteamiento coherente en su conjunto (con el que, naturalmente, se puede disentir).


Los regidores reaccionan como si éstas fueran las primeras torres de Gijón, en cuyo caso, al menos, cabría el perdón de la inexperiencia. Creo que antes de «hacer la ola» ante esta ocurrencia (interesada) deberían pensar en los ejemplos que ya tenemos de torres. Tenemos, por un lado, la torre Bankunión? pero ¡ah, naturalmente, éstas no van a ser así!, éstas van a estar bien, aunque nadie puede asegurarlo. Tenemos también una torre frente al palacio Revillagigedo, otra torre (reciente) un poco más delante de El Corte Inglés, otra en la rotonda de Foro (difícilmente explicable), tenemos otra en? en fin, en muchos sitios. Pero, claro está, estas son diferentes, porque éstas «van a estar bien».


Entiendo que ahora nos están vendiendo el atractivo de las ideas, de lo inmaterial (digital, además) y parece que los entusiastas no se han parado a «ver» las torres donde y como realmente serán: al lado de un montón de edificios de cuatro, cinco y seis plantas, emergiendo unos ¡80! metros por encima de la ronda, ¡50! metros por encima de la Autovía Minera, ¡85! metros por encima de los depósitos municipales de agua, ¡65! metros por encima de las lomas de su entorno, etcétera, etcétera.


El argumento de los edificios-puerta-torre tampoco resulta sostenible y creo que sólo se puede argumentar por puerilidad o interés. Me explico: si constantemente hacemos torres-puerta donde se acaba la ciudad tendríamos en Begoña, en la Puerta de la Villa (naturalmente), tendríamos en Pumarín? y, en cualquier parte, porque la ciudad crece constantemente, y resulta infantil o malintencionado utilizarlo como argumento.


Por otra parte, no puedo evitar reflexionar qué habría ocurrido si la propuesta hubiera venido de un arquitecto local o regional... Pero resulta que la propuesta se expone con retórica brillante, parafernalia informática y apoyado en sesudos estudios de soleamiento realizados en Cambridge (ojo: para sus edificios). Por supuesto, si los estudios estuvieran hechos en Viesques, no tendrían el mismo glamour.


Quiero terminar exponiendo la sensación que me produce este asunto: me siento como un indígena de la selva amazónica que ve como llegan exploradores blancos y nos deslumbran y engatusan con abalorios y espejuelos? y los tomamos por dioses.

 

*Roberto Riestra es arquitecto
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