Astrólogos y juristas de prestigio

Ser jurista “de prestigio” y adorar a un dios capaz de dictar castigos de tortura eterna por un delito, como fornicar, debería estar inhabilitado para ejercer de juez y Fraga para ocupar un escaño
Público

 

Manuel Fraga, convencido de que más sabe el diablo por viejo que por sabio, y decidido a consolidarse como el político más viejo, ya que no el más sabio, nos alertaba el otro día sobre la biografía errática del juez Garzón, antes de que a alguien se le ocurra elegirle presidente de la Audiencia Nacional. Habría que analizar antes su “trayectoria entera”, dijo, y añadió: “Los organismos judiciales del señor Carlos Dívar (presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial) y compañía sabrán lo que tienen que hacer”.

Dejando aparte que Fraga, por “su trayectoria”, debería estar incapacitado de por vida para tener asiento en un parlamento democrático, uno de esos ejemplos es, precisamente, el de Carlos Dívar, católico de misa diaria, sobre el que cae la posibilidad de que algún día tenga que emitir juicio sobre casos de aborto u otras cuestiones en conflicto frontal con sus creencias.

Es jurista “de prestigio”, pero adora a un dios que castigó a muerte a dos criaturas que vivían en el Paraíso, a ellos y a sus descendientes, por el delito estúpido de haber comido el fruto del árbol prohibido. Un jurista que adora a un dios, al que supone el paradigma de la bondad y la justicia perfectas, capaz de dictar castigos de tortura eterna, por un único delito, como fornicar… Un jurista así, con un sentido tan peculiar de la justicia, adorador de dioses torturadores que juzgan nuestros actos mediante leyes caprichosas, debería estar inhabilitado para ejercer de juez, aunque no dudo de que podría llegar a ser un espléndido fontanero, cabildo catedralicio, o Papa, si me apuran.

Pero ya veis, ni él ni el presidente del TSJV, “más que amigo” de Francisco Camps, están inhabilitados para impartir justicia.

Es imposible que en privado adoren a seres mitológicos vengativos, volubles, arbitrarios (los ingredientes con los que se fabrican las injusticias), y en su vida pública se nos presenten como guardianes de leyes humanas que en conciencia no pueden acatar. O nos mienten a nosotros o mienten a su dios. O a todo dios, quizá.

No sé a vosotros, pero a mí me daría mucho miedo tropezar con un psiquiatra, firme creyente en la astrología y el Tarot, que pensara que esto mío, por ejemplo, no tiene nada que ver con la depresión o un trauma infantil, sino que podría ser consecuencia de que a los piscis nos va fatal la conjunción de Venus y Marte.
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