El Moscardón americano

 

No es mosquito, es abejorro,

más feo aún, moscardón

con un tupé bien cardado,

un verdadero c…ón.

No es el Aedes aegypti,

ese mosquito jodido

que lleva el dengue en sus patas

y la ckikunguña en el pico.

Es un moscardón, ya saben,

que a fuerza de grandes pagos,

de comprar a candidatos,

montar saraos con globos

y pasear la familia

full de hijos interesados-

ha conseguido medalla

de retrasado[1] potente

aspirante a presidente

de un país peor que el nuestro.

 

Españistán, no lo olvides,

tiene presidente insecto,

abejorro es a escondidas,

mentiroso hasta en su vuelo

que aunque a inmigrantes y pobres

bien quisiera exterminar,

nuestro abejorro en el plasma

la boca sabe cerrar,

tanto, sí, que no la abre:

esta es una gran verdad.

 

Volviendo al americano

-al mal llamado magnate,

pues en realidad es magneto

que atrae, con voz de farsante,

a zombies con hamburguesa-

les va a dar a los votantes

no solo su merecido

sino una especial propina:

 

Magistrados por decreto

(antiaborto, por supuesto)

Presupuestos de millones

robados a sanidad

y entregados, por sus huevos,

al gran guardián militar.

 

Fronteras bien protegidas

del virus de los hispanos,

con muros infranqueables

bloqueando al apestado.

 

Una perfomance bien chula

que anuncia la reapertura

de un hotel de cero estrellas

que ha de volver a llenarse

de malos e indeseables,

los que molestan, los negros,

solo con darte su mano.

(En efecto, el hotelazo

es la cárcel de Guantánamo)

 

El del tupé va a inventar

una disciplina nueva

con la que poder limpiar

su estadounidense casa:

¡Deportaciones en masa!

 

Más fanático será

que aquellos que ha de limpiar,

por eso nos anticipa

que, de su país grandioso,

expulsará al musulmán.

 

Esto es solo un anticipo

de lo que el mundo tendrá

cuando lleve a este cretino

a ocupar el pedestal

de PRESIDENTE ANORMAL.

Más no gires tu cabeza,

mejor no mires a un lado:

 de presidente te espera

otro abejorro tarado.

 

[1] Respetuosamente, sin comparación ni alusión con las personas con alguna discapacidad mental, que son, por cierto, menos discapaces que él.

 

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