Por un Proceso Constituyente (27)

No existe soberanía popular sin soberanía económica ni tampoco existe soberanía económica si estamos intervenidos no sólo mediante la moneda única (que no común), el euro, sino también a través de los dictados de la Troika
Viñeta: ENEKO

 

"La democracia y la monarquía, por incompatibles, chocan frontalmente. De modo que la Transición de una dictadura hacia la democracia nunca podrá ser efectiva con un rey como jefe del Estado por medio, y menos todavía si este fue creado e impuesto a su medida y semejanza por el propio dictador a espaldas del pueblo. En todo caso, la denominación más correcta sería la de traspaso"

Paco Azanza

Llegados a este punto, y para no perder mucho el norte en esta serie de artículos donde proclamamos la necesidad de impulsar un Proceso Constituyente (previo proceso destituyente), para alcanzar una nueva Constitución (no una reforma de la actual), y un nuevo proyecto de país (no un resideño del actual), vamos a enumerar a continuación una breve reseña de necesidades absolutamente irrenunciables si es que queremos ser fieles a la ruptura democrática con el régimen del 78, donde se nos vendió una "modélica" Transición para cambiar algunas cosas sin cambiar nada en el fondo, o lo que es lo mismo, que todo quedara "atado y bien atado para el futuro" (en expresión del propio dictador Franco). El Proceso Constituyente debe renunciar a nuestra permanencia en la OTAN, en la Unión Europea neoliberal y en el sistema euro, debe renunciar a la Monarquía y avanzar hacia la República Social, Federal, Democrática, Socialista, Laica, Solidaria y Participativa. Debemos romper con la política exterior en claro alineamiento con los Estados Unidos e Israel, renunciando a la guerra en el propio texto constitucional y abogando por una clara y definida política exterior pacifista. Debemos afianzar y definir los puntos claves para una política y un modelo de sociedad feminista, en claro enfrentamiento a los postulados del heteropatriarcado y vinculando a la mujer a todas las estructuras de poder. Debemos confeccionar un nuevo texto constitucional en clara sintonía con los postulados del ecologismo, reconociendo a la propia naturaleza como sujeto de derechos, y definiendo los mecanismos oportunos que consagren nuevos modelos energéticos, y nuevas formas de producir, consumir y reciclar, con pleno respeto a los ecosistemas naturales. Debemos diseñar un Estado Laico que no vincule su actividad, sus símbolos ni sus mensajes a ninguna confesión religiosa. 

 

Asímismo, debemos blindar el conjunto de derechos políticos, civiles, sociales, laborales, económicos, culturales y medioambientales, para que nunca puedan ser objeto de recorte, suspensión o privatización. Ello incluye por supuesto todo lo relativo a los servicios públicos fundamentales (sanidad, educación, pensiones, servicios sociales, dependencia...), así como a los derechos y libertades públicas fundamentales (subsistencia, renta básica, trabajo, vivienda, igualdad, cultura, justicia, seguridad, aborto, muerte digna, libertad de expresión...). También se deben acordar los mecanismos para realizar una auditoría pública y ciudadana de nuestra deuda, para comprobar su origen, catalogarla y diseñar los mecanismos de negociación, pago o repudio de la parte de la misma que sea considerada odiosa, insostenible, ilegítima o ilegal. Es asímismo de importancia capital que el Proceso Constituyente declare las reglas por las que "toda la riqueza del país debe mirar al interés general" (parafraseando a nuestra actual Constitución), y ello incluye los procesos de nacionalización de sectores productivos estratégicos ligados a suministros fundamentales (energía, agua, transportes, banca...), así como de devolver al sector público determinadas empresas o servicios que se hubieran privatizado. El Proceso Constituyente también deberá definir los nuevos cauces del Empleo Público (Renta Básica y Planes de Trabajo Garantizado, unido a las convocatorias de empleo público de las diferentes Administraciones), para alcanzar de nuevo un modelo de empleo donde el Estado vuelva a situarse como último garante del mismo. Todas estas radicales propuestas y transformaciones nos están demostrando que no caben en el actual marco constitucional, que el régimen del 78 ya no sirve, y que tenemos que diseñar otro proyecto de país.

 

Es un régimen obsoleto y encorsetado, que provoca que la Carta Magna esté hoy día absolutamente deslegitimada, es decir, se haya convertido en papel mojado. Si no ponemos en cuestión este agotado régimen, nuestra sociedad continuará su camino imparable hacia la barbarie, y lo hará en todas sus dimensiones: política, territorial, social y económica. Porque lo que se esconde tras esta interminable crisis (en realidad estafa-oportunidad) es la irreversible decadencia del sistema capitalista en su versión neoliberal y globalizada. Las decadentes élites que nos gobiernan no quieren repartir un excedente cada vez más reducido, como consecuencia de su modelo depredador. De ahí que el sistema sea incompatible con la propia democracia. Hay que emprender con decisión y urgentemente otro camino, y justamente ese camino es lo que el Proceso Constituyente tiene que definir y delimitar. Y ese modelo de sociedad al que aspiramos es lo que tiene quie reflejar la nueva Constitución surgida del mismo, y todo el entramado legal y jurídico que la complemente. No existe en el contexto actual salida alguna para nuestros problemas sociales, económicos y políticos si no atacamos las raíces de los mismos, es decir, si no procedemos a una profunda transformación de los pilares donde se asienta nuestro modelo de sociedad. Por ello es absolutamente necesario el Proceso Constituyente. Ello implica la transformación integral del propio sistema, remover sus cimientos, deconstruir lo que hay y volver a construir encima. Es decir, el Proceso Constituyente es en realidad la materialización ciudadana de una revolución democrática, pacífica, social, participativa, popular y plurinacional. 

 

No podemos ir saltando de crisis mala a crisis peor, crisis sistémicas (porque las crea y las necesita el propio sistema para continuar hasta su autodestrucción), que amenazan la sostenibilidad de las vidas humanas, de animales y del resto del planeta. No podemos continuar siendo víctimas de un sistema tiránico y despótico que depreda todo lo que encuentra a su paso, y que necesita de la muerte y de la destrucción de millones de seres humanos, amenazando la vida de sociedades completas. Por eso, porque no nos rendimos, porque amamos la vida y a nuestro planeta, porque aspiramos a sociedades justas, avanzadas, solidarias y en paz, donde desarrollar vidas dignas, sin la incertidumbre de no saber qué nos espera mañana, o la semana que viene, o el mes próximo, o el siguiente año...por todo eso, necesitamos el Proceso Constituyente. Un proceso popular que desde abajo, con carácter plurinacional, y producto de un fuerte empoderamiento social y democrático permita la participación directa del pueblo en el debate, discusión y elaboración de una nueva Constitución. Una Constitución que diseñe otras reglas de juego, que ponga la economía al servicio de las personas, que garantice todos los derechos humanos y de la naturaleza y los animales que la habitan, donde los pueblos y naciones que históricamente forman este acervo cultural, político y geográfico que llamamos España puedan cooperar y confraternizar bajo un marco de carácter republicano que reconozca el libre ejercicio del derecho de autodeterminación, porque no podemos obligar a ningún pueblo a vivir junto a otro a la fuerza, en pro del mantenimiento del sistema de dominio de unas élites. 

 

Pero no nos engañemos: no existe soberanía popular sin soberanía económica. Y tampoco existe soberanía económica si estamos intervenidos y controlados no sólo mediante la moneda única (que no común), el euro, sino también a través de los indecentes dictados y controles de los hombres de negro de la Troika. Porque en esta era del capitalismo globalizado y de las instituciones y organismos supranacionales que los mantienen, los acuerdos negociados al margen de las instituciones democráticas son los instrumentos utilizados por los poderes financieros para socavar la democracia, para prostituirla, para vaciarla de contenido, ignorando la voluntad popular. Para eso existen la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, los Tratados de Libre Comercio, etc. Por todo ello, la tan ansiada soberanía económica sólo será posible si salimos de los "planes de austeridad" rompiendo con la trampa del euro, si desobedecemos los tratados europeos, si auditamos nuestra deuda pública (por ser un claro instrumento de dominio de estas mismas élites), si nos salimos de todas las organizaciones que consagran el terror y la guerra (como la OTAN), y si rechazamos todos los Tratados de Libre Comercio donde nuestro país esté participando o haya suscrito. Todos ellos son mecanismos de dominación del capitalismo transnacional y de sus otras vías, que sólo conducen a las sociedades a la precariedad, a la desigualdad, a la miseria, a la barbarie, a la devastación, al sufrimiento, al terror y a las guerras. No podemos continuar por este miserable camino. Es un camino abocado al fracaso. Al fracaso como personas, al fracaso como pueblos, al fracaso como sociedades y al fracaso global. El Proceso Constituyente es la cita de nuestro país con su nuevo proyecto, para cambiar su destino. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Viñeta: ENEKO

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