Por la senda del Pacifismo (98)

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Por la senda del Pacifismo (98)

 

La No Violencia es un estilo de vida, un modelo de sociedad hacia el que se quiere caminar y un método de lucha revolucionaria. Se basa en valores como: verdad, legitimidad, coherencia entre medios y fines, horizontalidad y respeto máximo a la persona humana sea cual sea el rol social que desempeñe

Asociación Antimilitarista MOC

 

BLOQUE TEMÁTICO VII: DESARME NUCLEAR.

 

En este séptimo bloque temático que ahora comenzamos, y como su título indica, vamos a hacer una incursión en el panorama de las armas nucleares, y de su necesaria y paulatina retirada, para poder conseguir un mundo pacífico. Desde su uso en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial, las armas nucleares dieron al mundo una feroz visión de su infernal potencia. Hoy día las armas nucleares son cientos de veces más potentes que aquéllas que se usaron contra las poblaciones de Nagasaki e Hiroshima, y por las cuales, por cierto, aún no ha pedido perdón Estados Unidos. Pero como nos recuerda Víctor Arrogante en este artículo, del cual tomaremos datos e informaciones en lo que sigue, era un 9 de julio de 1956 cuando los Estados Unidos comenzaban una nueva era de armamento. Se refiere a la bomba H. Afortunadamente, aunque no se le haga mucho caso, tenemos desde el año pasado en el seno de la ONU el primer tratado legalmente vinculante que prohíbe las armas nucleares. La noticia puede consultarse en castellano desde esta página. Después de aquéllas bombas atómicas que marcaron el fin de la segunda contienda global, la primera bomba termonuclear fue detonada en Enewetak (atolón de las Islas Marshall) en noviembre de 1952. La temperatura alcanzada en la zona cero fue de más de 15 millones de grados, tan caliente como el núcleo del Sol, durante unas fracciones de segundo. 

 

En Japón murieron 105.000 personas en Hiroshima y 120.000 en Nagasaki, y 130.000 resultaron heridas. Japón en 1967 adoptó los que se conocen como los Tres principios antinucleares; principio de no producción de armas nucleares, principio de no posesión de las mismas, y de no autorización de las mismas sobre su territorio. La bomba atómica o bomba de fisión nuclear se basa en la división de un núcleo atómico en dos o más núcleos pequeños, generando una reacción en cadena y la liberación de enormes cantidades de energía en forma de radiaciones gamma y energía cinética. Por su parte, la Bomba H (o Bomba de Hidrógeno) es una bomba térmica de fisión/fusión/fisión o bomba termonuclear, que se basa en la obtención de la energía desprendida al fusionarse dos núcleos atómicos, en lugar de la fisión de los mismos. Para que se produzca la reacción, es necesario un aporte considerable de energía que sólo puede ser provisto por la detonación inicial de una bomba de fisión que hace las veces de gatillo, lo que convierte a la temible Bomba H en una doble bomba atómica. Las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki delimitaron claramente un antes y un después en el devenir armamentístico, y constituyeron uno de los acontecimientos más trágicos de la reciente historia mundial. Marcaron un peligroso hito que lejos de representar un "Nunca más", representó un nuevo impulso al uso de armas nucleares. Así las cosas, en 1955, Bertrand Rusell, apoyado por Albert Einstein, presentaba el Manifiesto "Una declaración sobre armas nucleares", firmado por 11 científicos e intelectuales de primera fila de aquél entonces. 

 

Dicho documento alertaba sobre la peligrosidad de proliferación del armamento nuclear, y solicitaban a los líderes mundiales la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos internacionales. Pero esas recomendaciones cayeron, como siempre, en saco roto. Porque un año después se probaba la bomba H, y después la bomba de uranio, de plutonio, de neutrones, así como la bomba sucia de uranio empobrecido. Una escalada de armamento nuclear y de armas de destrucción masiva que continúa en la actualidad, y que coloca el destino de la humanidad al capricho del dedo pulsador de un destructivo botón nuclear. Como decíamos más arriba, han tenido que transcurrir más de 72 años desde el lanzamiento de la primera bomba atómica, para que la ONU (de la que hablaremos a fondo en su correspondiente bloque temático) adopte un tratado para prohibir por primera vez las armas nucleares. Por supuesto, y como era de esperar, todas las grandes potencias atómicas del planeta han boicoteado el acuerdo, que fue respaldado por 122 países. Pero no tenemos otro camino que seguir insistiendo, la senda del pacifismo ha de imponerse no sólo como el mejor camino, sino como el único posible si queremos continuar habitando nuestro ya deteriorado planeta. Los 9 Estados con capacidad nuclear que no participaron en las negociaciones de este tratado (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, Corea del Norte, India, Pakistán e Israel), consideran que el tratado es una medida poco realista en el tenso contexto internacional de hoy, y que por tanto no cambiará nada. Y es que mientras no se den pasos firmes y conjuntos hacia el convencimiento multilateral de la senda pacifista, ninguna de dichas peligrosas potencias renunciará a su carrera nuclear. Y como ya se ha demostrado, la ciencia puesta al servicio de la destrucción no traerá nada bueno para el desarrollo de la humanidad. 

 

En el tratado de la ONU que estamos comentando (volveremos a él en posteriores entregas) los países firmantes se comprometen a no desarrollar, adquirir, almacenar, acoger en su territorio, usar o amenazar con dichas armas nucleares u otros dispositivos similares. El preámbulo del acuerdo recoge textualmente que "eliminar por completo esas armas es la única manera de garantizar que no se volverán a utilizar". Estamos convencidos de ello, pero por lo visto, las grandes potencias imperialistas (con Estados Unidos a la cabeza, el más invasor, agresivo e imperialista de todos ellos) no lo están. Y el destino de toda la humanidad depende de ellos. Se han hecho grandes progresos en el campo de las armas químicas, de las armas biológicas, pero no ocurre igual en las armas nucleares, cuya amenaza pesa como una losa sobre nuestras cabezas. Somos víctimas a nivel mundial de la temeridad de un conjunto de gobernantes absolutamente irresponsables, que no aman ni a sus países, ni a sus poblaciones, ni a este planeta. Sólo quieren saber quién es el más agresivo, quién es el más temerario. Y así nos va. Hemos de convencer a todos estos países, cada cual aportando su granito de arena, del imperativo ético del desarme nuclear, y de la urgencia de alcanzar, y después mantener, un mundo libre de este tipo de amenazas. La promoción del desarme nuclear es hoy día ciertamente una labor política y social absolutamente prioritaria. Para lograrlo sólo hay que alcanzar un pleno convencimiento sobre la necesidad de la senda pacifista. Ya lo subrayábamos desde los primeros artículos de esta serie. De hecho, estuvimos insistiendo durante varias entregas, y desde múltiples puntos de vista, en que sólo la plena y absoluta asunción de los postulados pacifistas tenían cabida en sociedades pacifistas. Pero aún nos queda mucho camino para alcanzar dicho estadío. 

 

La iniciativa de la ONU, insuficiente como siempre, no hace más que reflejar la tremenda preocupación de la comunidad internacional ante las catastróficas consecuencias humanitarias que traería el empleo de las armas nucleares, y reconoce por tanto la imperiosa necesidad de eliminarlas. Diversas zonas en conflicto a nivel mundial nos amenazan hoy día, donde quizá el conflicto en Siria sea el más representativo. La posibilidad de guerra nuclear no es descabellada, sino absolutamente real. Incluso mayor que durante la Guerra Fría, cuando dos grandes bloques militares se respetaban en silencio. Pero mirado con cierta perspectiva, parece que aquéllos dirigentes eran más responsables que los actuales. O bien que tenían más recientes en sus almas y sus corazones las terribles consecuencias de un conflicto nuclear. En cualquier caso, junto con el cambio climático, la posibilidad de utilización de armas nucleares es, con mucho, el más grave y serio problema que arrastra la humanidad, y que en su desarrollo actual, sería capaz de aniquilar todo ser viviente de la faz de la Tierra. No podemos consentirlo. Hay que desarrollar campañas, movilizarse masivamente, apoyar a los grupos y organizaciones antimilitaristas, y arengar a los foros internacionales para que empujen con todas sus fuerzas para poder llegar a alcanzar acuerdos mundiales vinculantes, que pongan negro sobre blanco el compromiso real de eliminar progresivamente todo el arsenal de armas nucleares. No podemos continuar por la destructiva senda nuclear. Tarde o temprano, si no desandamos este peligroso camino, seremos víctimas de nuestro propio destino. Pero como se afirma en la saga cinematográfica "Terminator", de Arnold Schwarzenegger: "El destino no está escrito. Sólo existe el que nosotros creamos". Continuaremos en siguientes entregas.

 

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