Juego de espejos

 

 

Después de dos elecciones, de una investidura imposible debido a lo que era un problema entonces, – los votos de los partidos nacionalistas o independentistas, para unos; la abstención para otros – pero que hoy ya no lo es, y una abstención del PSOE permitiendo gobernar al PP durante  estos dos últimos años, henos de nuevo retrotraídos dos años atrás. Cierto, algunas cosas han cambiado desde entonces.

Hoy la mayoría de los especialistas reconocen que la recuperación económica solo ha beneficiado a la minoría poderosa; que si disminuye el paro, los salarios y la garantía del empleo también incrementando así la precariedad laboral y social; que la brecha entre los más ricos y más pobres se dispara, 10 millones están por debajo del umbral de la pobreza mientras que los beneficios empresariales se incrementaron de un 200 %.

Pero no ha sido esta realidad la que nos ha llevado de nuevo al punto de partida. La burguesía, además de querer lavar la cara de la justicia, – después de sus hazañas condenando a twitteros, escritores, humoristas, cantantes y otros titiriteros; a trabajadoras y trabajadores por ejercer su derecho a huelga o movilizarse por la defensa de lo público; por su actuación en el conflicto catalán o en el caso de la “manada” – también quiere lavar la del PP. Por eso Ésta ha decidido que llegó la hora de cambiar el actual gestor de sus negocios. Esa es la verdadera razón.

Los principales partidos del arco parlamentario, partidos dichos de oposición, hablan mucho de marco constitucional, de estabilidad, de estado de derecho, de democracia, de lógica y de regeneración, pero muy poco de la situación vivida por la clase trabajadora. Están más preocupados por la táctica política que tienen que emplear para encontrarse en una posición ventajosa, en vista de unas elecciones anticipadas, cada vez más probables, para poder ocupar ese puesto de gestor.

Por eso no hay que hacerse muchas ilusiones o desilusiones en cuanto a la moción de censura, acabe como acabe; por ahora todo apunta a que ésta no prospere. La corrupción del PP que siempre ha sido un secreto a voces e inhabilitó o apartó a jueces poco flexibles, hoy obliga a sus empleadores – la credibilidad de su empleado está cuestionada – a situarnos de nuevo delante una encrucijada o mejor dicho, delante de un juego de espejos, en los que por el momento vemos a los presuntos futuros gestores en sus respectivos tacos de partida.

La burguesía no corre ningún peligro. No serán ni PSOE ni Ciudadanos quienes pondrán en peligro el orden social establecido, los dos partidos han hecho sus pruebas acordando su apoyo al PP en la aplicación del 155 en Cataluña, entre otras muchas cosas. Tampoco serán ellos los que darán un vuelco a las condiciones desastrosas en la que se encuentra la clase trabajadora. Y tampoco pondrán un término a la guerra que la burguesía declaró al conjunto de la las clases populares.

 En cuanto a Unidos-Podemos, el tercer partido más importante del arco parlamentario, por ahora, solo se posiciona en relación con la moción de censura – moción de censura, sea dicho de paso, que parece ser una cantinflada ya que por lo visto, según las últimas noticias, ésta se dirigiría únicamente a los parlamentarios a título individual – estableciendo como principal objetivo sacar a Rajoy de la Moncloa.

Por lo menos en estas últimas horas, apoyarse en las movilizaciones exitosas que estos últimos meses han ocupado las calles, para ensancharlas y generalizarlas, dicho partido no se lo plantea. Quizás se lo plantee una vez pasadas la moción de censura y las más que probables elecciones, o dicho de otra manera, una vez que cesen las movilizaciones llevadas a cabo hasta ahora por agotamiento.

A lo largo de la historia, una respuesta masiva de la clase trabajadora, siempre ha sido necesaria para defender sus propios intereses. Hoy podríamos hacer coincidir esa necesidad con la actual inestabilidad política creada por la combatividad y el hartazgo de una parte de la población frente a la ignominia y cara dura de los poderosos, para poder jugar nuestra baza.

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