Arquitectura de la Desigualdad (92)

El capitalismo construye una alianza entre los poderes políticos y económicos, mediante la cual es el poder económico el que gobierna y ordena al poder político lo que hay que hacerViñeta: ENEKO

 

"Las tesis neoliberales han llevado al mundo al borde de la ruina al propugnar las bondades económicas de los mercados libres y sin restricciones y la reducción al mínimo de las funciones del Estado a favor de la iniciativa privada"

Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía)

 

En la entrega anterior ya expusimos un somero análisis de las características de nuestro actual mercado laboral, absolutamente precarizado, tanto para las personas activas como para los desempleados, tanto para los jóvenes como para los mayores, tanto para los hombres, como (y sobre todo) para las mujeres. Nos quieren hacer ver que todo ello es consecuencia de la crisis que sufrimos, pero en realidad obedece a una planificada arquitectura para aumentar la desigualdad, tal como venimos contando. Para sostener todo este tinglado, el capitalismo se basa en el dogma neoliberal globalizado, que defiende una serie de valores (los expusimos ampliamente en este otro artículo de nuestro Blog), y fomenta el cultivo de una serie de mantras absolutamente falaces. Como muy bien explica Alejandro Teitelbaum en su obra "Capitalismo por dentro": "Conviene aclarar que, contrariamente a la expresión utilizada habitualmente, en realidad quienes "dan" trabajo no son los patrones sino los trabajadores, en parte a cambio de un salario y en parte gratuitamente (el resultado del trabajo excedente --plusvalía-- del que se apropia el capitalista). Esta idea de que los empresarios son los que "dan" trabajo a los trabajadores, forma parte del arsenal ideológico de las clases dominantes (...). El mensaje es que, si no fuera por los capitalistas, los trabajadores no tendrían trabajo y se morirían de hambre". Luego, por tanto, rebelémonos contra tanta falacia: ¡Basta ya de tanta mentira! La riqueza no la crean los empresarios, la riqueza procede únicamente de dos fuentes, como son el trabajo humano, y la propia naturaleza. Lo que ocurre es que los empresarios han instrumentalizado su propio papel en la sociedad para su beneficio, y nos presentan como "aportaciones" magníficas para la riqueza social el constante crecimiento de sus empresas, cuando dicho crecimiento sólo les beneficia a ellos, los dueños y los grandes accionistas de las mismas. 

 

El capitalismo construye una alianza entre los poderes políticos y económicos, mediante la cual es el poder económico el que gobierna y ordena al poder político lo que hay que hacer. Como nos cuenta este artículo de Vicente Clavero, para el medio Publico, hasta un total de 58 ex altos cargos políticos trabajan para las grandes empresas del IBEX-35. Casi la mitad militan en el sector energético. Y sólo contabilizando los que pertenecen a los Consejos de Administración de las grandes empresas y bancos se embolsaron más de 18 millones de euros durante 2016. Constitiyen lo que hemos denominado "La trama", término (creo recordar) bautizado de esta forma por Manolo Monereo. Porque en efecto, se trata de una trama de poder (corrupto) político y económico, en base al mecanismo de las "puertas giratorias" (explicado a fondo en este otro artículo de nuestro Blog), que establecen relaciones de complicidad, influencias y decisiones al más alto nivel, para beneficiar a todos los implicados. Vicente Clavero sostiene que de las 35 compañías del índice bursátil, 22 de ellas tienen contratado a algún ex alto cargo público, casi siempre procedente de la Administración Central, y en menor medida del ámbito autonómico. No se trata por tanto de un fenómeno aislado, sino de un funcionamiento normalizado y estructural, por el cual la función de los políticos después de sus mandatos es retirarse a los Consejos de Administración de las empresas, justo a las entidades que ellos (o sus colegas) contribuyeron a privatizar. Y por el contrario (en el otro sentido de la puerta giratoria), algunos cargos políticos se eligen también por su dilatada experiencia en el mundo empresarial. 

 

Bien, dicho esto, desmontemos otra constante falacia que argumentan. El discurso político abanderado del capitalismo globalizado, paladín de la desigualdad, se basa en repetir no más de cuatro o cinco frases manidas, sin sentido, que sólo contribuyen a engañar, y a crear un absurdo imaginario colectivo basado en mentiras y en falsedades. En este artículo de su propio Blog, el magnífico periodista de investigación Pascual Serrano nos desmonta, como decíamos, otra falacia común y recurrente, como es la de la famosa "creación de empleo". Nosotros ya la discutimos también en este artículo de nuestro Blog, al que remito a todos los lectores y lectoras interesadas. Vamos a seguir al maestro Pascual Serrano en su exposición. Cuando las grandes empresas comienzan a dar las grandes cifras del supuesto empleo que crean, ello contribuye a extender el famoso mantra. Ahí van algunos ejemplos: El Corte Inglés afirma que ha creado en España 340.000 empleos. Por detrás, el grupo textil Inditex señalaba en septiembre de 2016 que había creado 9.932 nuevos puestos de trabajo durante el último año, de los cuales 2.421 lo fueron en nuestro país. Por su parte, Mercadona afirma dar empleo directo a 75.000 personas. ¡Qué sería de la pobre clase trabajadora sin estos gigantes del empleo! ¡Cuánto tenemos que agradecerles! Es un discurso muy recurrente, que se basa en extender la falacia de que son las empresas las que crean el empleo y la riqueza. Esta idea se basa en considerar que los ciudadanos de los barrios donde se abren estas tiendas, dependencias, instalaciones, almacenes, supermercados, oficinas, etc., comprarán en ellos los suficientes productos como para que se necesite todo ese personal para poder fabricarlos, transportarlos, almacenarlos y venderlos en sus nuevas sucursales. 

 

Ello asume que abrá personas suficientes interesadas en dicha demanda. Pero la mayoría de esos productos son de primera necesidad (ropa, alimentación, calzado, limpieza y aseo, etc.). Y ello implica que ya se estaban comprando con anterioridad a que estos gigantes empresariales llegaran a instalarse en tal o cual barrio de tal o cual ciudad. Es lógico pensar por otra parte que las personas no van a comprar el doble cuando se abran las nuevas tiendas. Lo mismo podemos decir de una tienda de Zara o de unos grandes almacenes como El Corte Inglés, es decir, los vecinos del barrio donde se abra una nueva tienda de Inditex ya compraban ropa antes de que llegaran las empresas de Amancio Ortega. Por tanto, esos puestos de trabajo que dicen que van a crear ya existían anteriormente a la llegada de las nuevas tiendas, y se encontraban en comercios locales que vendían lo que a partir de ahora venderán esas empresas que nos aseguran que "crearán" tanto empleo. Si contratan a todo ese personal es porque deberán atender a un público que dejará de acudir a hacer la compra donde iba hasta entonces, comercios que bajarán sus ventas, hasta que se queden sin empleos los que hasta ese día vendían. De modo que lo único que sucederá es que al "crearse" los nuevos empleos, un número similar de empleos se destruirán en otros comercios. Concretamente, según el estudio "Pasen por Caja", de la ONG Setem, la apertura de una gran superficie supone la pérdida de 276 puestos de trabajo y el cierre de pequeños comercios en un radio de 12 kilómetros. En cambio, quien sí puede crear empleo (indirectamente) es el empresario que no reduce el sueldo de sus empleados, sino que lo aumenta, porque ahora esos trabajadores podrán comprar más alimentos en Mercadona, más ropa en Zara y más de todo en El Corte Inglés, o en el pequeño comercio de su barrio, y además ir más al cine, al teatro, frecuentar más los restaurantes, etc. En resumidas cuentas, mejorar el consumo, para que este hecho incida en el crecimiento de la economía de su país. 

 

Y frente a los modelos de negocio de esos barrios, que se van perdiendo, los modelos de negocio de estas grandes empresas que se instalan son absolutamente insostenibles, basado sobre todo en producir cantidades inmensas a un precio lo más bajo posible. Un modelo insostenible basado también en la precariedad e inestabilidad laboral, fundamentado en bajos salarios, malas condiciones de trabajo y poca o nula sindicación de sus trabajadores. Un modelo insostenible basado, en fin, en la concentración del negocio cada vez en menos manos: de hecho, y según el mismo informe de referencia, Carrefour, Mercadona y Eroski concentran actualmente más del 40% de la cuota de mercado, volviendo, como siempre, a los ricos aún más ricos. Un modelo de negocio, en definitiva, que consagra la arquitectura de la desigualdad. Rompamos este modelo, y comencemos por decir la verdad: en la mayoría de las ocasiones los empresarios no "crean" los puestos de trabajo, sólo se disputan el mercado de consumo, y por tanto, los empleos requeridos para atender dicho consumo. Pascual Serrano lo explica en los siguientes términos: "Si un fabricante de camisas gana (o posee) mucho dinero y abre una nueva fábrica de camisas no estará creando más empleos, porque la gente seguirá comprando las mismas camisas, la diferencia estará en si las fabricará un empresario u otro. Los ciudadanos compramos coches o muebles, nos alojamos en hoteles o estrenamos más ropa en función de nuestro poder adquisitivo, es decir, si nos pagan más en nuestros trabajos y si el Estado presta servicios públicos que nos permiten ahorrar ese gasto en nuestra economía familiar y destinarla al consumo".

 

El capitalismo se basa en la competitividad, cuanto más agresiva mejor, y esto se traduce en la práctica en que la gran mayoría de las empresas privadas no aportan ningún empleo al ya existente, y si lo hacen (o cuando lo hacen) es porque se lo están arrebatando a otro empresario. Y es que como la función social del mercado no existe, la función del mercado no es crear empleos, aunque este sea un mensaje machaconamente repetido desde los poderes, el pensamiento y las clases dominantes. La función de los mercados es única y simplemente generar beneficios para un determinado grupo social. El empleo para el mercado es puramente un elemento secundario en la medida en que para algunas actividades que crean esos beneficios (no todas) necesitan personal, operarios, funcionarios o trabajadores. Pero además, ese hipotético empleo existiría siempre en la medida en que hubiera una determinada demanda de consumo. Se crea empleo cuando se mejoran las condiciones de los trabajadores, y se destruye cuando se empeoran. Pero desgraciadamente, aún asistimos a muchas opiniones que siguen dando las gracias a los empresarios, por su gran labor social de crear empleos, y por la gran riqueza que aportan a su país. ¡Lo que hay que oír! Continuaremos en siguientes entregas. 

 

Viñeta: ENEKO

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