¿Es posible hoy el debate racional, crítico y constructivo entre las izquierdas?

Un análisis de la controversia desencadenada por el libro «La trampa de la diversidad», de Daniel Bernabé

 

¿De qué le sirve poder dudar

 

a quién no puede decidirse?

 

Puede actuar equivocadamente

 

quien se contente con razones demasiado escasas,

 

pero quedará inactivo ante el peligro

 

quien necesite demasiadas.

 

Tú, que eres un dirigente, no olvides

 

que lo eres porque has dudado de los dirigentes.

 

Permite, por lo tanto, a los dirigidos

 

dudar.

 

Bertolt Brecht, “Loa de la duda”

 

 

Este artículo no es un resumen ni un comentario crítico del libro, así que las referencias a su contenido, y al entorno social y político, serán las mínimas necesarias para enmarcar la controversia. Su objetivo es reflexionar sobre la dinámica que esta obra ha desencadenado entre una parte de “las izquierdas”, término con el que designo a las personas y colectivos que, desde diferentes planteamientos y en diferentes ámbitos, trabajamos para cambiar el orden neoliberal imperante y sus brutales consecuencias.

 

El origen de La trampa de la diversidad (en adelante La trampa) se puede conocer a través de la información de la web literaria de la editorial Akal; para formarse una opinión también es interesante leer el artículo de La Marea que dio origen a la obra.

 

Hace más de un mes, en una breve nota consideré que La trampa interpelaba de manera explícita, por lo que es necesario leer el libro para formarse una opinión. Esta observación, que puede parecer una perogrullada, se hace necesaria porque el nivel de agresividad e insultos que ha provocado en las redes sociales parece haber sido elevado (no tengo Twitter para comprobarlo), ya que no hay entrevista al autor en que no se mencione; lo mismo ha sucedido en blogs, revistas y diarios en internet. Se han producido juicios tajantes no en base a lo que el libro dice, sino a lo que los autores de tales juicios han leído que dicen que dice, en algún caso alardeando incluso expresamente de ello.

 

La controversia puede ayudar a la difusión (a finales de septiembre va por la quinta edición), pero es negativa para que sea un documento de reflexión y debate colectivo. Una controversia con formas y contenidos de expresión que el animador confeso de La trampa, Pascual Serrano, denunciaba hace años en una obra clave, La comunicación jibarizada, que nunca llegó a generar ni una mínima parte del ruido que ha generado ésta.

 

El contenido central del libro, dejando a un lado los tres primeros capítulos, sobre el proceso que ha llevado a la situación actual, se puede sintetizar de muchas maneras; yo lo planteo en 11 puntos:

 

a) el orden neoliberal impuesto ha sido asumido como algo natural desde una parte de las izquierdas, que con sus políticas ha legitimado una versión “progresista” del mismo;

 

b) esa asunción se manifiesta en la hegemonía transversal del discurso posmoderno en dos claves: individualismo y relativismo;

 

c) la encarnación social de a) y b) es la denominada clase media, categoría que también se ha difundido como referencia para un amplio abanico de personas de varias clases sociales en oposición a una clase trabajadora fragmentada hasta el mínimo mediante privatizaciones, deslocalizaciones, reconversiones y cambios en la producción y servicios;

 

d) la imposición del referente clase media (u otras categorías abstractas, como la gente o el pueblo) se refuerza porque las izquierdas han marginado los conflictos de redistribución (materiales) frente a los conflictos de representación, centrando su política sobre todo en el lenguaje y lo simbólico;

 

e) esta política da prioridad al discurso de la identidad frente al discurso de la inclusión como elemento identificador, y a un tipo de activismo banal más preocupado por las formas y la difusión que por los contenidos y la continuidad;

 

f) todo ello conduce a desdeñar la condición de clase trabajadora, que se considera como una identidad más, un grave error porque la condición de trabajadora integra, y relaciona, a cada persona con su base material, siendo transversal a todas las identidades;

 

g) el orden neoliberal trabaja para reducir la diversidad de identidades a consumos y estilos de vida diferenciadores vinculados a bienes;

 

h) al relegar los conflictos de redistribución, las izquierdas han abandonado a amplios sectores sociales, víctimas directas del saqueo y las desigualdades que impone el neoliberalismo;

 

i) ese abandono lleva a una parte de esos sectores subalternos a apoyar a fuerzas de la ultraderecha, que combinan un discurso de aparente redistribución con un uso inteligente del conflicto de representación para fomentar la xenofobia y el racismo;

 

j) para hacer frente a esa amenaza es necesario que las izquierdas creen un discurso inclusivo, que integre la diversidad dentro de políticas de redistribución que hagan visibles los conflictos materiales y de clase, en lugar de dejar el campo a la demagogia de la ultraderecha;

 

k) que las izquierdas den prioridad sólo a las políticas de la diversidad es caer en una trampa fomentada desde el neoliberalismo subordinándose a la ideología posmoderna: fragmenta el discurso y aleja de ellas a las clases subalternas golpeadas por las políticas neoliberales.

 

Parte de los mecanismos con los que funciona esa trampa se analizan en el libro.

 

Cabe destacar que el autor deja bien claras dos cosas. Primera, que el libro no es un estudio científico, algo imposible por las exigencias de tiempo que requeriría una obra así; se trata, como él mismo reconoce, de un panfleto propagandístico documentado. Segunda, que el libro no va contra las políticas de representación (contra la diversidad), sino contra los peligros de división que encierra su uso y abuso exclusivo. Esta muestra de honestidad intelectual debería servir para relativizar la crítica a las limitaciones que tiene la obra, para centrarse en la alarma que provoca y el debate que plantea. Lo lógico sería abrir un debate sobre los mecanismos de la trampa, algo que muchas personas que hemos dedicado tiempo al activismo voluntario hemos percibido en varias ocasiones, pero… ¿por qué iba a ser así de sencillo?

 

La polémica desatada evidencia las dificultades de mantener un debate crítico, racional y constructivo entre las izquierdas. Lo sucedido es, valga la paradoja, la mejor ilustración del acierto de lo que denuncia La trampa, y transmite una cierta desesperanza, considerando la gravedad de los conflictos y la destrucción social y ecológica que las izquierdas deben afrontar y, especialmente, la amenaza creciente de las ultraderechas.

 

La trampa fue publicado el 30 de abril de 2018, y para redactar este artículo he revisado unos 32 textos, entre entrevistas, artículos de opinión o reseñas, hasta mediados de septiembre (la relación detallada aparece al final), pero me he centrado en tres textos, los que considero que marcan pautas: los de Alberto Garzón y Juan Carlos Monedero. Como ejemplo introductorio, dos artículos que no tratan de la obra pero que hacen referencia a su trasfondo. Comenzaré por estos últimos.

 

El 19 de mayo, Boaventura de Sousa era entrevistado en el diario digital El Salto. De su entrevista destaco esta declaración:

 

[…] la tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida, es decir, el capitalismo actúa junto con el colonialismo y el patriarcado, y la resistencia está fragmentada. Las mujeres luchan contra el patriarcado pero se olvidan del colonialismo, del racismo o del capitalismo. Los sindicatos, cuando luchan en contra del capitalismo, se olvidan del racismo y se olvidan del patriarcado... Estamos muy fragmentados.

 

Lógicamente hay mucho más, pero esta opinión muestra la conciencia compartida de que las cosas no van bien, y de que la fragmentación es una de las causas.

 

El segundo artículo fue publicado el 27 de enero en El Confidencial, y es de Alberto Garzón; en él reflexiona sobre los malos resultados obtenidos en las elecciones en Cataluña. Tiene un título significativo, “Por qué las clases populares no votan a la izquierda y qué hacer para conseguirlo”, y cuenta con un párrafo igual de significativo:

 

[…] Como hemos explorado en otro lugar, el perfil de ese votante es el de una persona desempleada, poco cualificada, muy expuesta a la competencia económica internacional y con sentimientos nacionalistas que se realzan como una forma de protección ante esa situación general de vulnerabilidad. El problema general, por lo tanto, es que la izquierda no está siendo capaz de atraer a las personas más afectadas por la crisis y por la globalización neoliberal, y ese lugar lo están ocupando los partidos de derechas cuyos proyectos, además, tienen en muchos casos un espíritu reaccionario, racista y antidemócrata.

La tesis que defiendo aquí es que el problema no está en cómo representar a las clases populares sino en cómo ser parte de esas clases populares. Durante décadas la izquierda política europea se ha ido desconectando de los estratos sociales más bajos con discursos cada vez menos vinculados a sus problemas cotidianos al tiempo que ha abandonado la construcción de redes sociales en barrios, vecindarios y centros de trabajo. En lugar de eso la izquierda ha concentrado su actividad en la participación en diferentes ciclos electorales y ha basado su crecimiento electoral en los sectores ideologizados de las autoconsideradas clases medias. Mientras eso sucedía, la globalización ha ido transformando las relaciones económicas y de clase en los países desarrollados, empobreciendo a las clases populares y haciendo descender de escalones a parte de la clase media. Este proceso está lejos de acabar.

 

Ambas citas se complementan, y la reflexión de Garzón es importante por el papel que sus opiniones han jugado en la polémica.

 

El 22 de junio, Eldiario.es publicó una larga entrevista con Daniel Bernabé sobre La trampa; el 24 de junio, en la sección “Tribuna abierta” del mismo medio, aparece un extenso artículo de Alberto Garzón criticando el libro; el 1 de julio, Bernabé publica una respuesta a dicha crítica, y el 6 de julio Garzón vuelve a intervenir con otro extenso artículo.

 

Este intercambio es significativo, no sólo por el peso político de Garzón y porque será lo único (junto con la aportación de Monedero, que mencionaré después) que se acerque a un debate directo, sino porque marcará un antes y un después en la polémica por su proyección, sus contenidos y sus formas. La proyección: muchas de las críticas a La trampa publicadas a lo largo de julio y agosto citarán a Garzón como referente, en la mayoría de los casos sin entrar en lo que expone en sus artículos. Los contenidos: Garzón dedica sus dos extensos artículos a explicar cuestiones que no aparecen en el libro, cuestiones sin duda importantes, complejas, que exigirían mucho más que esos dos artículos para su desarrollo, pero cuestiones que implican cosas diferentes de las que plantea La trampa; lo importante es que Garzón elude (en el primer artículo) todo lo que La trampa expone, y que también elude (en el segundo) la respuesta de Bernabé al primer artículo. Las formas: lo más desagradable es el tono. Garzón no se expresa como corresponde a un compañero de izquierdas preocupado por un conflicto compartido y por el auge de la ultraderecha, sino como si Bernabé fuese un adversario político hostil, al que hay que rebatir demostrando sus limitaciones y su ignorancia.

 

Hay que leer los tres artículos para valorar no sólo lo que aquí he expuesto, sino también las limitaciones y los desvíos de la respuesta de Bernabé al primer artículo; algo que refleja la parte más débil de su libro: la abusiva referencia a la cultura audiovisual estadounidense como vehículo explicativo.

 

Este intercambio a medias es una primera muestra de falta de racionalidad y crítica constructiva, de ausencia de respeto al contenido sobre el que se está opinando. Como muestra, el párrafo final del primer artículo de Garzón:

 

[…] Al fin y al cabo, Bernabé aborda problemas muy reales, muchos de los cuales no he tenido espacio para reseñar (como el del tipo de compromiso militante, la espectacularización de la política, el mercado de consumo en general, etc.) pero que requieren una respuesta adecuada y contundente de la izquierda. Pero, honestamente, creo que el planteamiento de este libro no ayuda a ello.

 

Escribir “problemas muy reales, muchos de los cuales no he tenido espacio para reseñar”, como punto final de un artículo de más de cinco mil palabras que elude el contenido de la obra que critica (“Bernabé no parece querer llegar a ninguna conclusión política tan fuerte como sus hipótesis”, escribe), no es racional, ni constructivo ni respetuoso con el objeto de su crítica.

 

Segunda muestra. En el segundo artículo, Garzón, consciente del tono impropio hacia el autor que imperó en el primero, desliza un comentario positivo: “Como se ha visto recientemente en el debate con el escritor Daniel Bernabé, a quien hay que agradecer su amabilidad y disposición militante así como haber reabierto este debate (...)”; pero no hay nada más: lo que sigue es un texto de 3.600 palabras dedicado a explicar las tesis del propio Garzón sobre las clases sociales; nuevamente elude el contenido de La trampa y la respuesta de Bernabé. El penúltimo párrafo es incluso peor que el último del primer artículo:

 

Y es que, además, de los conflictos de clase hay otros muchos otros conflictos que no son de clase, y que a veces tienen implicaciones sociales incluso más fuertes –y algunos de ellos son identitarios, como el nacionalismo. La izquierda tiene que atender todos ellos. El problema emerge cuando se subraya sólo uno de ellos (sea el animalismo, el obrerismo o cualquier otro). Pero no hay ninguna trampa, o no diferente de la que podría existir con el sindicalismo o la tecnología. No en vano el sindicalismo puede animar una huelga general revolucionaria pero también un pacto social para desmovilizar la calle; la tecnología puede ayudar a mejorar la coordinación de una organización pero también ayudar a la represión y censura del pensamiento; y la subida legal del SMI puede incrementar la conciencia de clase o reducir el ansia revolucionaria. ¿Hay trampas en cada uno de esos instrumentos? No menos que en las políticas de identidad, que pueden servir para mejorar la imagen de una banquera pero también para desmontar el represivo sistema judicial. Mi opinión es que si todo puede ser una trampa… entonces es que no hay trampa. [Las negritas son mías.]

 

Debate cerrado. Descalificación sin paliativos; ¿para qué se ha molestado el autor en escribir este libro? El conflicto no existe.

 

Recordemos el salto entre ambas citas. “Bernabé aborda problemas muy reales, muchos de los cuales no he tenido espacio para reseñar [...] Pero, honestamente, creo que el planteamiento de este libro no ayuda a ello” y “Mi opinión es que si todo puede ser una trampa… entonces es que no hay trampa”. Esta contradicción es una muestra más de la ausencia de racionalidad y crítica constructiva que la polémica ha puesto de manifiesto en una parte de las izquierdas.

 

Todos los libros interpelan, pero La trampa interpela directamente a unos ámbitos definidos: feministas, ecologistas, activistas en identidades de género, pacifistas, animalistas, vegetarianos/veganos…, a las personas que sintonizan con esos ámbitos y, especialmente, a colectivos de activistas voluntarios, activistas profesionales, profesionales de la política (tanto cargos electos como personas que desempeñan trabajos remunerados relacionados con esos cargos) y periodistas, escritoras y escritores, personas que se ganan la vida opinando y reflexionando desde y para las izquierdas, como el propio autor.

 

Tercera muestra. Una parte de esas personas han percibido el debate que plantea La trampa como una “agresión”; de ahí que emitan juicios de intención sobre el libro rechazando lo que el texto dice exactamente. “Aunque dice no ir contra la diversidad, el libro es un ataque a la diversidad”; este “argumento” es muy repetido (sin aportar ninguna prueba) en artículos y comentarios.

 

Aunque menos extenso que los artículos de Garzón, el análisis que desarrolla Juan Carlos Monedero en su blog Comiendo tierra, y la entrevista grabada a Bernabé que lo acompaña, son representativos. Monedero se muestra respetuoso con lo que serían unas pautas de debate basadas en razonamientos y críticas constructivas: se señalan debilidades del libro y un olvido, pero también se apuntan aciertos. Pero tanto el artículo como la entrevista son ilustrativos de otro de los límites del debate: el límite del “sí, pero...”.

 

Cuarta muestra: el miedo. El “sí, pero...” alude al qué dirán: especula con las formas en que la gente (o una parte concreta de la sociedad que se considera afín) puede percibir un contenido más allá del acierto y veracidad de lo explicado. Se trata de algo que, como activista, he experimentado en determinados ámbitos y campañas: no es positivo para una causa explicar o abundar en verdades que exceden los límites del consenso que el núcleo que vertebra esa causa ha determinado. Son verdades “inoportunas”, aunque afecten a la causa, verdades que provocan un reflejo defensivo. El “sí, pero...” sirve para destacar el contenido del “pero”, no el contenido del “sí”.

 

Una parte de la diversidad interpelada la forman movimientos que han logrado el derecho a ser reconocidos en las últimas décadas, y desde una parte de las personas que participan en ellos el libro es interpretado como un ataque al éxito de haber conquistado la visibilidad. Algo que no es cierto, como el autor repite en varias ocasiones, pero hay una cuestión de fondo: el éxito de unos movimientos que persiguen transformaciones sociales no consiste en anteponer su visibilidad a todo. La visibilidad no es un fin en sí misma, sino un medio para que se produzcan las transformaciones necesarias. Mientras la victoria se reduzca a cultivar la propia existencia del colectivo, se crean las bases para el predominio de una zona de confort, aquellos espacios de identidad compartidos con personas afines y que protegen de las hostilidades, de los conflictos con el exterior.

 

Quinta muestra. La trampa se percibe como una “amenaza” para las zonas de confort, y la respuesta a esa supuesta “amenaza” es colgar una etiqueta como forma de cierre. La repetición de dicha etiqueta se convierte en una justificación de la negativa a debatir. Por ejemplo, la reivindicación de un obrerismo estrecho, la mitificación de un pasado sindical, es una de las falsas etiquetas que se han adjudicado a La trampa, pero no es la única.

 

Las cinco muestras forman parte de algo que debería ser preocupante: una hegemonía que impone una concepción de lo políticamente correcto, codificada siempre dentro de las coordenadas de la posmodernidad y el pensamiento neoliberal [1].

 

En mi análisis he descartado caricaturas y desprecios al libro que provienen de las derechas. Aquí el consenso es otro. Me he centrado en los medios que se podrían considerar como progresistas. Las cinco muestras negativas que he descrito se reproducen en la mayoría de los artículos críticos a lo largo de julio, agosto y septiembre. Es cierto que no todos los artículos, opiniones y entrevistas sobre La trampa caen en las actitudes que he analizado. Existe una parte que se manifiesta desde el respeto al libro y ciñéndose a lo que expone; que reflejan preocupación, y que valoran las ideas en sí mismas, sin juicios de intención; que dan predominio al “sí” por delante del “pero...”, y que no ponen etiquetas. Si estas actitudes se mantienen y se hacen mayoritarias aún se tendrá una oportunidad.

 

Pero, para que estas actitudes se conviertan en mayoritarias, es necesario analizar las otras, las negativas, las que impiden debatir.

 

Tenemos dos consecuencias. Una, la necesidad de un debate sobre la trampa que se tiende a las izquierdas para atomizarlas y alejarlas de la base social que sufre los conflictos de distribución, que es algo muy real. Dos, la manera de desarrollar debates racionales, críticos y constructivos entre las izquierdas, algo tan difícil como necesario si se quieren implementar los cambios necesarios y hacer frente al auge de las ultraderechas y sus peligrosas implicaciones.

 

Finalmente, narrar mi vivencia personal de la trampa de la diversidad, y sobre La trampa, puede ser ilustrativo.

 

A raíz de la publicación y la lectura del libro, publiqué la referencia en Rebelion.org que ya he mencionado y la difundí por correo electrónico entre mis contactos y las listas en las que participo. Durante semanas no hubo respuesta; finalmente, a mediados de agosto, un compañero contestó en una lista con un mensaje que reproducía el penúltimo párrafo del segundo artículo de Alberto Garzón, aquel que concluía diciendo que si todo era una posible trampa, nada lo era en realidad.

 

Como respuesta puse un enlace a una iniciativa que se interroga sobre los motivos por los que no se logran resultados tras años de lucha, y expliqué un episodio personal que podía ser un ejemplo de los mecanismos en que se basaba la trampa de la diversidad. Escribí:

 

A principios de los noventa se realizaron encuentros del movimiento ecologista en Cataluña. Se intentaba crear una coordinación que nunca llego a funcionar. Un compañero de aquella época, Carlos, se llamaba, en dos de las asambleas a las que yo asistí hizo una propuesta aparentemente sencilla y que a todo el mundo le pareció bien: se trataba de consensuar una única reivindicación y dedicar a ella un trabajo en común de todos los grupos durante una semana al año, o cada seis meses, o un día al mes, o cada dos meses; algo que nos uniera a todos en algo común durante un tiempo concreto a determinar. En ese día (o semana) todos dejaban su campo de activismo aparcado y hacían la campaña acordada. Luego seguían a lo suyo.

En esas asambleas estaban los "grandes" grupos de Cataluña, con fuertes vinculos con la Generalitat, grupos locales y comarcales, plataformas de defensa de esto y aquello (un río, una montaña, un espacio...), grupos que trabajaban temas sectoriales (energía, residuos, agua, animales, costas...), las grandes campañas contra el Quart Cinturó, la incineradora o el vertedero tal, etc., etc., a todas y todos nos pareció una idea excelente... Que nunca se concretó en nada.

 

Envié el mensaje. La sorpresa vino cuando otra/o compañera/o de la lista intervino de manera tajante: opinó que no había intervenido antes para no extender el debate sobre un libro que, como activista y miembro de movimientos de identidad de género, le parecía un insulto escrito desde la ignorancia de alguien que vive en un mundo heteronormativo y heterocispatriarcal. Y que, además, aquella lista no era el lugar para realizar ese debate.

 

Respondí con el recordatorio de que yo había introducido el debate desde un ejemplo del ecologismo, y que poner etiquetas al libro no ayudaba a debatir. Le comenté la ausencia de debate existente en Cataluña por las etiquetas adjudicadas desde los respectivos nacionalismos, español y catalán, a cualquier persona que se manifestaba; lo que impedía diálogar, creando dos bloques incomunicados.

 

En su respuesta, la/el compañera/o interviniente se negó a opinar más sobre el libro, reiteró que aquella lista no era el lugar para debatir y calificó de opiniones personales (no compartidas) los argumentos que planteaba en mis mensajes.

 

En mi último mensaje le interrogué sobre su agresividad injustificada, insistí en la necesidad de debatir dentro del respeto a la pluralidad en lo que afectaba al movimiento ecologista, en que se debían colocar los argumentos por delante de las etiquetas a personas o ideas, y repetí que las descalificaciones globales que cierran el debate no eran buenas para ningún movimiento.

 

Y ya no hubo respuesta, ni de esa persona ni de ninguna otra de la lista; excepto el compañero que envió el mensaje con la cita de Garzón, que hizo una última intervención mostrando su desacuerdo con el libro (sin concretar exactamente en qué), pero haciendo un llamamiento a mantener el diálogo.

 

Fue esta experiencia la que me animó a leer la mayor cantidad posible de intervenciones en torno a La trampa. Considero que este breve intercambio de mensajes en una lista de correo sintetiza la dificultad existente para que colectivos y personas que trabajamos juntos por cambios sociales (en este caso, además, ecológicos) podamos mantener debates racionales, críticos y constructivos sobre cuestiones que nos afectan.

 

Teniendo en cuenta que las noticias sobre avances de la ultraderecha en elecciones y sondeos, en países de la muy democrática Europa, se multiplican mientras escribo este artículo, cerrar los debates no hace presagiar un futuro muy optimista.

 

 

 

Nota

 

[1] https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/26/manuel-monereo-dictacura-politicamente-correcto-italia-decreto-dignidad/

 

 

 

Lista de artículos ordenados cronológicamente

 

27/1/2018; Alberto Garzón:

 

https://blogs.elconfidencial.com/espana/tribuna/2018-01-27/por-que-las-c...

 

29/3/2017; Daniel Bernabé:

 

https://www.lamarea.com/2017/03/29/la-trampa-la-diversidad-una-critica-d...

 

26/4/2018; presentación del libro en la web editorial:

 

http://www.nocierreslosojos.com/daniel-bernabe-trampa-diversidad/

 

19/5/2018; Boaventura de Sousa, entrevista de Pablo Elorduy:

 

https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-boaventura-sousa-tr...

 

5/6/2018; Pascual Serrano:

 

http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=7996

 

6/6/2018; Oscar Pazos:

 

http://geospa.blogspot.com/2018/06/151-la-trampa-de-la-diversidad-y-la.html

 

21/6/2018; Joaquim Martínez García:

 

https://poderpopular.info/2018/06/21/la-trampa-de-la-trampa-de-la-divers...

 

22/6/2018; Entrevista a D. Bernabé por Andrés Gil:

 

https://www.eldiario.es/politica/activismo-exagerar-diferencias-individu...

 

24/6/2018; Alberto Garzón:

 

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Critica-critica-diversidad_6_7857...

 

30/6/2018; Carlos Mozo:

 

https://aueconomialternativa.wordpress.com/2018/06/30/ellos-viven-nosotr...

 

1/7/2018; Daniel Bernabé:

 

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/voz-atomizada-respuesta_6_7881811...

 

6/7/2018; Alberto Garzón:

 

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/proposiciones-clase-trabajadora-a...

 

11/7/2018; Juan Soto Ivars:

 

https://blogs.elconfidencial.com/sociedad/espana-is-not-spain/2018-07-11...

 

14/7/2018; entrevista a D. Bernabé, anónima:

 

http://www.agitacion.org/2018/07/14/entrevista-a-daniel-bernabe-autor-de...

 

18/7/2018; Fernando Broncano:

 

http://ctxt.es/es/20180718/Firmas/20916/Fernando-Broncano-libro-La-tramp...

 

21/7/2018; Montero Glez:

 

https://www.eldiario.es/zonacritica/diversidad-trampantojos_6_794830526....

 

21/7/2018; Víctor Lenore:

 

https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-07-21/daniel-bernabe-la-tram...

 

28/7/2018; entrevista a D. Bernabé, por Javier Cavanilles:

 

https://valenciaplaza.com/noticia3126

 

3/8/2018; Marta aka@teclista:

 

https://medium.com/@teclista/lo-que-he-aprendido-del-libro-de-daniel-bernabé-sin-haber-leído-el-libro-de-daniel-bernabé-89fe1b572e67

 

3/8/2018; Juan Carlos Monedero:

 

https://blogs.publico.es/juan-carlos-monedero/2018/08/03/la-trampa-de-la...

 

8/8/2018; Jorge Lago:

 

https://ctxt.es/es/20180808/Firmas/21123/Jorge-Lago-España-clase-15M-identidad-politica-izquierda.htm

 

8/8/2018; Pastora Filigrana García:

 

https://ctxt.es/es/20180808/Firmas/21149/Pastora-Filigrana-Garcia-divers...

 

11/8/2018; P. Fontela:

 

http://www.tintaroja.es/cultura/1747-polemica-en-el-libro-qla-trampa-de-...

 

13/8/2018; Edu Galán:

 

https://www.zendalibros.com/manifiesto-contra-la-trampa-de-la-diversidad/

 

14/8/2018; Miguel Alhambra Delgado:

 

https://observatoriconflicteurba.org/2018/08/14/sobre-la-polemica-mediat...

 

15/8/2018; Diego S. Domingo Porqueras:

 

https://ctxt.es/es/20180815/Firmas/21199/Diego-Santo-Domingo-Porqueras-c...

 

15/8/2018; Jorge García Molina:

 

https://ctxt.es/es/20180815/Firmas/21198/Jorge-Garcia-Molina-alternativa...

 

17/8/2018; Cecilia Romero:

 

http://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20180817/columna/trampa-div...

 

23/8/2018; Àngel Ferrero:

 

https://www.elsaltodiario.com/laplaza/resena-trampa-diversidad

 

23/8/2018; entrevista a D. Bernabé por Ana Iris Simon:

 

https://www.vice.com/es/article/mb44pv/daniel-bernabe-la-trampa-de-la-di...

 

26/8/2018; Eduald Espluga:

 

https://www.playgroundmag.net/lit/la-trampa-de-la-diversidad-el-menor-de...

 

29/8/2018; Jacinto Morano e Isabel Serra:

 

https://ctxt.es/es/20180829/Firmas/21377/Jacinto-Morano-Isabel-Serra-Dan...

 

6/9/2018; Víctor Muiña Fano:

 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246129

 

14/9/2018; Clara Ramas:

 

https://ctxt.es/es/20180912/Firmas/21707/democracia-feminismo-nancy-fras...

 

17/9/2018; Juan Domingo Sánchez Estop:

 

https://ctxt.es/es/20180912/Firmas/21721/Juan-Domingo-Sanchez-Estop-Clar...

 

21/9/2018; Salvador López Arnal:

 

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=246775

 

 

[Miguel Muñiz Gutiérrez es miembro de Tanquem Les Nuclears-100% RENOVABLES, del Col·lectiu 2020 LLIURE DE NUCLEARS y del Moviment Ibèric Antinuclear a Catalunya. Mantiene la página de divulgación energética www.sirenovablesnuclearno.org]

http://www.mientrastanto.org/boletin-172/ensayo/es-posible-hoy-el-debate-racional-critico-y-constructivo-entre-las-izquierdas

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