¿Por qué “saqueo” y no “explotación”?

 

 

Tengamos presente que con “saqueo” por lo general se busca significar el robo que se realiza empleando violencia, especialmente en lugares militarmente dominados. Lo cual explica por qué ese término, y otros como “robo”, “pillaje”, “despojo”, los encontramos con frecuencia en los textos de los autores de izquierda que denuncian el colonialismo. Por ejemplo, en El imperialismo, etapa superior del capitalismo, de Lenin, y en  Imperialism, A Study, de Hobson. Pero también Marx, en el capítulo 24 del tomo 1de El Capital, dedicado a la acumulación originaria, se refiere al “robo” de las tierras comunales y  fiscales; al “despojo” de las tierras a los campesinos; a la “esclavización” de la población aborigen en América, durante la conquista; y al “saqueo” de las Indias Orientales por los europeos. En todos estos escenarios la violencia ocupa un rol central con relación a la extracción del excedente, y la ruina de pequeños productores o comunidades no capitalistas.

Sin embargo, “saqueo”, “robo”, “pillaje”, prácticamente desaparecen en los textos en los que Marx trata del capital y la plusvalía. Esto se debe a que, en el capitalismo, la coerción político-militar no interviene directamente en la extracción del excedente. Esta última se realiza por medios económicos: el trabajador, no propietario de los medios de producción, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo si no desea caer en el pauperismo o, peor aún, morir de hambre. Pero formalmente es libre: “Para la transformación del dinero en capital, el poseedor del dinero, pues, tiene que encontrar en el mercado de mercancías al obrero libre; libre en el doble sentido de que, por una parte dispone, en cuanto hombre libre, de su fuerza de trabajo en cuanto mercancía suya, y de que, por otra parte, carece de otras mercancías para vender… (Marx, El Capital, p. 205, t. 1, Siglo XXI).

Por eso la subordinación del trabajador al capital se realiza sin necesidad de que intervenga la coerción política directa. De nuevo, en palabras de Marx: “Solamente en su condición de poseedor de las condiciones de trabajo es como el comprador [el capitalista] hace que el vendedor [de la fuerza de trabajo] caiga bajo su dependencia económica; no existe ninguna coerción política, fijada socialmente, de hegemonía y subordinación” (Marx, El Capital, capítulo VI Inédito, p. 61, edición Siglo XXI). Pero por eso mismo en esta transacción no hay “robo”. De ahí que en las “Glosas marginales a Wagner”, Marx escriba: “… yo no presento nunca la ganancia del capitalista como una sustracción o un ‘robo’ cometidos contra el obrero. Por el contrario, considero al capitalista como un funcionario indispensable del régimen capitalista de producción y demuestro prolijamente que no se limita a ‘sustraer’ o ‘robar’, sino que lo que hace es obtener la producción de plusvalía; es decir, que ayuda a crear ante todo aquello que ha de ‘sustraer’; y demuestro también por extenso que incluso en el cambio de mercancías se cambian solamente equivalentes y que el capitalista –siempre y cuando que pague al obrero el valor real de su fuerza de trabajo- tiene pleno derecho –dentro, naturalmente, del régimen de derecho que corresponde a este sistema de producción a apropiarse la plusvalía” (edición FCE de El Capital, tomo 1, p. 715).

Con esto Marx enfatiza que la explotación del obrero se produce según las leyes del mercado (esto es, según la ley del valor). No es una cuestión de actitud moral, o de buenas y malas personas, sino un resultado inevitable del modo de producción imperante. Pero no solo la explotación del asalariado, también la reproducción a escala ampliada procede según la ley del valor y de la plusvalía: el capital genera plusvalía que se transforma en capital en escala creciente. Y los capitalistas y pequeños productores que no pueden sostener la competencia van a la ruina; el “robo” o el “saqueo” juegan un rol secundario en todo esto. Asimismo, durante las crisis se desvalorizan los capitales y la fuerza de trabajo, de nuevo según las leyes del mercado. Es de un llamativo simplismo reducir la complejidad de este fenómeno a una cuestión de “saqueo” o “robo”.

No es un cambio inocente

Por supuesto, nadie cuestionaría a un socialista que, ocasionalmente, se refiriese a la explotación de la clase obrera como un “robo” de plustrabajo, o alguna expresión parecida. En tanto se tenga en claro el encuadre teórico fundamental, el tema no parece relevante. Sin embargo, cuando los términos “saqueo” o “robo” desplazan la noción de explotación o, peor aún, se utilizan para marcar los “grandes episodios históricos de saqueo”, el asunto cobra un cariz bastante más serio, y no tiene nada de inocente. En sustancia, lo que se busca es barrer debajo de la alfombra la teoría de la plusvalía, y su potencial subversivo, crítico, del modo de producción capitalista.  Es que la noción de plusvalía nos lleva directamente a cuestionar la explotación del trabajo asalariado por el capital, y a poner el acento en su carácter sistémico, inevitable, en tanto subsistan las relaciones sociales imperantes.

El término “saqueo”, en cambio, se refiere a un “robo” o “despojo” del país de conjunto. Por eso nos ubica en el terreno de la defensa de “lo nacional”. Sugiere que, además y por encima de la explotación capitalista, existe una explotación colonial. De ahí que alguna organización, afecta al “nacional marxismo”, por estos días haya establecido el paralelismo entre los conquistadores españoles que vinieron a “tomar posesión de nuestra economía y recursos”, y el FMI que “ha tomado el control de nuestras finanzas” (Obsérvese el empleo de la primera persona del plural: las finanzas son “nuestras”, esto es, argentinas). Una explicación que conecta con las viejas tesis del stalinismo: en este país está pendiente una revolución democrático-burguesa que barra con las formaciones sociales precapitalistas, la oligarquía terrateniente (saqueadora) y los poderes neocoloniales (también saqueadores).

En este marco, la crítica a la burguesía nacional y a la pequeña burguesía es por no impedir el saqueo “de nuestras riquezas”. La idea de que el mundo se divide entre “ricos y pobres” –en detrimento de la oposición explotados / explotadores- encaja en el enfoque de conjunto.

Naturalmente, tampoco es inocente la periodización de “los grandes saqueos” a la que aludí al comienzo de la nota. Por empezar, porque en una primera observación podemos decir que se deja de lado el “saqueo” ocurrido durante la gran crisis de 1975, cuando el gobierno de Isabel Perón, la Triple A y los planes económicos de Celestino Rodrigo (junio de ese año) y Emilio Mondelli (principios de 1976). Pero esto no es lo más importante. Lo más grave es que se da a entender que al interior de la clase dominante habría dos tipos de capitalistas, gobiernos y regímenes. Por un lado, los capitalistas, gobiernos y regímenes “saqueadores”, que habrían operado bajo la dictadura; durante las dos grandes crisis devaluatorias y/o inflacionarias, 1989-1990 y 2000-2001; y desde diciembre de 2015 hasta la fecha. Por otra parte, los gobiernos y capitalistas “no saqueadores”: el gobierno Alfonsín, con excepción del año 1989; el de Menem, con excepción del bienio 1990-1991; y los gobiernos Kirchner. Se entiende entonces por qué se considera “compañero” al ex ministro kirchnerista Kicillof (véase aquí). Después de todo, el gobierno que integró el “compañero Axel” fue capitalista (un defecto importante), pero no “saqueador” (por favor, no tomar en cuenta el acuerdo con Chevron).

En definitiva, en aras de la patriótica unidad de acción “anti-saqueo”, bien se puede dejar de lado la teoría de la explotación de Marx. Es suficiente con “saqueo”. ¿El Capital? Pues ni siquiera para “los días de fiesta” (ver aquí). Sin embargo, es muy útil para dar conferencias de homenaje a Marx en las facultades de Ciencias Sociales. Para el resto del año, y como ya dije en otras entradas, es suficiente con el papa Francisco y el habitual keynesianismo bastardo estatista. Saqueo y robo en lugar de explotación y plusvalía. Nada resume mejor los horizontes intelectuales del nacional-marxismo.

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