Fuerzas intactas, por ahora...

 

Tanto el conjunto de la “izquierda” socialdemócrata y reformista, como el “izquierdismo infantil”, se echan las manos a la cabeza desgañitándose dando la alarma: ¡el fascismo no pasará! En cuanto a la prensa afine, ya está pidiendo un cordón sanitario, entendamos por “cordón sanitario”, ningún pacto con la extrema derecha. Hace apenas algunas semanas, los mismos nos explicaban que Vox no estaba en las instituciones con lo cual no contaba, era, según ellos un cero a la izquierda; no había que darle ninguna importancia. ¿Qué ocurrió entre los dos discursos?: Las elecciones andaluzas.

La lectura que hace de dichas elecciones, el microcosmo citado en el anterior párrafo, me deja perplejo. Habla de “auge”, “terremoto”; ¿Auge? ¿Terremoto? Con tal lectura, no es extraño que algunos apelen a un frente antifascista y otros a un cordón sanitario. Curioso que no nos digan lo que esos resultados electorales representan con respecto al censo electoral. Quizás sea para que no nos demos cuenta de que los adjetivos utilizados “auge” o “terremoto”, calificando lo ocurrido, sea un poco excesivo.

Tomando como referencia el censo electoral, no me da la impresión que lo que nos dicen los resultados electorales andaluces sea lo que nos cuentan. Difícil de entender que  los resultados obtenidos por los partidos que estarán presentes en el futuro parlamento andaluz, se le pueda calificar de “auge” o de “terremoto”. El PSOE obtiene 16,02%, el PP 11,90%, CS 10,47%, AA 9,27% y Vox 6,29%.

Esto quiere decir que ya nos están preparando para el “todo, menos Vox”. Nos están vendiendo, lo que en su tiempo vendió la “izquierda francesa” a sus electores y que acabó con un llamamiento para que  votasen, la primera vez, por Chirac y la segunda por Macron. Con respecto a Francia, no necesitamos el recurso de ningún adivino para entrever el resultado concreto del aquel entonces, lo estamos viendo estos últimos días: empobrecimiento de las clases populares.

Lo que esconden esos adjetivos, atizados por unos y otros, es un escamoteo, una manera de no tener que justificarse. El que no quieran decir que no hay victoria por parte de la derecha ni extrema derecha, pero derrota de la “izquierda” parlamentarista, es porque no quieren cuestionar sus orientaciones políticas. Es más fácil echar balones fuera, mostrarse indignados y culpar a quienes les dieron la espalda por no haber colmado sus esperanzas: gobernar.

Gobernar no es detentar el poder. Quienes detentan el poder son los accionistas de las grandes multinacionales. Esos mismos que no dudaron en imponernos – para mantener sus beneficios e incluso poder incrementarlos– la congelación de los salarios y una sobrexplotación aumentando la productividad, para aquellos que aún tienen trabajo; trabajo precario, paro y miseria para los otros.

Con lo cual, teniendo en cuenta que la Autonomía Andaluza es la peor parada y que durante muchos años la única perspectiva que la “izquierda” –tanto la que gobernó, como la otra– era votar por ella, sin que por ello, las victorias electorales consecutivas obtenidas cambiasen, en lo esencial, la suerte de las clases populares, ¿cómo sorprenderse que en estas últimas elecciones les diesen la espalda?

La fuerza de la clase trabajadora y clases populares están intactas por ahora, en estas elecciones y las venideras no se juegan su suerte. Sin embargo, en sus empresas, en sus barrios, en la calle, ahí sí, ahí sí se juegan su suerte. Si no votar o votar blanco y nulo puede parecer eficiente para amedrentar a los políticos que dicen representarnos, reanudar con la lucha política, organizándose en un partido que realmente defienda los intereses de la clase trabajadora y tenga como perspectiva la de cambiar radicalmente la sociedad, lo es mucho más. Tanto si queremos amedrentar a la burguesía y los políticos a su servicio, como poner un freno definitivo a la extrema derecha, no hay otro camino.

 

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