La revista ‘Triunfo’, un semillero de ideas

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Público

 

Componiendo una de esas tremendas ironías de la Historia, los últimos años de la dictadura y primeros de la democracia española vieron caer las publicaciones que más habían combatido al franquismo y luchado por las libertades. En 1976, Cuadernos para el Diálogo. En 1982, la decana de todas ellas y la que, de forma más completa, encarnaba la lucha contra la sinrazón: Triunfo. Lo que no pudo hacer la dictadura lo hizo la economía de mercado, un instrumento tan contundente como el otro para acallar las voces críticas.

Triunfo fue, sin duda, una obra colectiva escrita por un largo centenar de periodistas e intelectuales. Pero –justo es decirlo– fue, al mismo tiempo, un empeño profesional dirigido y soportado, contra viento y marea, por el periodista y licenciado en Derecho alicantino José Ángel Ezcurra Carrillo (Orihuela, 1921), que la creó en 1946 como revista de cine, tras haber trabajado desde muy joven como guionista y obtenido galardones como el Premio Nacional de Guiones, en 1942.

Sin embargo, en 1962, dio un vuelco radical a su contenido y la convirtió en un semanario de información general y pensamiento, poniendo, por encima de todo, “la razón ideológica sobre la razón económica”. Porque, sin retirar nunca su atenta mirada a la ficción cinematográfica –para ello reunió en torno suyo a críticos como García de Dueñas, Diego Galán y Fernando Lara–, dio cabida en Triunfo a la realidad política y social de aquellos años, a la larga marcha hacia las libertades que protagonizaban el movimiento obrero y los universitarios e intelectuales españoles. Ezcurra Carrillo hizo que fluyeran por sus páginas las alternativas democráticas y de izquierda a la dictadura del general superlativo, contribuyendo, de forma esencial, a la educación cultural y artística de muchos demócratas, al dedicar una especial atención a la recuperación de la obra de los intelectuales del exilio y atraer las firmas de escritores extranjeros de primera línea.
Durante 20 años, escribieron en ella periodistas e intelectuales españoles de la talla de Eduardo Haro Tecglen, subdirector de la publicación y, sin duda, el analista más lúcido de las relaciones internacionales durante la guerra fría, Víctor Márquez Reviriego, su redactor jefe por excelencia, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo García Rico, Luis Carandell, Jesús Aguirre, Juan Goytisolo, los economistas agrupados en Arturo López Muñoz, Enrique Miret Magdalena, José Luis Abellán, o Carlos Castilla del Pino, y otros extranjeros como Umberto Eco, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez o Ian Gibson.

La dictadura fue implacable ante la valiente y decidida apuesta de Triunfo, contra la que empleó toda la batería de medidas cercenadoras de la libertad de expresión de la legislación franquista: mutilación por la censura de muchos artículos, incoación de diversos expedientes, comparecencias del director ante el tenebroso Tribunal de Orden Público, cuya siniestra actuación denuncia en profundidad el juez Juan José del Águila en una exhaustiva obra; secuestros de la tirada, como la del número en que Montserrat Roig entrevistaba a Andreu i Abelló, en julio de 1975; y, en fin, suspensiones de la revista durante varios meses.

En junio de 1971, tras la publicación de un número dedicado al matrimonio, Triunfo fue suspendida –es decir, cerrada– durante cuatro meses. Triunfo obtuvo entonces una respuesta solidaria de muchos de sus lectores, que adelantaron el valor de sus suscripciones para que la revista pudiera paliar, de alguna manera, las consecuencias económicas de su forzado silencio. En septiembre de 1975 fue nuevamente cerrada durante otros cuatro meses, al tiempo que se le impuso una multa de 250.000 pesetas: supuestamente por la publicación, en abril, del artículo de José Aumente “¿Estamos preparados para el cambio?”. Una sanción que, a pesar de los indultos concedidos por el “primer Gobierno de la Monarquía” para los llamados “delitos de Prensa”, fue forzada a cumplir íntegramente. El tardofranquismo amordazó la voz de Triunfo en los últimos meses del dictador y la revista no pudo pronunciarse ante la muerte de Franco hasta comienzos de 1976… Pero, además, y, aunque hoy pueda parecer realmente increíble, algunos de sus lectores también sufrieron de forma directa la persecución de que fue objeto esta emblemática revista: en 1973, cuatro alféreces de la Academia de Infantería de Toledo fueron fulminantemente expulsados, acusados, entre otras cosas, de leer Triunfo

Ahora, la memoria de esta publicación ha vuelto a ponerse de relieve con motivo de la reciente constitución de la Asociación de Amigos de la revista Triunfo. ¿Un canto a la nostalgia de aquellos años? En absoluto. Tal como subrayó el filósofo José Luis Abellán, presidente del Ateneo y socio de honor, la asociación no nace con ningún interés en “el regodeo lírico del pasado”. Triunfo fue un auténtico semillero de ideas y quiere seguir siéndolo. Fue una plataforma intelectual unitaria de la izquierda antifranquista y la asociación quiere continuar su fructífero camino en la democracia. En el actual panorama español, en el que no cesan de oírse los cantos de sirena de los “fundamentalistas del mercado”, la experiencia acumulada por Triunfo y su equipo quiere servir de marco de debates y reflexiones en los medios intelectuales y políticos de la izquierda. Un marco en el que se puedan plantear los argumentos necesarios para renovar positivamente la sociedad actual.

Rodrigo Vázquez de Prada es Periodista. Directivo de la Asociación de Amigos de la Revista Triunfo

Ilustración de Patrick Thomas

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