Las elecciones pasan, los problemas persisten

 

En vísperas de la oleada electoral que se avecina, la actuación circense de los partidos políticos institucionales, se ha incrementado a una velocidad supersónica para obtener el apoyo electoral necesario que les permita gobernar. Si algo ha cambiado en esta campaña electoral comenzada en 2015, es el foco de los eslóganes electorales utilizados para captar al votante. La derecha y extrema derecha subrayando de manera machacona el abismo al que está conduciendo nuestra “patria” el nacionalismo catalán con la complicidad del gobierno y, por su parte, la izquierda institucional, hablándonos del voto útil para impedir que no ocurra en el Congreso lo mismo que en el parlamento andaluz.

Los problemas a los que la clase trabajadora se está enfrentando desde 2008, año tras año, para poder salir del atolladero en la que se encuentra, víctima de la dictadura económica impuesta por el capital, son escamoteados por banderas nacionalistas o por la necesidad del dicho voto útil. Ni la izquierda constitucional ni, menos aún, el trio derechista, contemplan  gobernar a favor de la clase trabajadora enfrentándose a los que realmente detentan el poder, poseedores de los medios de producción y que nadie ha elegido.

Los logros de la política económica de la derecha y consorts ya los conocemos. Miles de millones concedidos directa o indirectamente a las grandes empresas, ya sea mediante subvenciones, desfiscalizaciones o robos manifiestos del dinero público trapicheando descaradamente. La política económica de la extrema derecha, aunque no hable de ella, también la conocemos; es idéntica a la de la derecha en cuanto al objetivo final y si en algo se diferencia, es en los métodos que utilizarían para imponérnosla.

En cuanto a la política económica del PSOE y sus aliados, cuando este gobierna, no es diferente en cuanto al fondo. Solo las formas cambian. Mientras los intereses económicos de la burguesía lo permitan, PSOE y reformistas aplicarán medidas sociales más o menos consecuentes, no obstante, cuando dichos intereses no lo permitan, siempre serán estos últimos los que primarán. En los casi nueve meses que duró esta legislatura, el único objetivo político del gobierno del PSOE ha sido –y sigue siendo a golpe de decretazos– la recuperación del electorado perdido, presentando dicho gobierno como el más social de estos últimos años.

En realidad, ninguna de las medidas “sociales” tomadas mejoró realmente la situación de los millones de trabajadoras y trabajadores. A lo sumo, solo han permitido a una ínfima parte de entre ellos, los más desfavorecidos, no ahogarse irremediablemente en la pobreza. No ha habido recuperación del poder adquisitivo perdido a lo largo de esta última década; si el paro oficial contabilizado en el INEM se ha reducido, con más de tres millones y medio de personas contabilizadas aún en el paro la situación no está para tirar cohetes; tampoco se ha puesto un término a los despidos masivos ni puesto fin a la precariedad derogando las reformas laborales consecutivas de estos últimos años; los recortes en el sector público, ya sea en educación, salud o transportes no han sido ni tan siquiera invertidos.

Mientras, las grandes familias que controlan la banca, las grandes empresas y los grandes latifundios incrementan sus beneficios. Las principales empresas del Ibex 35 ganaron en 2017 41.700 millones de euros, un 20 % más que en el ejercicio anterior. Es una obviedad que la supuesta recuperación económica de la que tanto se han enorgullecido y siguen enorgulleciéndose en el PP, solo atañe a los más ricos. Dicha recuperación no solo no ha llegado a las clases populares sino que aún son las que la están pagando.

Nada extraño pues en la pérdida de confianza por parte de la clase trabajadora hacia lo que en su día ha supuesto una esperanza. Más preocupados por las disensiones internas tanto en Podemos como en Izquierda Unida, las direcciones de estos partidos se encuentran en la incapacidad de ofrecer otra alternativa a la clase trabajadora que no sea la de posicionarse al lado del PSOE, apelándonos a votar por ellos para actuar como contrapeso. Si votar puede ser una opción para impedir que gobierne el trio de la plaza Colón, no nos engañemos, votar no nos permitirá ni prohibir los despidos, ni acabar con el paro repartiendo el trabajo entre todos sin pérdida salarial, ni nacionalizar las eléctricas o expropiar a los bancos, ni, menos aún, apoderarse de los medios de producción.

 

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