¿A quién votar?

Siempre he sido del palo de la izquierda y también siempre he recibido palos desde la izquierda, sea por decepciones, por mentiras o por quienes teniendo la obligación moral de representarla, hacen todo lo contario, pareciéndose más a la criticada derecha que a sí misma



Reconozco que tengo mis dudas sobre si votar o no este próximo 28 de abril, más allá de los discursos, ya manidos, de que la abstención trae a la derecha o ahora a la extrema derecha. Y las tengo porque la izquierda o las izquierdas, que siempre fueron mi voto, me lo están poniendo muy difícil por su eterna lucha intestina , no sé si sincera por ideología o por los sillones posteriores. Me gusta lo que dicen en sus discursos, por ejemplo el último de Pablo Iglesias ; sí, ha vuelto impetuoso, ha dicho cosas que otros tapan o eluden, ha resucitado al poder económico diciendo que es quién manda en España, tema de sobra sabido, pero siempre es oportuno recordarlo, aunque eso solo no baste. Pero sobre todo ha hablado de llevar, si hay votos suficientes,  a un futuro gobierno hacia la izquierda. Y esto, mire como se mire, es bueno. Solo por eso merecería el voto.

Yo siempre he sido del palo de la izquierda y también siempre he recibido palos desde la izquierda, sea por decepciones, por mentiras o por quienes teniendo la obligación moral de representarla, hacen todo lo contario, pareciéndose más a la criticada derecha que a sí misma. Pero todo sería minimizado si la izquierda que yo votaría, en este caso la coalición IU/Podemos, aclarase tanto para sí como para pedir el voto, algunas cosas.

Una de esas cosas que se debería de aclarar, en el campo de la hipótesis, es qué podría ocurrir si la izquierda en su amplio abanico saliese mayoritaria e intentase gobernar.  Es una preocupación  nada insignificante. Y no lo es porque ese momento se dio en las elecciones de diciembre de 2015, cuando aun ganando el PP, la izquierda tuvo la oportunidad de gobernar y entre dimes y diretes, aspiraciones desmesuradas de unos y cortedad de miras de otros,  la cosa acabó como el rosario de la aurora. Lo anterior enlaza con la posibilidad, encuestas hay que lo prevén, de un gobierno de la izquierda plural y que, por desavenencias internas, presiones externas o como parece "policías patrióticas" ese hipotético gobierno pueda acabar siendo un fracaso.

Claro que el posible voto a la coalición de las izquierdas, que está configurada por los pelos, tiene que venir de unas exigencias hacia la misma que lleve aparejado un cambio sustancial en el discurso y en la práctica de "Unidas Podemos". ¿ Por qué? Pues porque los cambios, las vueltas, las disculpas estratégicas, ciertas actuaciones individuales de sus integrantes han dejado, en mi opinión, justificadamente , mucha decepción y mucho resabio en las gentes de este país. Sobran nombres y actuaciones.

Es curioso que cuando en España (y en Europa) resucita y avanza la extrema derecha, con un evidente  retroceso de la izquierda, aún nos encontremos con líderes y lideresas que ignorando una realidad social  agobiante nos sigan vendiendo la ilusión como eje de su política y nos dicten ñoñeces "amorosas" como "mil cosas bonitas, mil caricias, mil abrazos y mil te quiero frente a los mil kilómetros de muro que se han construido en la Unión Europea”. Eso está bien para quién tiene el "pan y el techo" asegurados, pero no para llegar a un gobierno pegándose a la calle y hacer la conveniente política social.

Yo no quiero votar a "revolucionarios de salón", las votaciones no hacen la revolución, solo y con esfuerzo reforman lo real, lo que nos rodea, pero teniendo los pies  clavados en el barro del suelo y en la "mierda" social que tenemos,  buscando, para ello, alianzas en la izquierda para reivindicar lo esencial e importante e intentar conseguir que unos pocos no vivan a costa de la mayoría de la población.

La respuesta a la pregunta que encabeza este artículo, no es fácil. Lo es, tal vez, para la feligresía de las diferentes opciones de la izquierda, opciones que más parecen de clubes de "mus" que una respuesta seria y con ganas de cambiar las cosas. Si yo me llevase del genio y del cabreo que me produce esa posición visceral y partidaria que divide a la izquierda tendría una respuesta que para mí es tan respetable y coherente como las que nos están dando los iluminados de la izquierda; sería la abstención, ni siquiera el voto en blanco.

En resumen, si se supera la política basada en las emociones  y se enfoca el discurso y los hechos posteriores en lo social y en la experiencia racional y cívica, es decir en los intereses y trayectorias, así como en las necesidades sociales que configuran el estado actual de la mayoría de las personas  junto con la igualdad, la libertad y la solidaridad, el voto debería de ser para la izquierda. Votar a la izquierda, no va a traer ninguna revolución, ni siquiera la "tercera república", tal vez muchas cosas queden en el alero, hay que contar con ello y no engañarnos. Pero votar a la derecha traería cosas que nos afectarían a las libertades y a los derechos sociales. ¿ O no tenemos ejemplos del anterior gobierno del PP? 

Votar a la izquierda, a la que cada cual considere la suya, no sería un voto inútil.

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