Nada que festejar ni lamentar

 

 

La socialdemocracia consiguió repetir el logro que sus camaradas franceses alcanzaron: hacer creer que la extrema derecha podía gobernar. La diferencia entre lo que pasó en Francia, en su tiempo, es que aquí no se trataba de votar a la derecha para que no gobierne la extrema derecha, aún no estamos ahí, se trataba de votar útil para impedir que se repitiera lo que ocurrió en Andalucía, cosa que, insisto, no podía ocurrir.

 

Lo que ocurrió en las autonómicas de Andalucía no se podía repetir en las generales,  no porque esta vez consiguiésemos una alta participación sino porque lo que ocurrió en Andalucía ha sido circunstancial. Aunque el PSOE hubiese podido gobernar en esa comunidad, la presencia de Vox en el parlamento andaluz estaba asegurada. Los votos obtenidos por Vox no se debieron a un movimiento general del electorado hacia dicho partido, sino, principalmente, a un cambio de voto por parte de los votantes del PP.

 

Es ese cambio, esta vez no solo a favor de Vox sino también de Ciudadanos que se ha vuelto a repetir en las elecciones generales que acaban de tener lugar. Lo que se ha repetido como en Andalucía, ha sido un reequilibrio de la correlación de fuerzas en el campo de la derecha. ¿Quiere decir esto que la presencia de la extrema derecha dentro y fuera del parlamento no debe preocuparnos? De ninguna manera, es más, deberíamos empeñarnos en encontrar una solución apropiada ya, porque de no ser así, no será la papeleta en una urna ni un supuesto gobierno de izquierda quienes impedirán que la extrema derecha vaya a más.

 

El bloque reaccionario de la plaza de Colón obtuvieron conjuntamente la misma cantidad de votos  que los obtenidos por el PP en las elecciones generales de 2011, lo que demuestra que efectivamente estamos en presencia de un reequilibrio en la correlación de fuerzas del campo de derechas y no de un auge de la extrema derecha debido a un desplazamiento amplio de una parte del electorado hacia sus tesis; fenómeno al que sí hemos asistido en su día con  la irrupción de Podemos en el paisaje político de nuestro país.

 

Esto dicho, en el ambiente reaccionario en el que se celebraron estas elecciones y la presencia de la extrema derecha en el Congreso de los diputados, deben llamarnos la atención. Las consecuencias de la crisis económica y social empeoran y, en ningún caso, el ruido generado por estas elecciones debe tapar el saldo de dicha crisis: millones de personas excluidas socialmente, incremento de la precariedad y empobrecimiento general de la clase trabajadora. Como si fuese poco, ya nos están anunciando otra crisis, que en realidad, para nosotros, es la continuidad de la anterior.

 

Los ERES se sustituyen a otros ERES y afectan a todos los sectores: Banca, Alimentación, Industria o Telecomunicaciones; Banco Santander, Dia, Alcoa, Airbus o Vodafone son algunos de los ejemplos. Los resultados de estas elecciones como los de cualquier otra, solo determinan de qué manera –por las buenas o por las malas– los posesores de los medios de producción nos impondrán su dictadura económica y nos harán pagar la crisis que ellos mismos han generado.

 

No tenemos nada que festejar o lamentar, dejemos esto a los vendedores de ilusiones y nosotros ocupémonos con la preparación de una respuesta contundente a la situación que estamos viviendo. Sea cual sea quien gobierne, más tarde o más temprano –cuanto más temprano mejor– tendremos que paralizar el país poniéndonos en huelga, ocupando las empresas e invadiendo las calles, única manera de parar a la patronal y a la extrema derecha.

Top