Gijón. El parque del “solarón”: una visión histórica

- El primer parque público

- El parque central de Gijón

- El segundo intento de parque central

- El “solarón”: la última oportunidad

 

Plantearse hoy que en pleno centro urbano de Gijón pueda consolidarse la parte inicial del “solarón” de manera definitiva como una mancha verde, una pradera urbana o incluso un pequeño bosque, puede parecer una idea moderna y acorde con nuestros tiempos en los que entendemos que una ciudad plena es aquella que resulta habitable, amable y acogedora para sus residentes. Parques y jardines fueron y son el recurso esencial para que los núcleos urbanos cuenten con lugares de ocio, descanso y convivencia en los que disfrutar de una naturaleza “doméstica” que más que un equipamiento estético supone una inversión en salud pública.

 

Hoy entendemos que Gijón no sería plenamente una ciudad sin sus plazas, parques, jardines y paseos y esos espacios son además fruto de una labor continua, de una serie de decisiones de responsables públicos con capacidad de visión de futuro y también de la materialización de demandas ciudadanas que suman décadas e incluso siglos.

 

El primer parque público

 

Jovellanos fue pionero en plantear como una de las necesidades del Gijón de finales del siglo XVIII la de adecuar espacios destinados a parques y paseos. Lo hizo con empeño y decisión e incluso poniendo literalmente dinero de su bolsillo para traer diversas especies de árboles para plantar en un cinturón verde entorno a la villa que reivindicó con contundencia.

 

Bajo las luces de la Ilustración y con su personal lucidez, Jovellanos puso por escrito su  propuesta para convertir a Gijón en una verdadera ciudad y para ello presentó en 1782 ante el Ayuntamiento el documento que hoy conocemos como “Plan general de mejoras”. Con el apoyo del Municipio y  el respaldo de su hermano Francisco de Paula -gracias a su cargo de Alférez Mayor- entre las obras emprendidas estuvo llevar a término la desecación de la ciénaga del Humedal y abrir en esa zona antes insalubre paseos arbolados -los de los Reyes, las Viudas, las Damas y del Comercio- a los que se añadió una mancha verde que por su trazado formado por una confluencia de caminos entorno a una plazoleta circular se llamó paseo de “La Estrella” o “laberinto del Humedal” y que podemos considerar como el primer parque público de Gijón.

 

Esa zona verde se ubicaba en los terrenos que hoy ocupa la plaza del Humedal y la parte inicial del  “solarón” así como otros colindantes que actualmente se encuentran edificados.

 

Aquel parque jovellanista pervivió hasta los últimos años de la década de 1830 momento en el que, como consecuencia de la primera guerra carlista, se declaró a Gijón plaza fuerte y se emprendió la construcción de una cerca militar entorno al casco urbano que obligó a talar el arbolado existente y que desbarató con su trazado la antigua zona de esparcimiento público. Pocos años después la concesión de parte de esos terrenos a la compañía del Ferrocarril de Langreo para ubicar su estación terminal en Gijón hizo ya irreversible la recuperación del parque según su extensión original incluso después de que se procediese en el último tercio del siglo XIX a desmantelar la fortificación. La actual plaza del Humedal supone poco más de un tercio de la extensión que tuvo aquel primer parque local.

 

El parque central de Gijón

 

En los años finales del siglo XIX, justo un siglo después de la puesta en práctica del urbanismo jovellanista, la idea de un parque central emplazado al suroeste de la ciudad histórica fue recuperada por Francisco Sanz Larumbe tras recibir el encargo de un proyecto de ensanche para Gijón. Este ingeniero entendió que la expansión de la ciudad debía de hacerse mediante una cuadrícula que se extendiese sobre las zonas topográficamente más llanas -los actuales barrios de El Natahoyo, Moreda, Laviada, El Llano y la parte baja de la colina de Ceares- hasta enlazar con el entonces ya aprobado ensanche del arenal de San Lorenzo. Atendiendo a la mala calidad que presentaba para las cimentaciones la zona de la antigua ciénaga del Humedal y también a su buena orientación -al mediodía y a resguardo de los vientos del norte y nordeste- Sanz planteó crear sobre esos terrenos un parque cuadrangular que rondaba los 150.000 m² de superficie y que suponía un gran pulmón verde para una ciudad que ya era plenamente portuaria e industrial y por tanto ya se enfrentaba a sus primeros problemas medioambientales además de acusar la falta de lugares de esparcimiento público para su creciente vecindario.

 

El proyecto urbanístico de Javier Sanz quedó lastrado por un desarrollo lento y farragoso haciendo que cuando su autor lo dio por terminado en 1900 fuese ya inaplicable. La edificación descontrolada que se había acometido sobre gran parte de los terrenos en los que debía desarrollarse el ensanche y los intereses de la plutocracia local por poner en el mercado otras zonas del perímetro urbano afines a sus intereses dieron al traste con un proyecto que hubiese convertido a Gijón, urbanística mente, en la Barcelona del Cantábrico.

 

El segundo intento de parque central

 

En 1937 volvemos a encontrarnos de nuevo con una idea próxima a ese concepto de parque central, en plena guerra civil y dentro del contexto de las diversas propuestas hechas en paralelo al Plan de Reformas Urbanas abordado por la gestora municipal presidida por Avelino González Mallada en un momento en el que Gijón quiso ponerse a la vanguardia del urbanismo asturiano.

 

Una de las ideas que surgen entonces es sacar la ya entonces problemática fábrica de vidrios “La Industria” del centro de Gijón y reconvertir sus terrenos en parque, fusionándolos con los de los jardines de Begoña y el actual parque de la plaza de Europa lo que originaría una mancha verde considerable delimitada por el perímetro que marca este último parque más las actuales calles Anselmo Cifuentes, San Bernardo y la avenida de la Costa y que volvía a aproximarse a la idea de parque central de Javier Sanz aunque reducido a una cuarta parte de su superficie.

 

No tuvo viabilidad esta propuesta por el cambio de régimen político y los nuevos planteamientos urbanísticos derivados del plan de ordenación de Juan Valentín Gamazo formulado en la década de 1940. La fábrica sí fue eliminada del centro de Gijón mediada la década de 1960 pero sus terrenos sirvieron para levantar una de los espacios urbanos más disparatados del desarrollismo gijonés, con una aglomeración de edificios de entre 7 y 22 plantas de altura articulados sobre la calle Alfredo Truan y con una densidad de población que, mediada la década de 1970, se decía era equivalente a la de Hong Kong.

 

El “solarón”: la última oportunidad

 

En 2015, paradójicamente 175 años después de la destrucción del parque impulsado por Jovellanos en el Humedal, la demolición de la estación de cercanías de RENFE-FEVE y el levantamiento de su playa de vías liberó unos terrenos que la ciudad nunca debería haber perdido como espacio público. Este primer tramo del “solarón” fue inaugurado en marzo de 2016 con el nombre de los jardines del Tren de la Libertad dando la falsa sensación de la recuperación de ese parque central con el que Gijón debería contar, falsa sobre todo porque esa pradera diáfana es realmente en el actual Plan General de Ordenación una serie de solares en los que está previsto edificar media docena de inmuebles de entre seis y veinte plantas de altura. Parece un planteamiento propio de 1969 pero lo es de nuestro presente, de 2019.

 

Estamos pues ante la última oportunidad que tenemos para dotar a Gijón de un equipamiento que tal y como está, sin precisar de mayores inversiones, ya supone todo un revulsivo para una zona densamente poblada y que no cuenta ni contará con otra alternativa similar.

 

Tanto si se hubiese conservado el parque del siglo XVIII como si hubiesen sido realizados el parque central del siglo XIX o la propuesta de 1937 hoy serían, indudablemente, actuaciones urbanísticas de referencia. Si se deja pasar esta última oportunidad no cabe duda de que en el futuro volveremos a sumar otro lamento a los múltiples que caracterizan al urbanismo local.

 

Héctor Blanco, historiador

Enlace relacionado: Gijón ante un parque en "El Solarón"

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