Crisis. Despertar para seguir durmiendo

Avance de la conferencia que el próximo viernes 29 a las 19:30 pronunciará el autor en El Centro de Cultura del Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón en el marco del Foro Psicoanalítico de Asturias

Los ciudadanos necesitamos instrumentos para orientarnos y prepararnos para un futuro de inseguridad y enormes transformaciones.


Asturbulla

Lo real se nos presenta ahora de manera abrupta e inesperada, como crisis, y nos despierta del dormir y la ensoñación a los que tan dados somos los humanos. Despertar para volver a dormirse arrullados por el discurso tranquilizador de quienes calman miedos e impotencia, propios y ajenos, prometiendo lo que no está en sus manos cumplir.

El discurso transmitido a la sociedad, de la misma manera que ignoró primero y negó después la existencia de la crisis hasta el momento de su evidencia, continúa negando la magnitud, naturaleza y evoluciones posibles de la misma.

Los ciudadanos necesitamos instrumentos propios para orientarnos y prepararnos para un futuro de gran inseguridad y enormes transformaciones.

Solamente el reconocimiento y aceptación de los hechos proporcionará la serenidad y confianza necesarias para afrontarlos. Si no es así, entonces, cuando la pretenciosa “luz al final del túnel” se revele como el faro de la locomotora lanzada a toda velocidad, la desconfianza de la sociedad y el descrédito de los gobernantes harán muy difícil el gobierno de la situación.

 

Gran crisis de sobreproducción relativa e incipiente crisis de subproducción absoluta.

Estamos en la situación en que el sistema puede producir y produce mucho más de lo que puede consumir, crisis de sobreproducción capitalista, y a la vez comienza a no poder producir lo necesario para el mantenimiento de la vida y la producción, (incipientes crisis alimentaria, ambiental y energética), razón de la crisis final de cualquier civilización histórica.

Nos encontramos en una de las grandes crisis cíclicas de sobreproducción causada por el hecho de que el consumo, la demanda, es incapaz de utilizar la capacidad productiva disponible. Restricción de la demanda que se acentúa en el transcurso de la crisis, agravándola.

Las crisis han cumplido una función de depuración del sistema mediante la destrucción de la sobrecapacidad productiva, la eliminación de lo más ineficiente y la reactivación de la demanda. No hay que olvidar la compleja relación de las grandes crisis con las grandes guerras mundiales.

La crisis actual llega al final de un largo declive en la tasa de beneficio y acumulación de capital iniciado al principio de los años setenta. Esta crisis ha sido aplazada durante décadas, hasta el punto de crear la ilusión de que eran cosas del pasado, mediante la expansión geográfica del capitalismo liberal hasta la culminación del mercado mundial (globalización), la desposesión masiva, la depredación y despilfarro de recursos naturales hasta límites insostenibles y el recurso al crédito-deuda, como medio de estimular una demanda decreciente a causa del creciente trasvase de rentas del trabajo al capital, en cantidades proporcionales a la financierización especulativa y parasitaria del sistema e impagables en gran parte.

Aunque la magnitud, evolución y derivas sociales y políticas de la crisis sean inciertas e impredecibles, lo que es seguro es que no hay posibilidad alguna de una rápida recuperación después de “tocar fondo”. Largos años de estancamiento están asegurados.

Si la crisis constituye en si misma la solución a la sobreproducción capitalista no resuelve la creciente subproducción absoluta. La demora en algunas de sus manifestaciones agravará la misma.

El declive de la extracción de petróleo demorado por la crisis actual se pondrá de manifiesto al menor repunte de la producción. El petróleo abundante y barato ha sido básico en la motorización, alimentación, urbanización e industrialización del planeta, en el ciclo de acumulación capitalista y crecimiento económico que finaliza.

Es muy poco probable que dispongamos de una fuente energética nueva o de una tecnología para aprovechar los recursos naturales que sustituyan al petróleo en capacidad y en el tiempo requerido. Lo que si es seguro es que en esas condiciones el capitalismo actual, en su fase senil, bajo hegemonía financiera con la búsqueda de rentabilidad a corto plazo, no podrá hacer crecer la economía. No se olviden de la marea especulativa desatada en el mundo sobre los alimentos, petróleo y otros recursos naturales, necesarios y escasos, ante la pérdida generalizada de rentabilidad de los activos financieros.

En el sistema capitalista la ausencia de crecimiento comporta conflictividad social e inestabilidad política. Más aún la ausencia de acumulación capitalista dejaría al sistema sin su única razón de existencia.

La gran pregunta se puede formular así: ¿puede el sistema capitalista disponer de los resortes tecnológicos y morales para inducir un nuevo ciclo de crecimiento dentro de los límites que la Naturaleza impone o estamos abocados a una crisis de civilización?

Todo sistema histórico lleva en su nacimiento el germen de su autodestrucción y en su desarrollo crea los gérmenes de un nuevo sistema.

 

Eduardo Fernández Sánchez es médico psicoanalista

 


Top