Ecología y política o ¿hay mundo más allá del ombligo?

- De 2014 a 2019, Narenda Modi, gobernó la India gracias a una coalición compuesta por trece partidos, con 900 millones de votantes

- En Líbano, Saad Hariri anunció un gobierno en el que se repartieron 30 ministerios entre 8 partidos, después de una guerra civil de 15 años

Pedro Sanchez Pablo Iglesias

Ábranse las ventanas, dejemos libertad a nuestros órganos de los sentidos, para sentir lo que pasa ahí afuera, y para darle sentido, que también es su finalidad, a nuestra necesidad de cambio y nuestra construcción del conocimiento.

Desde 2014 a 2019, Narenda Modi (líder del partido Bharatiya Janata Party) gobernó la India gracias a una coalición, la Alianza Democrática Nacional, compuesta por trece partidos, trece.

En primavera de este 2019, el mayor electorado del mundo con más de 900 millones de votantes, eligió a los 543 diputados de la cámara baja de Delhi, cifra que sorprende si la comparamos con nuestros escasos 37 millones de convocados y 350 diputados.

Los 2.293 partidos indios que habían sido autorizados a concurrir, obtuvieron unos resultados que confirmarían en el poder a Modi, esta vez con una coalición ampliada de 17 formaciones políticas.

No hay tantos partidos en la cámara baja española para poder ensayar una coalición semejante (contamos con 15). Imagínense el futuro político de Narenda Modi si mandara a hacer puñetas a las otras fuerzas políticas, sin duda merecedoras de su desconfianza.

Partidos de casta, partidos regionales, partidos confesionales, partidos nacionalistas, partidos laicos, partidos ideológicos,...en un infinito muestrario de opciones y matices, consecuencia de su universo humano, que componen un gobierno de coalición que en la actualidad gobierna a 1.372 millones de personas.

Pero quizás es que la India sea demasiado grande.

Líbano es un país con una extensión similar a la mitad de la provincia de Cáceres, pero con 6 millones de habitantes.

A comienzos también de 2019, el primer ministro Saad Hariri anunció la constitución del gobierno Libanés. Un gobierno de coalición en el que se repartieron 30 ministerios (no 3 ni 4, ni una vicepresidencia, frustradas) entre 8 partidos políticos. ¿Qué confianza se tendrán después de ser contendientes de una reciente guerra civil de 15 años? (1975-1990). 

Los casos indio y libanés muestran que, incluso en sociedades tremendamente difíciles, compartir hace viable el presente

Pues ahí tenemos, un gobierno, compuesto por el partido musulmán chií Hezbolá, el Movimiento Amal (partido musulman chií), Corriente Patriótica Libre (cristiano-musulman), Fuerzas Libanesas (cristiano, principalmente maronitas), Marada (cristiano), Partido Socialista Progresista (musulmán druso), Partido Democrático Libanés (musulmán druso) y la Corriente del Futuro (partido musulmán suní). La diversidad afecta también a la cúpula del poder. El Presidente Michel Aoun es cristiano maronita, el Primer Ministro Hariri es un musulmán suní y Nabih Berri, el portavoz del parlamento, es un musulmán chií.

Pero quizás Líbano sea demasiado pequeño. 

Hay ejemplos claros, como se ve, de estilos distintos de resolver las necesidades del prójimo. En equipo, o en solitario. Los malpensados dirían que tal vez eso de “resolver las necesidades” no está en la hoja de ruta de algunos

¿Se imaginan un intentador de gobiernos frívolo haciendo de primer ministro en Líbano, aplicando la estulta ley del embudo, del “yo que sí valgo” de la vanidad? Menos mal que nos separan 4.000 km del avispero libanés, con la afición que hay por este lado del Mediterráneo de darles patadas a los avisperos, y a renglón seguido poner cara de incomprensión.

Hay ejemplos claros, como se ve, de estilos distintos de resolver las necesidades del prójimo. En equipo, o en solitario. Los malpensados dirían que tal vez eso de “resolver las necesidades” no está en la hoja de ruta de algunos.

Otros, quizás igual de malpensados, diríamos que, estos prohombres, reflejan maneras de entender el mundo impropias de estos tiempos, de emergencia socio-ambiental, en las que para salvar un futuro tendremos que juntarnos, aportando cada una su excelencia. Estos nuevos Luís XV (“Después de mí, el diluvio”) nos harán perder un tiempo precioso, y se irán dejándonos su herencia, el destructor diluvio.

Los casos indio y libanés muestran que, incluso en sociedades tremendamente difíciles, compartir hace viable el presente.

Sé que no es cultura lo que le falta a ciertas dirigencias políticas. Les falta “otra” cultura. La cultura emanada de presupuestos científicos que ya no van siendo tan nuevos: la teoría de la complejidad, o la de sistemas o la teoría del caos. Les falta aplicar las visiones actuales de la ciencia al hecho político. Suspenderían sin remedio en ecología política y, sin embargo, quieren liderar el barco que atraviese los océanos, con cartas de navegación obsoletas. 

Deben repasar los conceptos base de la ecología y la hipótesis Gaia, para ser útiles a todas las personas. Deben traducir la realidad denominada “ecosistema” (el modelo complejo de relaciones que hace equilibrada la supervivencia de millones de seres vivos), a su actividad política, de modo que apliquen un “modelo complejo de relaciones que haga equilibrada la supervivencia de millones de seres humanos”. 

Me temo que tenemos un aspirante a dirigente que sería un excelente agricultor de monocultivo. El candidato ha elegido “monocultivo”, “venenos” y soledad. La soledad arrogante del que se cree dios. No son tiempos de fantasmas vanidosos

Han de entender que igual que hay ecosistemas naturales, de relaciones complejas, existe un ecosistema político, de igualmente complejas relaciones. Deben comprender que el águila imperial no deja de “ajuntar” al alcornoque porque el invierno haya desgarrado la rama que podría soportar su nido. Han de aceptar por muy buena que sea la leche, no será queso sin la intervención de las levaduras adecuadas, la temperatura precisa y la humedad idónea. En este mundo, solo no se es nada. Deben entender que igual que hay que conservar la biodiversidad, hay que defender la diversidad, también la parlamentaria. Que el “todo para mí” y el “yo solo” aparte de reflejar reacciones infantiles, acaban cuando acaba la persona.

Me temo que tenemos un aspirante a dirigente que sería un excelente agricultor de monocultivo. Tan peligroso como vehemente, haciéndonos creer a todas que ha sido obligado a usar venenos para producir. Y nadie le ha obligado a nada. Simplemente él lo ha seleccionado, y ya nos culpa a nosotras por ello.

El candidato ha elegido “monocultivo”, “venenos” y soledad. La soledad arrogante del que se cree dios. No son tiempos de fantasmas vanidosos, son tiempos del triunfo del conjunto. No nos vale un “Juan palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”, entre otras cosa por que lo que se guisa y se come no es suyo.

El presidentable y su guardia pretoriana, luchan contra las fuerzas de la naturaleza para cambiarlas, como lo lleva haciendo la vetusta aplicación del modelo agro-industrial de la revolución contra la naturaleza. Continúan defendiendo un modelo político vertical, autocrático y de pensamiento único

En la analogía entre agricultura y política, debe saber que la agricultura industrial del monocultivo ya ha muerto sustituida por la agricultura de lo diverso y lo intrincado, de los sistema complejos de interacciones. El agricultor es alguien observador que conjuga las fuerzas de la naturaleza. El presidentable y su guardia pretoriana, luchan contra las fuerzas de la naturaleza para cambiarlas, como lo lleva haciendo la vetusta aplicación del modelo agro-industrial de la revolución contra la naturaleza. Continúan defendiendo un modelo político vertical, autocrático y de pensamiento único, lo mismo que defendieron el modelo similar de producción de alimentos... que nos llevó a la crisis ambiental global.

¿Es que se creen que la verdad no se contrasta? ¿No saben que por mucho que llamen pepino a una berenjena, el pepino siempre tendrá el culo amargo? ¿No se dan cuenta que la izquierda es, por definición, diversa e integradora?

La unión de la derecha no es tal, se reduce a la construcción de una sola voz alrededor de la cual se mimetiza el resto de las voces. Y la deseada unión de la izquierda no puede ser eso

A la izquierda se le recrimina, siempre que se puede, su incapacidad de constituirse en una sola izquierda. El pasado domingo Marhuenda en el libelo “La Razón” (menudo atrevimiento, poner ese nombre) dice que a los comunistas les gusta matarse unos a otros, que siempre está divididos, siempre confrontando, escindiéndose, que Errejón es el mejor amigo del PP porque se ha cargado a Podemos… La derecha en cambio no lo hace, con escasísimas e insólitas excepciones. Y esto se ve con envidia por parte de la izquierda, harta de reclamar la “unidad de la izquierda”.

Se trata de un intento de despistar.

La unión de la derecha no es tal, se reduce a la construcción de una sola voz alrededor de la cual se mimetiza el resto de las voces. Y la deseada unión de la izquierda no puede ser eso. Cuidado. La unión de la izquierda no es disolverse, es sumar. La unión no es apartar a quien no gana unas primarias, al contrario, la unión es no dejarlo marchar.

En el ecosistema natural, o sea el nuestro, nadie pierde su personalidad dándosela a nadie, nadie deja de ser encina o buitre negro para ser no se sabe qué cosa, y todos cumplen su misión. La unión de la izquierda es que cada cual cumpla su misión, desde su sitio, su matiz, su naturaleza e idiosincrasia. Cuanto más complejo es un ecosistema más resiliente es, esto es, más difícil es alterarlo. Necesitamos complejidad en nuestras sociedades. Y la diversidad debe entenderse como riqueza, no como complicación. Entendamos que los bosques son bosques si mantienen sus docenas de especies distintas de árboles, de matorrales y hierbas, con su cohorte de seres animados. Neguémonos a que llamen bosque a una plantación de un solo tipo de pino. La plantación ejemplifica el pensamiento único. El bosque, el pensamiento ecosistémico.

No será moderno un gobierno inspirado en el pensamiento único. El gobierno ecosistémico ajustará excesos y será equilibrador. Funcionará como lo hace un paisaje diverso, limpio y vivo. Lo lleva haciendo desde siempre, bien.

Aprendamos, se puede hacer un gobierno con 17 partidos, o con 8, como se ha visto. Y para ello necesitaremos presidentes como directores de orquesta, que interpreten genialidades con todos los instrumentos posibles. Nos sobran próceres que se obcecan en convencernos de que lo que suena es el Segundo Movimiento de la Sinfonía nº 7 de Beethoven interpretado por una orquesta sinfónica en la que sólo quedan él y la percusión.

Foto. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias Dani Gago

https://www.elsaltodiario.com/partidos-politicos/ecologia-politica-o-hay-mundo-mas-alla-del-ombligo

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