¿Hace falta una coordinadora internacional? (1)

"O nos salvamos con el alma colectiva o con el alma individual nos vamos todos al infierno"  

Luís Redondo

En el Primero de Mayo de 2017 algunos grupos, particularmente jóvenes (yo con ellos, aunque ya no lo soy) gritábamos “Asturias se salva luchando”. Porque es verdad, pero esto también vale para los que demás pueblos: el gallego, el andaluz, los castellanos, valencianos, catalanes, etc., pero difícilmente lo podrán hacer cada uno por su cuenta, aislados. También para el pueblo español, el francés, el alemán, etc., incluso para un continente. Sin la lucha y la solidaridad de todos los pueblos nadie se va a salvar. En el siglo XXI, ya no debiera caber duda para nadie.

Múgica, el Expresidente de Uruguay, a la pregunta de uno de sus entrevistadores de, si había podido hacer todo lo que ha querido como presidente de su país, respondía negativamente; y a la de ¿por qué?, contestaba que los grandes intereses económicos mundiales no permiten a los gobiernos hacer todo lo que quieren y pueden para mejorar el bienestar de sus pueblos.

Emir Sader, escribe un art. El 17/11/2017 sobre los paraísos fiscales y transcribe un párrafo del libro “A era do capital improductivo” de Ladislau Dowbor, que dice: “No se trata de “islas” en el sentido económico, sino de una red sistémica de territorios que escapan a las jurisdicciones nacionales, permitiendo que el conjunto de los grandes flujos financieros mundiales rehúyan de sus obligaciones fiscales, escondiendo los orígenes de los recursos o enmascarando su destino”.

Este mismo autor también puntualiza que “Hay iniciativas para controlar relativamente a ese flujo monstruoso de recursos, (20 trillones de dólares en paraísos fiscales, según The Economist) pero el sistema financiero es global, mientras las leyes son nacionales y no hay un sistema de gobierno mundial”.

Extraemos del art. “arquitectura de la desigualdad”, de Rafael Silva, los dos párrafos siguientes por entenderlos sumamente aclaratorios del inmenso poder del capital financiero internacional y sus multinacionales: “Estos acuerdos han desmantelado progresivamente, vaciado de su sustancia y primacía a las normas nacionales e internacionales, en favor del gran capital transnacional. Poco a poco, estos acuerdos comerciales se iban haciendo más completos y potentes, y no se limitaban a definir productos o aranceles, sino que intentaban extender la semilla de la eliminación de lo que para estas empresas eran "obstáculos" a dicho comercio, pero que en realidad eran garantías que situaban los derechos humanos, de los animales y de la naturaleza por encima de los beneficios empresariales”.

“Las empresas siempre ganan, mientras pierden los Estados y sus poblaciones. En el fondo, siempre llegamos a la misma palabra: desigualdad. Una arquitectura (en este caso de comercio e inversión) pensada, planificada y extendida para garantizar que las grandes corporaciones siempre se salgan con la suya, mientras la democracia es socavada, la soberanía ignorada, los trabajadores y trabajadoras explotadas, y la naturaleza destrozada”.

Es decir el sistema capitalista es global, su economía es global, su comercio es global, su sistema financiero es global. Incomprensible, la lucha de los pueblos y de la clase trabajadora no lo es. ¿Por qué?

 Los mercados, el Banco de Pagos Internacionales, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las empresas multinacionales, los acuerdos de comercio internacional, etc. son algunas de las palancas utilizadas para su dominio económico internacional. Sus nefastas consecuencias afectan a todos los pueblos y trabajadores del Mundo, (es verdad que a unos más que otros, pero absolutamente todos salimos perjudicados). ¿Por qué nosotros no le hacemos frente, solidaria e internacionalmente unidos? No creo que sea la pregunta del millón.

Ese enorme poder económico está en la base de su poder político y militar. Ningún gobierno, de ningún país, podrá escapar de su dominio. Si alguno se propone hacerlo, intentarán desestabilizarlo, asfixiarlo política y económicamente (mercados, boicot, sanciones, negación de créditos, etc.) o doblegarlo por las armas.

Como dicen Carlos Fernández Liria y Luis Alegre: "El capitalismo es un sistema en el que, por ejemplo, la sobreproducción de riqueza (algo que siempre fue para el hombre un motivo de fiesta) supone una falta de mercado y una amenaza de crisis. Un sistema en el que el progreso tecnológico no acorta la jornada laboral, sino que la alarga y precariza. Un sistema en el que la posibilidad humana de descansar se transforma en el desastre del paro. En el que la guerra, la peor de las calamidades para el ser humano, es el mejor estimulante económico. En el que la producción de armamento supone la más pesada carga para los hombres y el mejor negocio para la economía. En el que a la dilapidación sistemática de recursos y riqueza se le llama consumo y estimulación de la demanda, y a la destrucción del planeta, crecimiento. Bajo condiciones capitalistas, todo aquello que para los seres humanos es un problema, resulta que para la economía es una solución. Y lo que para ellos es una solución, para la economía es un problema"

Por ello, en ninguna de sus guerras busca otra cosa que no sean sus propios beneficios imperialistas. En Irak no había bombas atómicas, pero había mucho petróleo y la posibilidad de mejorar su posición estratégica. Ocurre lo mismo con las guerras desbastadoras de Oriente Medio o en la devastación del pueblo palestino. ¿No se nos revuelven las tripas ver un día sí y otro también ahogarse gente en el Mediterráneo por intentar huir de esas calamidades? ¿O cómo es reprimida la emigración en EE.UU. separando incluso a los padres de sus niños? ¿No es necesario un frente internacional contra estas atrocidades? Creo que ya es hora de guitar ¡BASTA YA!

La experiencia nos dice que vamos de derrota en derrota (alguna pequeña victoria, por lo general poco duradera) debido a nuestro empeño en mirar cada uno para sí.

Ésta parece ser una realidad irrefutable. De lo que se trata, pues, es de cambiarla.

Los problemas que padecemos los pueblos y la clase trabajadora internacional, son de la misma naturaleza y provienen de un enemigo común, muy fuerte y peligroso contra el que, queramos o no, estamos obligados a pelear cada día. Esta lucha requiere, más que nunca, unidad, solidaridad, respuestas globalizadas internacionales, con perspectiva de futuro, de todos los pueblos y de la clase trabajadora internacional. Si siempre fue conveniente, ahora es imperiosamente necesario, obligatorio diría yo.

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