Guerra híbrida: orígenes y usos políticos

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La guerra es, por lo tanto, no solo de carácter camaleónico, porque cambia su color en algún grado en cada caso particular, sino que también, en su conjunto, está en relación con las tendencias predominantes que hay en ella.

Carl Von Clausewitz

 

Invocando la “guerra híbrida”

 

La alocución “guerra híbrida” se ha puesto en boga en años recientes para describir fenómenos bastante diversos.  Habiendo estado asociada en un primer momento a la combinación y actuación en el campo de batalla de fuerzas regulares y actores no estatales, posteriormente ha sido relacionada con ciberataques, tareas de espionaje, propaganda e información, campañas de desestabilización para deponer gobiernos (como ocurre con las llamadas Revoluciones de Colores) así como con el uso de herramientas no militares para promover extraterritorialmente los intereses de los Estados que las emplean (guerra económica, presión diplomática, formas de penetración cultural, entre otras).  En el presente texto se hará una distinción entre los elementos conceptuales del término y su uso con fines propagandísticos, mismos que hacen parte de una disputa que tiene como principales protagonistas a Estados Unidos y Rusia, pero con ramificaciones a distintas regiones del planeta.

 

Si bien el concepto fue acuñado en 2002 en la tesis de maestría de William J. Nemeth (Escuela Naval de Posgrado), su utilización por el General James Mattis y el Teniente Coronel Frank Hoffman (ambos de la Marina de Estados Unidos) durante los primeros años del lanzamiento de la llamada “Guerra contra el Terrorismo” lo colocó en el debate de los estrategas militares.  Tratándose en verdad de una síntesis de varias aproximaciones, destacan las recuperaciones de la Three Block War (General Charles Krulak), guerra irrestricta o guerra más allá de los límites (Coroneles del Ejército Popular de Liberación chino Quang y Wang), guerra compuesta (Thomas H. Huber) o Guerra de Cuarta generación (William S. Lind).  En ese momento, se hacía énfasis en la convergencia operacional de Estados con actores no estatales y se puntualizaban algunos de sus elementos: "La gama completa de diferentes modos de guerra, incluidas capacidades convencionales, tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas que incluyen violencia y coerción indiscriminada, así como desorden criminal" (Hoffman, 2007).  Es decir que se ponía de relieve la imbricación entre formas y actores de guerra convencional o tradicional y aquellos pertenecientes a las manifestaciones de la guerra irregular, en la que se volvía difusa la frontera de actuación entre unos y otros, aun en los niveles a ras del campo de batalla; además de incluir como elemento central las modalidades de actuación del “terrorismo” islámico.

 

Un elemento a resaltar sobre la noción, es que se han ido agregando y enfatizando algunos de sus componentes a partir de eventos concretos.  La Guerra del Líbano de 2006 y en especial la actuación de Hezbollah apoyada por los gobiernos de Siria e Irán, hizo que el planteamiento cobrara mayor notoriedad por los estragos que esta organización logró asestar a las Fuerzas de Defensa de Israel.  En especial, fue destacada la combinación de formas de organización descentralizada, con la creación y utilización de infraestructura y armamento más sofisticado para llevar a cabo la campaña (misiles anti tanque y anti buque, sistemas avanzados de comunicación, creación de túneles y refugios antiaéreos), al mismo tiempo que se llevaron a cabo ataques sorpresa y fue establecida una exitosa campaña mediática promoviendo los resultados de la estrategia de Hezbollah.  En esta vertiente, se destacó el hecho de que en una confrontación asimétrica, un actor armado de menor calado, aprovechara avances tecnológicos-informáticos, así como el apoyo de formaciones estatales para ofrecer batalla a uno de los ejércitos más poderosos de su región.

 

Guerra de “nuevo tipo”

 

A partir de 2014, se generalizó la enunciación como “nuevo tipo” de guerra, con posterioridad a la anexión de Crimea por Rusia.  Desde entonces la acepción incorporó con mayor fuerza la disputa en el terreno de la información a partir de eventos relacionados con la difusión de noticias falsas (especialmente en las redes sociales), propaganda, o guerra psicológica; lo cual da cuenta de otro rasgo que ha sido subrayado sobre estos escenarios: la centralidad que adquiere la población como objetivo de estas operaciones en la medida en que se busca crear descontento social o generar adversarios al interior de los Estados rivales.

 

Desde el otro extremo del tablero, el interés de Rusia en el concepto surgió de la teorización producida desde Occidente y que a partir de ésta se tradujo al ruso como gibridnaya voyna.  El objetivo de dicha incorporación habría sido interpretarla a la luz su propio contexto, más que asumirla de manera mecánica (Fridman, 2017).  Esto hizo que fueran recuperados los aportes en torno a la “guerra de subversión” (myatezh voyna), propuesta desde la década de los años sesenta del Siglo XX, por un ex Coronel del Ejército imperial ruso (y anticomunista furibundo) Evgeny Messner.  Bajo esa conceptualización, se refirió a las actividades de la urss y China respecto a las “democracias” occidentales y los países del Tercer Mundo en el marco de la Guerra Fría.  Dicho planteamiento consideraba ya la creciente fusión entre la guerra regular e irregular (en un sentido amplio y no fundamentalmente operacional), así como la preeminencia de la guerra psicológica y la importancia de la población en los conflictos venideros:

 

Mientras que el concepto occidental de guerra híbrida se centra principalmente en actividades tácticas y operativas militares 'dirigidas y coordinadas dentro del espacio de batalla principal para lograr efectos sinérgicos', la gibridnaya voyna rusa gira en torno a ideas más amplias e 'involucra todas las esferas de la vida pública: política, economía, desarrollo social, cultura'...  esta idea está fuertemente basada en el concepto de 'guerra de subversión' de Messner (Fridman, 2017: 43)

 

Otro elemento a considerar es que, mientras la definición surgida en Estados Unidos pone especial énfasis en la actuación de actores no estatales, las preocupaciones de los académicos rusos que han recuperado a Messner, se centran en los esfuerzos de Estados por socavar gobiernos y sociedades enemigas.  En esa línea de ideas es que Andrew Korybko ha establecido que la guerra no convencional y las Revoluciones de Colores son los dos componentes de las guerras híbridas actuales, en este caso entendidas como un método novedoso de guerra indirecta por parte de Estados Unidos (Korybko, 2015).

 

Lo señalado hasta ahora nos permite observar que lo que se presenta como “guerra híbrida” no es en realidad una forma novedosa de enfrentar a los enemigos ya que la fusión entre la guerra tradicional o convencional y la de tipo irregular, así como la incorporación de mecanismos no estrictamente militares, resultan prácticas que se actualizan, pero que pueden ser rastreadas desde tiempos inmemoriales.  A las objeciones que se han planteado al término, relacionadas con lo hasta ahora expuesto, considero pertinente agregar que la propia conceptualización nos permite observar el carácter performativo de la enemistad contemporánea, de la redefinición constante de amenazas.

 

El intervallum de las guerras actuales

 

La oscilación entre estrategias tradicionales e irregulares para hacer la guerra es en la actualidad parte constitutiva de la doctrina militar de Estados Unidos (jcos, 2017) y como expresan las aproximaciones mencionadas al comienzo de este texto, otras características –como la proliferación de guerras internas, la generalización de las operaciones especiales, el resurgimiento y generalización de actores armados no estatales, la importancia que han adquirido las tareas de información y propaganda, o el papel preponderante que tienen las poblaciones civiles en los conflictos actuales– resultan elementos que, operando de manera conjunta, acompañan a nuestras sociedades desde las últimas décadas del siglo pasado.

 

Es por ello posible afirmar que, tanto Rusia como Estados Unidos, apelan al carácter híbrido de las amenazas y la guerra como una manera de describir al enemigo sin llevar a cabo una autodescripción de su proceder (Ssorin-Chaikov, 2018), eludiendo incluso retomar formalmente el concepto en sus doctrinas, aunque en su repertorio existen formulaciones que bien podrían ponerse en relación o albergar dicha noción.  Tal es el caso tanto de las “guerras de nueva generación” o “nuevo tipo de guerra” (Thomas, 2017; Gerasimov, 2019), como la “dominación de espectro completo” (JCOS, 2000).

 

Si prestamos atención a los elementos señalados, éstos han estado presentes en otros momentos de la historia, e inclusive formaron parte de los conflictos bélicos durante el Siglo XX, incumpliendo con ello las normatividades acordadas para llevar a cabo la guerra.  Lo que ocurre es que algunos de estos rasgos se generalizaron con el lanzamiento de la “Guerra contra el Terrorismo”.  Por ejemplo, a través de las incursiones militares en países sin que haya de por medio declaraciones formales de inicio de hostilidades, la implementación de centros de detención como Abu Grahib o Guantánamo, el incremento exponencial de las Operaciones Especiales o la proliferación del uso de vehículos no tripulados (uav) que han permitido llevar a cabo ataques a distancia, así como asesinatos encubiertos.  Es por ello que, al mismo tiempo que se ha instaurado un “espacio panóptico global” (Gusterson, 2016) a través de las tecnologías de vigilancia o de la generalización del uso de drones, no se percibe una correlativa adaptación de las reglas del juego, sino que distintos actores disponen ahora de esos mismos mecanismos de intervención y ataque.

 

Lo característico de la época en que vivimos es que los conflictos contemporáneos se desarrollan en una zona gris entre la paz y la guerra (Almäng, 2019).  Ese intersticio o zona de indefinición abarca aspectos espaciales, temporales y, por último, pero no menos importante, posibilita la producción de sentidos sociales en los que se diluye el ámbito civil y militar, así como la experiencia de conflictividad bélica que se normaliza en la cotidianidad.  Entre otras cosas, esto obedece al resquebrajamiento del orden interestatal y su legitimidad, si bien remite a una experiencia acotada a un par de centurias (a lo sumo) y que en amplias regiones de África, Asia y América Latina y el Caribe tuvo un carácter claramente distinto a la prédica Occidental.

 

Lo que se amplifica es la conformación de formas de conflictividad permanentes detrás de las cuales es notoria una militarización generalizada y que penetra todos los ámbitos de la vida social, al mismo tiempo que es relanzada la disputa de porciones del planeta, como ocurrió durante la Guerra Fría.  En esta dinámica tiene un lugar destacado la difusión de propaganda que abarca aspectos diversos y que en lo sucesivo no hará sino profundizarse.  Entre los elementos que de manera cualitativa actualizan fenómenos ya presentes, destacan innovaciones tecnológicas y en especial la centralidad/dependencia que nuestras sociedades comportan respecto al mundo informático y la internet.

 

Por último, es preciso señalar que la capacidad de llevar adelante una estrategia que al mismo tiempo se desarrolle en ámbitos de información, inteligencia, operaciones especiales, propaganda, formas de guerra económica y penetración cultural, e incluya la activación o utilización de actores armados no estatales o paramilitares (proxy wars) está acotada a los Estados en la disputa hegemónica.

 

En lo que respecta a América Latina y el Caribe, en donde también se ha importado este concepto de moda, no debemos perder de vista que las estrategias de desestabilización y socavamiento de nuestras sociedades están presentes desde hace décadas, si bien sus mecanismos de intervención se actualizan y perfeccionan.  Esto incluye, tanto el aggiornamiento de la contienda en el terreno de la propaganda y la información (que incluye ahora las redes sociales), como el recurrir a fenómenos diversos de privatización de la seguridad y la violencia.

 

- David Barrios forma parte de OLAG, donde se dedica a estudiar las formas de militarización contemporáneas, especialmente en América Latina y el Caribe. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Fuentes consultadas

 

Almäng, J., 2019, “War, vagueness and hybrid war”, Defence Studies, Routledge, 1–16.

Fridman, Ofer, 2017, “Hybrid Warfare or Gibridnaya Voyna?”, The RUSI Journal, 162:1, 42-49

Gerasimov, Valery (traducido del ruso por Harold Orenstein), 2019, “2018 Presentation to the General Staff Academy «Thoughts on Future Military Conflict»”, Military Review online exclusive, enero.

Gusterson H, 2016, Drone: Remote Control Warfare, Cambridge, Massachusetts, MIT Press.

Hoffman, Frank, 2007, Conflict in the 21st Century: The rise of hybrid wars, Potomac Institute for policy studies, Virginia.

Joint Chief of Staff, 2017, Joint Publication I Doctrine for the Armed Forces of the United States, Washington.

------------------------, 2000, Joint Vision 2020, Washington.

Korybko, Andrew, 2015, Hybrid Wars: The indirect adaptative approach to regime change, Institute for Strategic Studies and Predictions, Moscú.

Nikolai Ssorin-Chaikov, 2018, “Hybrid Peace: Ethnographies of War”, Annual Review of Anthropology.

Nemeth, William J., 2002, “Future war and Chechnya : a case for hybrid warfare”, Naval Postgraduate School Monterey, California.

Thomas, Timothy (Teniente Coronel retirado), 2017, “The Evolving Nature of Russia’s Way of War”, Military Review (julio-agosto), Kansas.

 
https://www.alainet.org/es/articulo/203107
 
 
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