Conocer mejor el sistema capitalista nos ayudaría en la eficacia de nuestra lucha.

 

En más de dos siglos de historia de este sistema, hemos padecido infinidad de guerras, de golpes de estado; una brutal y constante represión; varias crisis económicas (dos mundiales, la de 1929 y la del 2008, la primera “solucionada” con la segunda guerra mundial); desempleo, desigualdad, hambre, trabajo infantil, jornadas de trabajo insoportables,  para hasta aquí.

Y ¿qué nos encontramos ahora?: - En primer lugar, con una concentración brutal del capital (unos cientos de capitalistas manejando la economía mundial). Su poder económico-político–militar le permite dominar el mundo a su antojo e imponer sus intereses. Todo gobierno que se oponga a sus deseos sufre sanciones, boicots y todo tipo de atropellos. Si le no le basta con ello recurre directamente a la desestabilizarlos o al empleo de la  fuerza militar. Consecuencia de todo ello es que tenemos, desde la invasión de Irak, varios países en guerra y millones de muertos y mutilados (muchos de ellos niños) además de cerca de 300 MILLONES DE EMIGRANTES-REFUGIADOS, jugándose la vida en la huida de ese infierno.

- Segundo, con el sistema más corrupto que nos podíamos imaginar: Solo en paraísos fiscales, The Economist calcula que hay unos 20 BILLONES DE DÓLARES ocultos al fisco. Los bancos más importantes del mundo tienes sucursales en estos países, facilitando  no solo la evasión fiscal, también el blanqueo de dinero de tráfico de droga y de armas, entre otros.

- Tercero, con la crisis económica mundial del 2008, siempre presente, que se recrudece, así como los consabidos recortes. Las grandes fortunas crecen y se concentran aún más. Consecuencia, un mundo temeroso, de un futuro incierto, sin horizonte, desesperado y desesperante.

-  Cuarto, con democracias, en palabras de nuestro poeta Gamoneda, de ficción. En las que el sistema capitalista impone sus reglas a los gobiernos elegidos por los ciudadanos. En España, por poner algún ejemplo: el art. 135 de la Constitución que obliga al pago de la deuda antes que a cubrir las necesidades básicas de los ciudadanos, las dos reformas laborales, las dos reformas de la Seguridad Social y los recortes económicos-sociales y políticos que aún sufrimos. La inmensa mayoría de esas reformas  y recortes vinieron para quedarse. Por lo que vemos en la campaña electoral, hay más interés parece que hay demasiado interés en olvidarlas. En Europa tenemos otro ejemplo sumamente significativo, Grecia.

Después de toda esto y de que hayamos tenido miles de gobiernos, de todo tipo y colores, después de que hayamos fundado tantas absurdas esperanzas en algunos presidentes elegidos en el mundo como, por ejemplo, Obama y de que todo siga empeorando, choca observar el apasionamiento con que vivimos las elecciones a los parlamentos, una y otra y otra vez.

Toda esa larga experiencia histórica nos señala que el sistema capitalista tiene vida propia. Que su lógica está en incrementar constantemente sus ganancias, de la manera que sea.  (Es como un elefante en una cacharrería al que no le preocupa lo vaya destrozando al caminar, el caso es seguir).  Que solo su final pondrá fin a sus consecuencias. Muerto el perro se acabó la rabia.

Todo lo que antecede ¿quiere decir que no debemos participar en las elecciones a los parlamentos? Lo que quiere decir es que debemos de valorar adecuadamente lo que significa la lucha parlamentaria en el contexto de la lucha de la clase trabajadora.

  1. A) Ningún Gobierno podrá gobernar contra los intereses del sistema. Las decisiones económicas y sociales más relevantes se toman en estamentos internacionales, como el FMI o la Unión Europea.
  2. B) Por ello, no pueden ni podrán impedir la especulación del capital financiero, ni que éste sea el instrumento fundamental para esconder el dinero de los portentosos en los “paraísos” fiscales. Ni que el desempleo, esa lacra social inherente al capitalismo, deje de crecer en el mundo, ni evitar que de su intensidad dependan los salarios, los contratos basura y demás derechos laborales y sociales. Si escasea el trabajo, si hay mucho desempleo todo empeorará, menos los beneficios empresariales.
  3. C) Los parlamentos y sus gobiernos quedaron reducidos a ser subsidiarios, meros repartidores de las migajas que les dejen y poco más.

Ese reparto y la cuantía podrían justificar el interés electoral pero también, en parte, la abstención generalizada, en todos los países del mundo. Otra preocupación que también puede influir es el deterioro democrático, con el incremento de la derecha y el fascismo, también a nivel mundial.

Pero creer que con votar una vez cada equis años se solucionan los problemas de clase trabajadora o los mejoramos sustancialmente,  es un engaño. Y la historia así lo acredita. Esto denota lo poco que conocemos el sistema capitalista. Y todo  engaño perjudica la lucha de la clase obrera contra el capitalismo.

 (Echenique hizo un comentario sobre Pablo Iglesias, algo así como que era un bicho raro, porque no tenía miedo a los del IBEX 35. Si eso es así y quiere enfrentarse a ellos, con las armas que eligió (las elecciones y el parlamento, aunque consiguiese la mayoría absoluta), no le auguro muchos éxitos, aunque consiguiese la mayoría absoluta y de vedad quisiera equivocarme).

Pero,  a pesar de todo, todo proceso electoral es una magnífica ocasión para que los partidos políticos, llamados progresistas, puedan denunciar la explotación y tropelías a las que es sometida la clase obrera, siendo altavoces de su lucha, así como  darles apoyo  y solidaridad parlamentaria.

 No obstante, si no  hay candela en los tajos y en la calle, si la sociedad no se moviliza y se enfrenta de veras al sistema capitalista, nuestros problemas no “existen”. (El movimiento de pensionistas, el feminista, el del cambio climático, y otros son buena prueba de ello). O el reciente de Chile, donde todo iba bien, no había problemas sociales ni de ningún tipo, “era” el ejemplo de Suramérica, hasta que el pueblo estalló y todo el engaño saltó por los aires.

Creo que todo partido político, que se manifieste como representante de la clase trabajadora, debe dejar claro su posición antisistema capitalista y procurar la movilización de la misma en la perspectiva de resistencia y avance hacia la derrota del mismo.

La clase obrera luchó denodadamente por mejorar su situación. Gracias a esto se consiguieron algunos derechos como: la reducción de la jornada laboral, mejores relaciones laborales, pensiones, sanidad, educación, derechos democráticos, en definitiva mejores condiciones de vida. Pero el sistema capitalista sigue ahí, recortárnoslos o quitárnoslos. Trabémonos  y no lo permitamos, por tantos millones de muertos y represaliados en la lucha por conseguirlos, por nuestros propios intereses y los de nuestros hijos y nietos. Por nuestra dignidad.

Nota: Este art. fue redactado antes de las elecciones del 10 N. Algunos retoques posteriores, de redacción o estilo no han cambiado su contenido.

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