Cantamañanas

Gustavo Bueno busca la controversia para encontrar un espacio, cuando no separa lo de Dios y lo del Cesar   
Dice el diccionario que un cantamañanas es una persona informal, fantasiosa, irresponsable, que no merece crédito.  Los hay en todas partes,  incluso entre  los que mantienen pose de pensadores insignes pero que se han quedado en meros “buscones mediáticos”.
Estos pícaros ya sólo sobreviven -intelectualmente- a base de la travesura y la bufonada. La fatalidad es que sean poseedores de asientos elevados desde donde enseñar e impartir doctrina. Es una desgracia ver como sujetos reconocidos  en algún momento con dignidad casi pontifical, buscan su autoridad y consideración social en función de su presencia mediática: ¡mal termómetro de autoridad para filósofos!
En ese elenco podemos incluir a Gustavo Bueno que se ha “pasado de rosca” cuando  ha dicho que a la ministra  Bibiana Aido «habría que tirarla por la ventana»,  por decir que es necesario separar la religión de la razón. En realidad Aido ha hablado de  separar lo de Dios y lo del Cesar, concepto añejo que tan insigne filósofo debería conocer por edad y por profesión.
Seguramente, Gustavo Bueno buscaba la controversia  para encontrar un espacio. Muchos publicistas  (los más elementales y simples)  articulan su mensaje en la  provocación que supone el  elogio y  glorificación de un hecho criminal o socialmente no aceptable como forma de ganar audiencias.
La cuestión es dónde esta el límite. Que esta instigación indirecta del delito por parte de  Gustavo Bueno haya tenido poco eco mediático se debe, sin lugar a dudas, al hecho de que desde determinados sectores de ha optado, razonablemente, por no alimentar a estas bestias y no entran a trapos tan zafios.
Sin embargo, desde quienes ostentamos diferentes grados de representación pública, no debemos dejar pasar comentarios que llanamente son apología de la violencia y el delito.
 
 
 
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