Sindicalizar la lucha por la hegemonía social con el socialismo y la soberanía nacional de bandera

 

¿Donde buscamos respuestas al que hacer el movimiento comunista español, insertos en nuestra debilidad, división y sectarismos, en medio de una situación económica y social de crisis global del sistema de producción capitalista de libre mercado y de una pandemia también global? La única manera objetiva de intentarlo, es aquella que nos sitúe en el sentir de la clase trabajadora, en unos momentos que estamos abiertos a una nueva realidad que si la pandemia no lo impide, marcará el inicio de una nueva normalidad, donde la clase obrera debe optar por estar presente de nuevo en el tablero político, porque si no, se continuará con la vieja normalidad de asumir el coste de la próxima explosión, dentro de la crisis global del capitalismo. Recuperar la experiencia del PCE bajo el franquismo debe ser el inicio de esa búsqueda colectiva, como la historia que el revisionismo ocultó para olvidar la lucha de clases y la línea del partido, basada en sindicalizar la política como línea de masas en la lucha por la hegemonía social, con el socialismo y la soberanía nacional por alternativa, para construir ahora, tal como hicimos primero bajo el franquismo, el partido y sus organizaciones sindicales y de masas, en los sectores de producción, centros de trabajo, barrios y pueblos donde vivimos o la derecha de hoy con sus mentiras y poder mediático, nos expulsará de las masas. Mientras tanto porque no es nuestra prioridad actual, apoyemos con la movilización social las reformas pactadas en el acuerdo de gobierno progresista del PSOE y Unidas Podemos.

 

Por eso, ahora que en Asturias tenemos encima el VIII congreso de la CSI, viene a cuento recordar lo que dijimos hace cuatro años, cuando realizamos una valoración extensible del VII Congreso de la CSI debate entre sindicalismo y revolución al sindicalismo sociopolítico de clase español, donde aventuramos, que de los problemas principales además del sectarismo radical infantil al que nos enfrentábamos, estaba el del viejo sindicalista burócrata que se niega a morir y que su apuesta por direcciones sin experiencia política y sindical sería como lo que acabó siendo, la puerta que el viejo sindicalismo sectario abrió a la posmodernidad identitaria y a la negación de otros cuatro años más de sindicalismo sociopolítico. Podemos decir sin margen de error, que el mal ideológico que corroe al sindicalismo de clase en el grueso del estado español, es la inmovilidad política en coincidencia con la que sufre el sindicalismo institucionalizado de clase, donde cualquier cambio los aborrece por la desestabilización que provoca de la realidad interna, por esa visión acuñada de sentimiento de propiedad del sindicato, partido o cualquier otro instrumento de clase. Por eso, la única salida que les queda es evitar de forma necia una y otra vez el compromiso sociopolítico, pretendiendo que todo siga igual, sin entender que la oligarquía que dirige el actual proceso es la que provoca la desestabilización económica, social y la guerra mundial, donde la política por la unidad con la clase obrera y por la unidad popular con todas sus deficiencias, son una trinchera fundamental.

 

Pero para poder cambiar, primero debemos reconocer que la influencia de la posmodernidad en la política revolucionaria y el sindicalismo de clase en España, surge entre la clase media y obrera alta en los años ochenta, por la derrota ideológica y política del movimiento obrero revolucionario que luchó por la ruptura, posibilitando así, la unión de la élite neoliberal progresista con sectores del movimiento obrero y del marxismo, dándoles mediante el control de los medios de comunicación que ejercen, un fuerte protagonismo mediático. Confluyeron como movimiento en el marxismo y las masas obreras, por la aceptación social inducida desde el poder tras la derrota de la ruptura con el franquismo, de que la verdad del marxismo es la que el revisionismo dogmático del PCE y PSOE visualizaron mediáticamente, bajo una imagen gris, autoritaria, burocrática, siempre aliada a la oligarquía empresarial. Basta una mínima lectura de los intelectuales de la posmodernidad como Laclau o Zizek, para ver que la crítica que hacen al marxismo leninismo es desde la caricatura que de él hizo el revisionismo dogmático y el neoliberalismo, incluidas las visiones autoritarias de los dirigentes de las revoluciones socialistas como Stalin, Mao o Fidel y también, del mecanicismo en la visión que se tiene de la clase obrera como sujeto revolucionario, tanto en versión ideológica cuando no es el sujeto mayoritario o como la que esquematizaron en el obrero industrial fordista que algunos marxistas aun tienen, reforzando así las falsas ideas inducidas entre el pueblo.

 

Por eso no es casualidad, que desde la época del gobierno de José Luis Rguez. Zapatero del PSOE, como principal valedor del neoliberalismo progresista en España, una vez derrotada la vía armada en el movimiento nacionalista vasco que tanto réditos dio a la gobernabilidad bipartidista, el PSOE institucionalizara el feminismo de género, como elemento identitario de masas que eludía la lucha de clases como motor de la opresión de la mujer trabajadora, sumándose desde el protagonismo mediático la mayoría de sectores de la izquierda popular y sindical, en una movilización de género interclasista, en una situación de generalización de la precariedad laboral, social y de las libertades, donde la mujer es la principal perjudicada junto con la juventud. Al tiempo, que por parte de la derecha con la exacerbación mutua del nacionalismo catalán y español, explotan la otra variable identitaria, la del nacionalismo a la que se suma sin pensarlo dos veces gran parte de la izquierda marxista, dividiendo a la clase obrera y al pueblo. Estas movilizaciones sociales de los últimos años de feminismos de género contra la violencia machista y la nacionalista por el derecho a decidir, a la que se sumó la izquierda y el reformismo, son luchas inducidas por el neoliberalismo en sus facetas conservadora y progresista desde el poder mediático y las instituciones, para confundir y dividir al marxismo, al pueblo y al movimiento obrero, cortando así de raíz, la lucha contra la precarización social, laboral, la corrupción y el recorte de libertades en el estado español, como institución que representa a todo el pueblo, dejándolo en manos de la demagogia fascista y la extrema derecha.

 

Como consecuencia, tenemos dos frentes de lucha donde la autocrítica si no funciona quedaremos barridos de la calle, de forma a como el reformismo de izquierda barrio al revisionismo dogmático liberal del PCE y del PSOE de las instituciones. Son el movimiento marxista leninista y el sindical alternativo de clase, donde seguimos funcionando con el mismo esquema dogmático, sectario y revisionista de los años setenta, incapaces de recuperar al Marx y al Lenin revolucionario, tanto en el compromiso militante y partidista de clase que ellos representaron, como el de la capacidad del análisis concreto de la realidad concreta en lo político, económico y social, de forma, que ese saber nos permita la concreción de un programa mínimo que una en la lucha, bajo una táctica que parta de la experiencia histórica de la lucha de la clase obrera y del pueblo, teniendo a la unidad como principio estratégico del marxismo: unidad con la clase obrera y con el pueblo para la confluencia. Esta es la prioridad de los comunistas con respecto al movimiento obrero y del sindicalismo de clase con respecto a la sociopolítica; dar una utilidad política al trabajo en la construcción de la unidad del pueblo, como táctica para la hegemonía con la acumulación de fuerzas, la creación de partido y construcción del poder obrero y popular. Porque o superamos el anarcosindicalismo que convierte cada lucha de resistencia de la guerra de guerrillas en una guerra de posiciones, que nos obliga a volcar la totalidad de las fuerzas en cada momento con el objetivo de la victoria o cavamos nuestra propia derrota política, porque lo fundamental, es avanzar en cada lucha de resistencia en explicaciones, conocimientos y organización obrera y popular en la lucha por la hegemonía social, construida sobre la suma de las victorias y derrotas, de la guerra de guerrillas en la resistencia.

 

¿Como combatimos los marxistas la hegemonía social y mediática que tiene la derecha? Podemos copiar la experiencia en el control que ha ejercido el capital de los medios de comunicación o del tipo de reacción, que han tenido los países que construyen el socialismo o su independencia en un mundo global e interconectado y veremos, que la única opción que los revolucionarios tenemos para combatir la hegemonía burguesa global, es la misma que usaron los países para construir el socialismo y la independencia o para vencer la pandemia: la participación organizada del pueblo desde el estado, el partido y las organizaciones de masas del poder popular desde su hegemonía, con el combate puerta a puerta contra las mentiras del capital y la pandemia más el apoyo de las nuevas tecnologías. Pero para llegar a este nivel desde donde partimos, debemos planificar con humildad y la unidad como bandera, esa táctica que los comunistas y revolucionarios de todas las sensibilidades bajo la dictadura practicamos con éxito, siendo hoy la experiencia más avanzada de la lucha del marxismo leninismo y del movimiento obrero español, en el trabajo de reconstrucción de las organizaciones de masas sindicales y partidarias, destruidas con la represión tras la derrota militar de la república ante la oligarquía y el feudalismo español, aliados al fascismo internacional.

 

Los comunistas y revolucionarios debemos definir como centramos el trabajo unitario en la táctica, el programa y los instrumentos de poder y gobierno del estado y las masas. El programa y la táctica deben ser las históricas adecuadas a la realidad actual, pero las históricas son principios, no son el mismo pan, trabajo y libertad del programa bolchevique que el de ahora, ni el reformismo actual es asimilable al revisionismo eurocomunista. La línea general del actual programa mínimo, debe sintetizarse de la movilización surgida en el 2011 en la lucha contra las privatizaciones, austeridad, recortes y la corrupción, que dio una organicidad a muchos movimientos (a falta de otros válidos reconocidos por las masas) superando a las viejas organizaciones sociales acopladas al sistema neoliberal capitalista, pero también a las organizaciones alternativas sindicales, sociales y políticas atomizadas y sectarizadas, regidas por las practicas individualistas de las teorías identitarias de la posmodernidad, apostando por la intersectorialidad de las luchas de género, nacionalidad o raza y separándolas de la lucha de clases. Por eso la táctica siempre debe responder a las necesidades de lo general, uniendo las luchas concretas de resistencia con la lucha por la unidad de clase y de pueblo y estas, con la lucha por la hegemonía social.

 

Los instrumentos de poder y gobierno deben representar al conjunto como clase y pueblo, en una sociedad como la española, que construyó su identidad moderna en lo fundamental a partir del siglo XIX y XX, con la introducción de la industria y el nacimiento y desarrollo de la clase obrera, teniendo su mayor experiencia de lucha y organización contra la sublevación fascista de 1936 y posteriormente, en la resistencia ideológica y política que demostró ante la derrota militar y la migración de más de la mitad de la población, empobrecida y exhausta por la explotación, miseria y represión de una oligarquía aliada al poder feudal y la iglesia. Podemos y los comunistas pros y contras para la confluencia en la soberanía y la unidad popular La mayoría de la clase obrera española actual, es heredera de ese flujo de campesinos empobrecidos, jornaleros y siervos, que vivían en el interior y periferia de la España feudal, a la cual mediante la expropiación de sus tierras y la explotación miserable a la que estaban sometidos de semiesclavitud y servidumbre bajo el franquismo, https://rebelion.org/wp-content/uploads/2020/06/investigacion91_1.pdf tuvieron que migrar forzosos a las ciudades en proceso de industrialización desarrollista, por la introducción masiva del sistema fordista de producción bajo una sobreexplotación empresarial y del estado ante la falta de libertades, dando luz a la España que conocemos. Los retos que el marxismo leninismo y el movimiento obrero tenemos son: recuperar la esencia de clase perdida durante la transición a la democracia capitalista, recuperar al estado español como representante único del pueblo y el de reconstruir las organizaciones de masas políticas y sindicales, como instrumentos del poder obrero y popular, para la defensa de la república y del mundo del trabajo. Esto o la derrota final.

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