Una Introducción al marxismo

Reseña del libro de Michael Heinrich, Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx. Prólogo y traducción de César Ruiz Sanjuán. Escolar y Mayo Editores, Madrid, 2008.1 

 

Tenemos la suerte de contar con este texto de Heinrich, que es una sobria y, a menudo, sencilla exposición de la magna obra de Karl Marx, El Capital. Tal y como se subtitulaba el texto fundamental de Marx, esta magna obra, que transformó sin duda el mundo, es realmente una “Crítica de la Economía Política”, y no simplemente “otra” economía de estilo clásico a añadir a las otras que en el siglo XIX se venían elaborando (Smith y Ricardo). Entre los propios marxistas (socialdemócratas y comunistas) se ha venido hablando de una “Economía Marxista”, y de Das Kapital como una especie de contribución positiva a la Economía clásica, alternativa a la “Economía burguesa”. El término “Crítica” que el propio Marx situó en la cabecera de su programa de trabajo intelectual durante tantos años ya nos ilustra acerca de la raigambre kantiana, trascendental, y no positivista, de tal empresa. La Economía, como “ciencia” y como “realidad efectiva” es algo a superar. Superación que exige una crítica de las categorías económicas para pasar luego a su destrucción. Por un lado, las categorías de la ciencia económica son históricas, contingentes. Corresponden a un mundo burgués que, igual que un día ha nacido, otro día vendrá en el que se muestre la naturaleza periclitada de las mismas. Por otro lado, la Crítica (categorial) de la Economía Política es intrínseca a y necesaria para la Crítica de la estructura socieconómica real y efectiva que tantos horrores produce y tanta miseria acumula. Como bien señala Heinrich, el enfoque marxiano no se basa en la condena moral de todos los horrores y miserias que produce el capitalismo. Marx desprecia el moralismo y este tipo de condena moralizante del sistema le parece especialmente estéril. Por otro lado, la crítica categorial de la Economía Política se encuentra muy lejos de ser una exposición histórica de este modo de producción. El autor del libro aquí reseñado nos muestra que Crítica significa análisis, y el punto de partida de Marx fue el del análisis abstracto de las categorías de la Economía Política, independientemente de su aparición histórica, cosa que no siempre entendieron del todo Engels y demás epígonos del marxismo clásico, “De ahí que en El Capital todos los pasajes `históricos’ se encuentren después de la exposición (teórica) de las correspondientes categorías y no antes: así, por ejemplo, el célebre capítulo sobre la llamada “acumulación originaria” –en el que se trata del surgimiento del trabajador asalariado “libre” como presupuesto de la relación capitalista –no está al comienzo, sino al final del libro primero de El Capital. Los pasajes históricos complementan la exposición teórica, pero no la fundamentan” (p. 49). El método lógico y el enfoque histórico no coinciden en Marx.  

 

Estas precisiones de Heinrich resultan tanto más curiosas hoy, a tenor de la imagen más difundida del marxismo, especialmente la divulgada por epistemólogos como Popper y Bunge, que hablan del marxismo como de una falsa ciencia, “irrefutable”, incapaz por lo demás de cumplir con sus predicciones. En las facultades de ciencias económicas actuales la enseñanza de la “economía de Marx” constituye, a lo sumo, una curiosidad histórica. Los profesores y manuales más benevolentes sitúan a Marx dentro de los clásicos, se entiende que ya superados: “Esta es básicamente la interpretación de la ciencia económica moderna: para ella Marx es, por el contenido de su teoría, un representante de la escuela clásica que simplemente ha sacado otras consecuencias que Smith y Ricardo. Y ya que para la ciencia económica moderna los clásicos se consideran como algo superado (la teoría moderna ha abandonado la determinación del valor a través del trabajo), el economista actual piensa que ya no necesita ocuparse seriamente de la teoría de Marx” (p. 50). 

 

Marx comienza con el análisis del valor, la categoría más abstracta de la Economía Política. A partir de la crítica –análisis- de esa categoría, se inicia el despliegue de las demás. Hay una relación lógica de sucesión de unas categorías a otras. Eso no quiere decir que el orden cronológico de aparición en la Historia sea ese. Heinrich se muestra muy crítico a lo largo del libro con lo que él denomina “marxismo ideológico”, suponemos que contrapuesto al marxismo científico que practica Marx en Das Kapital muy dado a mezclar ambos planos. La ciencia requiere de abstracciones, y el análisis –trascendental, crítico- de la ciencia, también. Lo importante aquí no es solamente que las abstracciones se realicen en un ámbito mental, y que categorías como “valor” o “trabajo abstracto” sean ideas inscritas en la mente humana, en la mente de los economistas. Además de eso, Marx expresa el hecho de que son abstracciones reales, procesos que acaecen socialmente sin que la gente se percate de ello (p. 66). El tema de las abstracciones reales, que se hacen efectivas en la vida social, es muy importante porque los propios marxistas han interpretado las ideas de Das Kapital en un sentido substancialista. De acuerdo con la teoría del valor-trabajo, inaugurada por David Ricardo, el trabajador por cada hora trabajada sobre la materia, añadiría unidades de valor a modo de inyecciones que incrementan el valor inicial de ésta. De acuerdo con tamaña ingenuidad, bastaría comparar los productos en función del tiempo trabajado en ellos para establecer los valores de los mismos. Pero en Marx no encontramos nada de esto. El estudio pormenorizado de la Producción, por más que obtenga un trato privilegiado en Marx, según numerosos intérpretes, no puede aislarse de la esfera de la Circulación. Esto es, la supuesta “sustancia del valor” que originalmente procede de la fuerza de trabajo humana aplicada sobre la materia, nunca llega a realizarse si no tiene lugar el intercambio: “La sustancia del valor, y con ello también la objetividad del valor, les corresponde a las cosas sólo cuando se refieren las unas a las otras en el intercambio” (p. 69). La objetividad del valor se establece en la relación. La teoría marxista del valor es una teoría relacional. Fuera de una relación de cambio, “esta objetividad no podemos aprehenderla en ningún sitio. La objetividad del valor es, en un sentido totalmente literal, una objetividad ‘espectral’” (p. 70). “Espectral” es el término habitualmente empleado por Marx para distanciarse de los enfoques sustancialistas del valor. No es que el cambio produzca valor, sino más bien que sin la mediación del cambio, vale decir, dentro de un cambio, puede darse un valor. Ese intercambio siempre se da en un contexto social, bajo unas formas sociales determinadas históricamente. De la mercancía aislada sólo podemos pronunciarnos en cuanto a su valor de uso, pero no al valor en sentido estricto (valor de cambio). Desde hace muchos siglos que el hombre ha practicado intercambios de bienes. Lo específico del capitalismo es la producción de mercancías, esto es, bienes, productos, servicios, que se destinan desde el principio a ser objetos de intercambio en un mercado (actos de compra-venta) en los que desempeña un papel esencial el dinero. En efecto, Heinrich subraya que Karl Marx fue seguidor de una teoría monetarista del dinero. El dinero no es un simple medio auxiliar o facilitador de los intercambios en el mercado. Ni tampoco es (solamente) una mercancía más al lado de las otras. Lejos de ser un apéndice a la teoría del valor, la teoría del dinero de Marx es esencial a la teoría (capitalista) del valor. Un mundo (un modo de producción) de mercancías, y no meramente productos o bienes, o servicios, sino mercancías stricto sensu, es un mundo que requiere la existencia del dinero para que tenga lugar el valor. Este en el que vivimos es un mundo fetichizado (el fetichismo de la mercancía). Las operaciones humanas en forma de fuerza de trabajo aplicado sobre la naturaleza quedan ocultas, camufladas, bajo la tupida red de intercambios mercantiles y monetarios. Gran parte de la justa fama de Marx consiste en haber mirado debajo del velo de la sociedad, la trastienda que esconde una realidad y nos ofrece un sucedáneo de la misma. Marx, con su idea del “fetichismo de la mercancía” es todo un maestro de la sospecha.  

 

Excelente obra, que cumple su cometido de “introducirnos” al difícil texto de Marx, en unos tiempos en los que la crítica al capitalismo se hace más necesaria que nunca. 
 


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