Educación secundaria, el debate no cesa


Hace ya unos meses que ha aparecido en diferentes medios web de la izquierda alternativa un debate, a veces agrio, sobre el Manifiesto No es Verdad que hizo publico el grupo IRES. Yo quizás fui uno de los primeros que lo criticó en este sitio web pero desde entonces muchas han sido las réplicas y contrarréplicas. Creo que el Manifiesto nos cogió desprevenidos a los profesores de enseñanza secundaria que no participábamos en el proyecto y nos pusimos a la defensiva. La razón para hacerlo era la sospecha de que fuera una cortina de humo para ocultar la nefasta política educativa que hay en este país en el ámbito de la enseñanza secundaria (me centro en ésta porque es la que conozco y porque creo que es también el núcleo de la discusión) y pasar la patata caliente a los profesores. Quizás fue una lectura precipitada o quizás el Manifiesto posibilitaba esta lectura pero lo cierto es que el debate con este grupo me resultó muy productivo y me hizo reflexionar sobre el tema. Me di cuenta que el tema de cómo damos las clases y le necesaria renovación en la manera de hacerlo había quedado excesivamente diluida por otras reivindicaciones. Y que la lucha contra las políticas educativas debía complementarse con una discusión y un esfuerzo sobre que hacemos en el aula. Y a esto quiero añadir una idea que tengo muy clara que es que la gente de izquierdas que creemos en la enseñanza pública y en su funcionamiento democrático hemos de presentarnos como equipos directivos para garantizarlos. En el caso de Cataluña, que es el que conozco más de cerca, es muy claro: La Ley Catalana posibilitará tanto un funcionamiento democrático (claustros, consejo escolar, equipos docentes) como una estructura jerárquica. Y en Cataluña tenemos un grupo que se llama AXIA (de directores y ex directores) que quieren entrar en este juego). Hemos de asumir al máximo de responsabilidades aparte de continuar las movilizaciones.

La cuestión es que el último crítico del Manifiesto, Carlos X. Blanco, creo que ha llegado demasiado lejos en su tono. Escribió un artículo titulado “Contra la pedagogía progre” en el que decía muchas cosas, algunas ciertas y otras no según mi parecer, pero cuyos errores básicos era el tono nostálgico y el hacer de la LOGSE y los psicopedagogos el chivo expiatorio del desastre de la enseñanza secundaria. En el primer escrito planteó incluso que con la Ley General de Educación (EGB,BUP,COU) se perdió con respecto al bachillerato anterior del tardofranquismo (que se iniciaba a los 10 años y acababa a los 17 con el preuniversitario). En su contrarréplica a la replica de José Luis Carretero afirma que no es un nostálgico pero que los niveles de exigencia y calidad de los estudiantes, competencia de los profesores y nivel de contestación política que había era muy grande. El último punto lo liquidaré pronto sin entrar a fondo en el debate: se trata de saber si “contra Franco” vivíamos mejor o vivíamos peor. El tema es complejo y, como digo, ahora no entro. Que los profesores fueran mejores o peores tampoco porque es una pura especulación difícil de contrastar.

Entremos en el punto de “grandes niveles de exigencia y de calidad en cuanto a los alumnos”. Lo primero que hay que decir aquí es que el sistema es cada vez menos selectivo. Cuando la enseñanza era postobligatoria a partir de los 9 o 10 años sólo estudiaban los muy capaces de origen obrero y todos los que venían de clase media y alta. Y todos sabemos que aunque estos no sean más capaces tienen más medios y por lo tanto sus resultados son siempre mejores. Con la Ley General de Educación a los catorce años muchos se quedaban en la calle o iban a FP, donde el ambiente no era mejor que el que hay hoy en los institutos. El segundo punto es, si al margen de esta cuestión selectiva los niveles eran más exigentes en cuanto a calidad. Yo creo que no hay respuesta posible porque hablamos de dos contextos totalmente diferentes pero en todo caso el modelo de clase magistral no es el ideal. Las clases magistrales son un instrumento necesario a mi entender pero no el único y siempre han de ir acompañadas de una vía de participación activa del alumno.

Respecto al tema de la LOGSE y los pedagogos. Yo creo que aquí debíamos centrar más la cuestión, Yo creo que el colectivo IRES, el colectivo Baltasar Gracián que lo criticó y gente como Blanco o yo mismo tenemos unos elementos comunes que no hay que olvidar. Y también hay desacuerdos, y está bien. No quiero ser conciliador consensuando lo que no se puede pero sí planteando que todos estamos preocupados por la situación de la enseñanza pública y todos queremos mejorarla. Y todos criticamos a las autoridades políticas como principales responsables de esta situación.

¿Podemos llegar a acuerdos sobre las causas y sobre los remedios? En todo caso planteo unos puntos posibles de discusión: La aplicación de la LOGSE es la una de las causas del desastre actual. Yo aquí no sé hasta que punto la LOGSE aplicada con una ley de financiación suficiente hubiera dado lugar a los que nos encontramos hoy. Pero la aplicación de la LOGSE, tal como han hecho los gobiernos centrales y autonómicos, tiene la mayor responsabilidad de la situación actual. En cuanto a la letra de lo que dice la LOGSE podemos entrar en detalles, ni todo está bien ni todo está mal.

La necesidad de una escolarización hasta los 16 años. Se tienen que plantear diferentes itinerarios, que sean flexibles, para todos estos jóvenes con intereses y capacidades diversas. Algunos alumnos ya deben tener la opción de una escolarización práctica basada en talleres pero que se les de también una formación en competencias básicas. Cuando Blanco dice que la LOGSE forma mano de obra barata no hay que olvidar que más barata era cuando la gente estudiaba hasta los 10 o los 14 años. Otra cuestión es que se haga servir la escolarización obligatoria hasta los 16 para mantener el orden público y prevenir jóvenes ociosos que pueden ser delincuentes o semidelincuentes hasta los 16 años. Me parece inaceptable esta función de encierro pero es otra cuestión que la de mano de obra barata que para esto no hace falta escolarizar.

Los libros de texto actuales se han de cambiar radicalmente pero el modelo no tiene que ser los de épocas anterior sino un planteamiento auténticamente renovador. Estar alerta respecto a los cantos de cisne de los libros digitales, que no hay que descartar pero que parece otra manera de ocultar los auténticos problemas por parte de la administración.

Los pedagogos no deben ser los que dirijan ideológicamente el sistema educativo pero tienen su función. Y aquí hay que aclarar que los teóricos deben participar pero no ser los diseñadores de las leyes. Hay que dar principalmente a voz a los profesores, aunque también a los alumnos y a los padres. Y que hayan pedagogos en los centros que trabajen con alumnos difíciles o con eficiencias por supuesto que es positivo. La política educativa de favorecer a la Iglesia y a los centros privados es absolutamente nefasta para la educación pública Los profesores somos un colectivo variado en el que hay, como en todo, profesionales buenos, aceptables y malos. Hemos de asumir la responsabilidad de implicarnos en una enseñanza que interese a los alumnos. Podemos pedir esfuerzo a nuestros alumnos pero éste no se puede separar de la motivación. Los alumnos tienen que interesarse por lo que hacen y esto depende, en parte, de nosotros. Hay que buscar siempre renovar los métodos y para ello hay que escuchar también a los alumnos. No sus demandas infinitas sino su deseo más profundo, no lo que piden sino lo que quieren. Y si no les escuchamos nunca lo sabremos.

La sociedad ha cambiado mucho. La institución familiar está en crisis y esto dificulta nuestro trabajo. De un capitalismo más austero hemos pasado a un nihilismo hedonista, consumista y tecnológico que va en contra nuestra. El mundo virtual, que forma parte de la realidad cotidiana de nuestros alumnos, no es extraño.

El último tema que plantea Carlos X. Blanco en su contrarréplica, muy interesante, es el de la autoridad. El tema es muy complejo y me parece que lo soluciona de una manera demasiado simple: “Una sociedad libre y socialista necesita autoridad. Incluso un mundo libertario. Y la autoridad se aprende en casa y en el aula. Lo demás son monsergas”.

¿Monsergas? ¿En qué puede basarse la autoridad si no es en miedo? Esta es la pregunta del millón. Podríamos decir en el reconocimiento y quedaría bien. Pero nosotros, los que creemos en la libertad y en la igualdad nos encontramos día a día, en casa (si somos padres) y en el aula (si somos profesores) con el problema. No sabemos como ganarnos esta autoridad y muchas veces recurrimos al autoritarismo del miedo por nuestra propia impotencia. ¿Cómo podemos resolver esta cuestión tan desgarradora para nosotros, las gentes de izquierda que vivimos en este capitalismo que tiene la peor de las permisividades? Este es el gran problema a discutir y lo que son monsergas, Carlos, es darlo por solucionado.

Con afecto para todos

 

Nota, enlaces relacionados:

Contra la Pedagogía “Progre”

¡Si es verdad! La LOGSE fue un desastre y no quieren rectificar

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