Promesas incumplidas

Los políticos parecen no tener mejor cosa que hacer que soltar ocurrencias

 

Lne

 

Me voy a referir a las que vienen realizando los políticos de todo signo, tanto en campañas electorales como en declaraciones cotidianas. Parece que no tienen otra cosa mejor que hacer que soltar la ocurrencia del día. Si tuviera que hacer una nómina de todas las que se han prometido últimamente y no se han llevado a cabo, no cabrían en esta edición de LA NUEVA ESPAÑA. Así que hoy, como ejemplo, les voy a hablar solamente de cuatro de ellas con impacto mundial, nacional, regional y local.

¿Se acuerdan de la reunión del G-20 en Londres, que tuvo lugar el 2 de abril? Seguro que no se olvidan de los esfuerzos, con gran despliegue diplomático, del presidente del Gobierno para ser aceptado en las dos últimas. Después de largas sesiones, los líderes del mundo mundial llegaron a varios acuerdos, entre los que destacaba la firme decisión de presionar para suprimir los paraísos fiscales. Transcurridos tres meses, no se ha hecho nada y estos «off shore» siguen ahí más activos que nunca, realizando las mismas funciones de ocultar y lavar el dinero negro. Les puedo asegurar que continuarán siendo intocables, entre otras razones, porque la mayor parte son protectorados de los dos principales miembros del G-20 (USA y Gran Bretaña).

A nivel nacional, nos prometieron en la campaña electoral llevar a cabo una política de austeridad en el gasto de la Administración. Pues, no solamente no se ha cumplido, sino todo lo contrario, ya que, por ejemplo, los funcionarios han aumentado en 180.000 personas en el ultimo año y el déficit público alcanza ya el 9% (esta chapucería la pagaremos con la subida de impuestos en la próxima década).

A nivel regional y por tanto más cercano, todos recordamos la promesa, en un arranque de palabrería propagandística y grandonismo (probablemente debido a los efluvios de una comida copiosa), de eliminar el peaje del Huerna. Fíjense que estamos hablando de una promesa pública, ignorando las reglas del mercado, sobre el negocio de una empresa privada. ¿Cuántas veces se habrá arrepentido aquel político de esa ocurrencia? Y ¿cuántos electores se lo creyeron y confiaron en aquellas palabras? Pues ya ven, nadie ha vuelto a hablar del tema, ni se ha castigado al imprudente político.

Como cuarto ejemplo y a nivel más local, voy a mencionar el metrotrén de Gijón, obra a la que se le ha dado toda la publicidad y espacios en los medios de comunicación. Después de perforar la ciudad, causar perturbaciones a los vecinos y dar una divulgación mediática día a día del progreso de los trabajos (fotos de las labores subterráneas, extracción de la tuneladora, etcétera), el proyecto ha quedado parado y en el olvido. Nadie explica si este parón es debido a la falta de presupuesto o a las demandas de ciudadanos como consecuencia de un mal estudio geológico. Bueno, pues nuestros políticos no escarmientan, y, dado que se nos olvidan sus promesas y no les exigimos una adecuada rendición de cuentas (en parte por la incapacidad de una oposición que no gana elecciones), continúan lanzando a diario ocurrencias y excesos verbales.

Un ejemplo de esta semana son las declaraciones de que la Alta Velocidad (?) comunicará a Gijón con Madrid en tres horas. Dense cuenta ustedes, queridos lectores, que todavía no hay trazado diseñado para atravesar Asturias y siguen discutiendo (sin llegar a ponerse de acuerdo) si debe ser una línea de pasajeros o combinada con mercancías. No hay que dejarse engañar por ese mal endémico de los políticos que son las promesas vacías que no se van a cumplir. La realidad es que nunca habrá un AVE de Alta Velocidad en Asturias, como el del Sur y Cataluña. Será un tren rápido que tardará alrededor de cuatro horas a Madrid con siete paradas. Sin duda supondrá una mejora con respecto a la situación actual, pero no estará operativo antes del año 2015. ¿Apuestan algo a que tengo razón?

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