Yemen: la guerra contra los niños y los pueblos

 

En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia,
pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.
Nicolás Maquiavelo: Discursos de Tito Livio.

Como hemos señalado en anteriores ocasiones[1], conforme avanzan los días más elementos aparecen relacionando la muerte de Jamal Khashoggi , con los distintos servicios de espionaje occidentales (en especial el MI6 inglés)[2], la guerra en Yemen y el uso de armas químicas proporcionadas por Londres y utilizadas contra la población civil. Al parecer, el periodista saudí asesinado estaba recopilando informes detallados sobre el uso de este tipo de armas. Es un tema especialmente embarazoso para Trump, Theresa May o Macron. No pueden justificar sus ataques a Siria por el supuesto uso de armas químicas del “régimen” si ellos las venden para matar a la población yemení.

 

Poco a poco, sabemos que los personajes interesados en esta muerte son muchos. El caso Jamal, al que muchos gobiernos intentarán poner en sordina, puesto que la venta de armas es un negocio demasiado suculento para dejarlo perder, continuará su periplo que acabará, probablemente, con la “sustitución” del príncipe heredero por otra figura. No es en modo alguno una “fake news” afirmar que el reino saudí ha dirigido un auténtico río de dinero hacia los parlamentarios de diversos países para suavizar la condena internacional.

 

Cuando el secretario de Estado de los EEUU, Mike Pompeo, fue a Riad para hablar sobre la desaparición del periodista Jamal Khashoggi, recibió una “ayuda” de 100 millones de dólares. Se calcula que, desde el inicio de la guerra en Yemen hasta finales del 2016, los parlamentarios ingleses recibieron no menos de 112.000 euros disfrazados de regalos. Desde el 2015 hasta la actualidad, Arabia Saudita “invirtió” 790.000 euros en viajes de lujo para los parlamentarios británicos no sólo conservadores. A finales de octubre, el diario inglés The Guardian afirmaba de fuentes solventes que Riad dio unos 250 millones de dólares para ayudar al lanzamiento de medios de comunicación afines a sus postulados que permitieran mejorar o, al menos, neutralizar la mala imagen del reino. Igual objetivo ha tenido el patrocinio de numerosos equipos de fútbol. Los actuales escándalos en la FIFA mucho tienen que ver con el lavado de imagen de las monarquías teocráticas del Golfo vía “deportes de masas”.

 

La crisis en Arabia Saudita no es, como se pretende, consecuencia ni fruto del asesinato de un periodista. A Occidente no le importa demasiado. La defensa de los derechos humanos no deja de ser, en ocasiones, más que una floritura lingüística, una molestia que ha de ser sorteada como se pueda. Los gobiernos europeos de derechas o, incluso, fuerzas de “izquierdas radicales” priorizan el negocio, la mejora en las cuentas de resultados de unas cuantas empresas, y sobre todo el impacto en votos en las próximas elecciones.

 

Mohamed Bin Salman (MBS) es el auténtico hombre fuerte de Arabia Saudita y el artífice del asesinato: nada en su país se hace sin su conocimiento. El personaje se aupó al poder en medio de un auténtico río de sangre. Sólo el 2 de enero del 2016, ordenó decapitar a 47 personas, entre ellas el líder de la oposición, el jeque Nimr Baqr al-Nimr. El que fuera pacifista y partidario de la no-violencia no detuvo su ejecución. Las manifestaciones de repulsa en el país fueron cortadas a sangre y fuego. Las ciudades de Mussawara y Chuweikat, fueron arrasadas por los carros blindados (hubo centenares de muertos) Las potencias occidentales tampoco vieron allí motivo para protestar. Para consolidar su liderazgo además de la represión interna necesitaba una guerra victoriosa contra sus rivales, Irán, Siria y, especialmente, el Yemen. Así, Arabia Saudita se implicó directamente desde 2011 en la guerra siria, abrió nuevos frentes y en 2015 inició la agresión contra el Yemen, con la pretensión de invadir Qatar en junio de 2017. Todo ha sido un conjunto de fracasos terriblemente costosos.

 

Todo ello hace que la figura de Salman se tambalee; no sólo por el caso Khashoggi sino por su derrota en Siria y, especialmente, ahora en Yemen ¡Arabia Saudita puede perder la guerra contra el pueblo más pobre de Oriente Medio! De nuevo, David y Goliat. La guerra en Yemen es también y sobre todo una victoria del eje de la resistencia en el sur. Tel Aviv- Washington-Riad habían creado un Estado Mayor conjunto que dirigía las operaciones militares sobre el terreno. Su no-éxito, a pesar de las miles de toneladas de bombas arrojadas o la destrucción de las infraestructuras, es evidente. La voluntad de resistencia se ha impuesto a la tecnología y el dinero.

 

James Mattis, secretario de Estado de Defensa de EEUU, ha pedido el inicio de conversaciones de paz en un plazo de 30 días. A finales de este mes, si se cumplen las previsiones, la fuerza aérea estadounidense dejará de suministrar el combustible en vuelo para los bombarderos saudíes al igual que no darán información de inteligencia sobre los blancos a atacar. La imposibilidad, por parte del ejército saudí y los miles de mercenarios que ha contratado (la mayoría de los pilotos de caza son pakistaníes o israelitas) para derrotar al ejército yemení, ha provocado la crisis del propio reino.

 

El incierto resultado de la guerra y el genocidio provocado ha propiciado que otras voces se sumen a la crítica contra el gobierno saudí. Desde el Reino Unido, el Ministro de Exteriores Jeremy Hunt, viajaba a Riad para presionar al rey saudí, Salman bin Addulaziz Al Saud (un hombre gravemente enfermo de Alzheimer) y al príncipe heredero Mohamad bin Salman. La canciller Merkel ha expresado su oposición al genocidio yemení. Incluso, voces de la antigua administración republicana (más de treinta antiguos altos cargos, como Susan Rice, John Brennan o Wendy Sherman) manifiestan su oposición a la desastrosa guerra en el Yemen, a la que no ven ningún asomo de victoria. Otra voz relevante ha sido la alta Comisionada de NNUU (Michelle Bachelet) exigiendo el fin de las operaciones militares.

 

EEUU prepara el recambio. Si es preciso, se eliminará a Bin Salman para salvar el activo principal, la monarquía saudí y especialmente el acuerdo Riad-Tel Aviv-Washington. La guerra en Yemen, como señalaba Ghaleb Kandil desde las páginas del Comité Valmy, es una guerra israelita-norteamericana-saudí. La alianza es tan estrecha que el propio MBS visitó Israel en secreto, en 2017. Fue en ese momento cuando el personaje detuvo a más de 1200 miembros de la familia real saudí y obligó a muchos, bajo tortura, a cederle el 50% de sus bienes. Bin Salman se encontró en las manos con 800 mil millones de dólares para sus guerras.

 

Saqueo y control de mercados y rutas marítimas comerciales                            

 

Sería pueril pensar que la guerra en Yemen es fruto únicamentedel aventurerismo del príncipe heredero. Un análisis cuidadoso del contexto estratégico y económico de la agresión, revela que las operaciones bélicas, incluido el genocidio contra la población civil y la destrucción total de la vida en el país yemenita, responden a objetivos muy concretos. Esta guerra personifica la voluntad de los países agresores (Estados Unidos -Israel -Arabia Saudita) de saquear las riquezas de la zona y controlar todos los mercados y las rutas marítimas comerciales que transportan el petróleo y el gas del Mar Rojo hacia las costas de la Palestina ocupada en competencia directa con China, que pretende abrirse hacia la costa africana con especial énfasis en el control de Egipto (muy dependiente de las inversiones de Riad) y Sudán como puertas de entrada para ampliar su influencia en el centro de África.

 

La disputa estratégica entre China y Estados Unidos por aumentar su influencia en África está en el fondo de esta cuestión. Estados Unidos tiene, por ejemplo, una de las mayores bases militares africanas en Yibuti, enfrente de la costa yemení. Por su parte, Pekín ha instalado también una pequeña base militar-comercial en la zona. Es la primera base militar china fuera de su país (la segunda está en Afganistán). Pekín es ya el primer socio comercial del continente africano. Ha invertido miles de millones de euros en infraestructura. Una de ellas, una línea ferroviaria que conecta precisamente Yibuti con Adis Abeba, capital de la vecina Etiopía. Cerca de 2.500 empresas chinas están instaladas actualmente en África promoviendo un volumen comercial de 220.000 millones de dólares.

 

La posición geográfica del Yemen le otorga un papel clave en el futuro estratégico de África. Por ello tanto EEUU como Arabia Saudita fijaron como prioridad, hace años, el control del litoral yemení (500 km de costa). Las potencialidades del país en cuanto a recursos petrolíferos sin explotar, potencial demográfico y su posición estratégica (controla el golfo de Adén por donde transitan 7 millones de barriles de petróleo al día) hace de este país un objetivo deseable.

 

El enfrentamiento es, pues, entre un conjunto de agresores- Tel Aviv-Riad-Washington- y las fuerzas yemeníes que buscan preservar la independencia del país. Mientras que en esta fase de la guerra híbrida por el control del Golfo de Adén, Occidente insiste en ver la “mano negra” iraní, en realidad el apoyo del país persa es de tipo político, puesto que el bloqueo militar tanto terrestre, aéreo y naval, hace muy difícil una ayuda militar efectiva por parte de Teherán. Sólo la habilidad y el ingenio de la resistencia yemenita, ha permitido la llegada de material militar de cierta importancia que ha ocasionado grandes sorpresas a las fuerzas agresoras. La resistencia del pueblo yemení es consecuencia también de su experiencia en guerras, fortificaciones y lucha contra sucesivos invasores a lo largo de siglos. Yemen es otro de los pocos países que jamás han podido ser conquistados.

 

Uno de los mayores genocidios

 

Yemen, como hemos dicho, representa hoy el frente sur del eje de la resistencia. Por ello la intervención israelita- norteamericana -saudí ha intentado desarticular el país y la sociedad, provocando uno de los mayores genocidios de la historia moderna. Para los agresores occidentales la destrucción de Yemen era de hecho una acción preventiva frente a la expansión económica china e iraní.

 

Yemen ha sido sometido a un auténtico cerco medieval. El objetivo de Arabia Saudita no es sólo ganar la guerra sino destruir el país, capaz de convertirse en un quebradero de cabeza futuro para la monarquía de Riad, por sus recursos sin explotar tanto naturales, estratégicos o demográficos. Es, especialmente, una guerra contra la población civil, específicamente contra los niños. Arabia Saudita pretende aniquilar el futuro de la sociedad yemení. El nivel de destrucción de las infraestructuras no tiene parangón en un conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. Se contabilizan desde el inicio de la guerra casi 60.000 muertes directas a consecuencia de los bombardeos aéreos o artilleros.

 

La mayor parte de la prensa occidental de nuevo juega en el bando de los financiadores. Según los medios se han producido unos 11,000 muertos entre los civiles desde el inicio de la guerra. Los datos de la UNICEF, en cambio, son estremecedores. Más de 11 millones de habitantes requieren asistencia humanitaria, de los cuales cerca de 7 millones están en grave riesgo de hambruna. De éstos, unos 400,000 se enfrentan a la desnutrición que puede ser potencialmente mortal en pocos días. Cada 10 minutos muere un yemení por enfermedades que pueden ser prevenidas fácilmente.

 

Los bombardeos de la coalición apoyada por Estados Unidos e Israel se han centrado en la destrucción de las infraestructuras básicas, escuelas, hospitales, puentes… Uno de los objetivos más buscados por la aviación saudí ha sido la destrucción de las pocas plantas de potabilización de agua existentes en el país. El objetivo, como ya vimos en la guerra en Irak, es la expansión del cólera y el tifus que ya ha afectado a 1.100.000 de habitantes y ha ocasionado la muerte a más de 25.000 personas. Por otra parte, el uso indiscriminado de bombas de fragmentación (reconocido por Arabia Saudí en febrero del 2016) y minas anti-persona en los campos de cultivo, pretende extender el hambre al conjunto de la población. La revista norteamericana Veterans Today afirmaba, tras el análisis de los bombardeos en Sanaa, en 2017, que habían sido utilizadas armas atómicas para destruir almacenes del ejercicio yemení.

 

Una de las técnicas más inhumanas de esta guerra inhumana es utilizar munición de dispersión por los campos y zonas pobladas. Esta munición tiene cierta semejanza con juguetes de vivos colores, su objetivo específico son los niños que al trastearlas provocan el estadillo y arrancan la mano. No pretenden matar, sólo amputar manos o dedos. Se pretende matar el futuro de toda una sociedad. Es, sin duda alguna, el mayor genocidio desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Mientras, en un ejercicio infinito de cinismo, Occidente ha guardado silencio hasta ahora. Ha preferido mirar hacia otro lado: las ventas de armas al rey saudita representan un buen negocio. Desde 2015, los países de la UE han vendido a los saudíes armas por valor de 86.700 millones de dólares; mientras que el valor de la ayuda humanitaria enviada al Yemen asciende a 1.560 millones (1,8% en relación a las ventas).

 

España no se ha comportado de forma diferente. El debate, de momento acallado, sobre la venta de armas de precisión y navíos de guerra que han de colaborar en la matanza de civiles y en el bloqueo de la ayuda humanitaria, revela cómo se anteponen en nuestro país los intereses de las cuentas de resultados de algunas empresas a una política exterior orientada hacia la búsqueda de la paz. En este aspecto, la “izquierda”, tanto la “moderada” como “radical” se comportan de forma parecida a como lo haría la derecha. ¡Los votos y la razón de Estado son lo primero!

 

  1. https://www.cronicapopular.es/2018/10/jamal-khashoggi-el-hombre-que-sabia-demasiado/
  2. Según las revelaciones del diario inglés Express y del rotativo norteamericano Washington Post, el MI6 estaba al tanto de los planes para secuestrar periodista saudí.

 

*Este artículo se publica conjuntamente en El Viejo Topo y Crónica Popular.

Sobre este mismo tema, Eduardo Luque Guerrero intervino, junto a Alberto Rodríguez, el pasado día 23 de noviembre en la sede del CAUM, en Madrid, en un acto organizado por la Plataforma Global contra la Guerra.

 

Eduardo Luque Guerrero, Periodista y analista

https://www.cronicapopular.es/2018/12/yemen-la-guerra-contra-los-ninos-y-los-pueblos/

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