El mundo no ha aprendido la lección del genocidio de Ruanda en 1994

El genocidio fue planificado

La política de demonización por religión, raza, origen étnico o sexualidad, sigue creciendo en el mundo y continúa erosionando gravemente los derechos humanos.

 

El 7 de abril comenzaron en Ruanda los 100 días de conmemoración del 25 aniversario del genocidio perpetrado en 1994 en el país.

En poco más de tres meses, unas 800.000 personas fueron masacradas para aniquilar al grupo étnico tutsi.

Algunas personas hutus que se opusieron al genocidio también fueron blanco de ataques.

 

El gobierno provisional que tomó el poder tras la muerte del presidente Juvenal Habyarimana, cuyo avión fue derribado cuando sobrevolaba la capital, Kigali, demonizó a propósito a la minoría tutsi. Decidieron manipular y exacerbar las tensiones existentes e instrumentalizaron el odio que habían sembrado en un mortífero intento de mantenerse en el poder.

 

Más de dos millones de personas fueron juzgadas ante los tribunales comunitarios del sistema gacaca tras el genocidio. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda declaró culpables a 62 personas, incluidos altos cargos gubernamentales y otros que participaron como autores intelectuales del genocidio.

 

Ahora, la peligrosa tendencia global hacia políticas divisivas y cargadas de odio refleja que, colectivamente, los dirigentes mundiales han hecho caso omiso de las terribles lecciones del genocidio de Ruanda.

 

Es lamentable ver que, con tanta frecuencia, sólo las atrocidades masivas sacuden la conciencia de los líderes mundiales; después, en cuanto la noticia caduca, políticos de todo el mundo vuelven inmediatamente a vender una retórica deshumanizadora y de odio que favorece hechos terroríficos como aquellos”, ha manifestado Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional.

 

En este aniversario terrible queremos expresar nuestra solidaridad con las víctimas, sus familiares y todas las personas que sobrevivieron al genocidio, y acompañarlas en su dolor y su pena. Recordar lo que pasó debe servir para volver a despertar nuestra conciencia y nuestra humanidad común. Todos somos seres humanos, con los mismos derechos humanos y los mismos deseos de vivir sin abusos ni represión”, ha dicho Naidoo.

 

La política de demonización por religión, raza, origen étnico o sexualidad, sigue creciendo en el mundo y continúa erosionando gravemente los derechos humanos. Políticos que buscan ganar votos a toda costa han intentado cínica y sistemáticamente usar a determinadas personas como chivos expiatorios, a menudo en un intento de desviar la atención del hecho de que los gobiernos no cumplen disposiciones básicas de derechos humanos que garantizarían la seguridad económica y social.

 

Como consecuencia, destacados líderes mundiales esgrimen discursos peligrosos de “nosotros contra ellos“, infundiendo miedo y represión donde debería existir unión en la humanidad y respeto a los derechos humanos.

 

Un ejemplo de esto es Myanmar. En 2017, tras décadas de discriminación y persecución de la comunidad rohingya, mayoritariamente musulmana, por parte del Estado, más de 700.000 personas se vieron obligadas a huir al vecino Bangladesh tras una cruel campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los militares.

 

Amnistía Internacional y otras organizaciones han documentado el asesinato de miles de personas rohingyas, y que la violación, la tortura y otros abusos formaban parte de un ataque generalizado y sistemático contra esta comunidad. Afortunadamente, la ONU ha solicitado en un informe que se investigue a oficiales de alta graduación del ejército y se los procese por crímenes contra la humanidad y genocidio. Asimismo, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional está llevando a cabo una investigación preliminar.

 

Tras el genocidio de Ruanda se alcanzó el consenso internacional de no volver a permitir que arraigara la política del odio y la división. Pero, una y otra vez, volvemos a ver con mortificado espanto la comisión de atrocidades masivas. Deberíamos aprender de estas tragedias, como aparentemente está haciendo Nueva Zelanda, practicando una política más amable que promueve nuestra humanidad común y nos permite valorar nuestras diferencias”, ha señalado Kumi Naidoo.

 

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