Obama y la cuestión racial

Sigue existiendo una terca distancia en el nivel de vida entre negros, latinos y blancos

 

Público

 

Se encontraba el presidente de EEUU ofreciendo una conferencia de prensa sobre la reforma sanitaria con el fin de proveer de atención médica a 46 millones de personas cuando, al final de la sesión, aceptó responder a una última pregunta que versó sobre la detención del profesor negro Henry Gates. ¿La cuestión racial pilló desprevenido al presidente, que respondió sin pensárselo dos veces? De ningún modo. En ese instante estaba trabajando sobre el hecho racial.

 

Obama respondió con ideas contenidas en La audacia de la esperanza. En primer lugar, reconoció que la raza seguía siendo un factor importante de discriminación no sólo para los negros, sino también para los latinos: “Existe, dijo, una larga serie de detenciones injustificadas de negros y latinos”.Y después añadió: “Lo cual no significa que no se hayan hecho progresos increíbles y yo soy la prueba de ello”. Una semana antes, el presidente había recriminado a los negros que no había que usar la raza como excusa o muleta para el fracaso.

 

El pensamiento y la acción del presidente sobre esta cuestión se resumen en esos tres apuntes: aún no estamos en una época postracial, la igualdad ante la ley y las oportunidades educativas y laborales han dado su fruto y, por fin, las minorías también son responsables de los fracasos.

 

Henry Gates perturbó el orden, en su propia casa, por resistirse al arresto. Este profesor que investiga y enseña en la Universidad de Harvard es uno de esos escasos afroamericanos, al decir de Obama, que se encuentra en el 20% más alto de la escala de ingresos. La clase media negra se ha cuadruplicado en los últimos 40 años y la tasa de pobreza se ha reducido a la mitad. Pero sigue existiendo una terca distancia en el nivel de vida (salario, salud, éxito educativo, vivienda) entre negros, latinos y blancos. ¿Cómo eliminar o reducir esas diferencias tan persistentes?

 

Se empieza por aplicar las leyes contra la discriminación en el empleo, la vivienda y la educación. Además, se actúa con medidas específicas, allí donde hay pruebas de discriminación prolongada, fijando un calendario y unos objetivos que sean alcanzables mediante esas acciones. En tercer término, cabe señalar aquellos retrasos achacables al repliegue cultural de los excluidos, sin complejo de culpa. Y, por encima de todo lo demás, es necesario hacer lo que ocupaba al presidente en esos instantes, a saber, intervenir con estrategias universales sobre los lastres que atenazan a todos los excluidos sin distinción de raza.

 

En el libro que estamos citando, el entonces senador Obama escribía: “Hay que abrir a todas las minorías las mismas oportunidades que permitieron que se creara una clase media blanca”. En otras palabras, acceso a una buena educación, salarios dignos, leyes laborales y fiscales que devuelvan el equilibrio a la distribución de la riqueza y disponer de un seguro de salud y de pensiones al que los trabajadores puedan acudir cuando lo necesiten. De modo que la reforma sanitaria se dirige al corazón de las discriminaciones raciales: una menor esperanza de vida.

 

Catedrático de Sociología

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