Granados, el tercer hombre

Francisco Granados no pudo reprimir una sonrisa cuando una diputada socialista en la Asamblea de Madrid le recordó los últimos compromisos que el ex consejero Alfredo Prada había asumido dos días antes de ser destituido. Era la sonrisa de quien conoció el destino de su colega de Gobierno antes que el propio Prada

 

Ignacio González (i) con Francisco Granados
 
 

En junio de 2008, Esperanza Aguirre expulsó de su Ejecutivo al titular de Justicia y entregó sus competencias a Granados, también consejero de Presidencia y secretario general del PP madrileño. Su red de influencia en la Comunidad de Madrid se ampliaba de forma casi ilimitada.

 

Sin embargo, menos de un año después, este movimiento táctico se ha traducido en un escándalo de espionaje que amenaza con cortar en seco la carrera de Paco Granados, un político que, hasta ahora, siempre había sabido cubrirse las espaldas. ¿Quién es en realidad este tercer hombre que acompaña a Aguirre e Ignacio González en la cúpula de la Comunidad de Madrid? Su entorno guarda silencio. La presidenta madrileña ha puesto la mano en el fuego por él, pero diversas fuentes políticas de la región apuntan a que Aguirre entregará su cabeza para salvarse, si las investigaciones apuntan que Granados está detrás de la supuesta trama de seguimientos parapoliciales.

 

Sus adversarios hablan de las dos caras de Granados. Por un lado está el político dispuesto a negociar, que, por ejemplo, dejó una buena impresión como alcalde de Valdemoro a los sindicalistas de UGT en la comarca. Y, por otro, el cargo que desdeña con soberbia a los líderes de la oposición y se mueve rodeado de una corte de asesores. Un hombre capaz de desplegar su simpatía y su condición de aficionado del Atlético de Madrid para seducir a un adversario en una comida, pero también de demostrar su inmunidad criticando abiertamente al presidente nacional de su partido, Mariano Rajoy.

 

"Está en una permanente búsqueda de poder", afirma un diputado regional de la oposición. Según este parlamentario, Granados, además de controlar el partido, dirigir dos carteras y negociar los convenios de 200.000 empleados públicos, está tratando de llenar de contenido el departamento de Interior. La Comunidad de Madrid no tiene competencias en seguridad más allá de la vigilancia de edificios y cargos públicos. Sin embargo, la oposición política y sindical le acusa de intentar usurpar competencias a los ayuntamientos con el control de las Brigadas Especiales de Seguridad (BESCAM), que refuerzan los cuerpos de policía municipal en la región.

 

De Valdemoro al círculo íntimo de Aguirre

 

Granados, casado y con dos hijas, cumplió ayer 45 años. Se licenció en Ciencias Económicas y empresariales en la Universidad Complutense y fue director de análisis financiero en Interdealers S.V. B. Esta firma broker pasó a formar parte en 1990 de la Société Générale, que absorbió a la plantilla de la que formaba parte Granados. Pocos de los que permanecen en esta compañía confiesan recordar al actual secretario general del PP, pese a que fue director de banca de inversiones. Entre 1999 y 2003 compaginó la alcaldía de Valdemoro, municipio al sur de Madrid, con el cargo de consejero en Caja Madrid e Ibercaja, así como de la eléctrica SNET en representación de Endesa.

 

Su gran salto político se produjo el 22 de noviembre de 2003. Entonces, Aguirre le llamó para formar parte de su primer Gobierno como responsable de Transportes e Infraestructuras. Granados eligió bando en la batalla por el control territorial del PP que Aguirre libraba con Alberto Ruiz-Gallardón, y la presidenta madrileña le aupó hasta la secretaría general del partido tan sólo un año después. Antes, en el verano de 2003, el rostro del alcalde de Valdemoro se había dado a conocer en toda España como presidente de la comisión de investigación que trató de aclarar la deserción de dos diputados socialistas en la Asamblea de Madrid.

 

Aguirre no había logrado la mayoría absoluta y el socialista Rafael Simancas se disponía a ser investido presidente con el apoyo de IU. Pero dos tránsfugas, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, lo evitaron. Los comicios se repitieron y el PP se impuso definitivamente. La escalada de Granados como miembro del Ejecutivo prosiguió en 2004 al ser nombrado consejero de Presidencia. Nada parecía detenerle, aunque su figura no era ajena a la polémica.

 

En octubre de 2006, el vehículo de su esposa, un Mini Cooper, fue incendiado. De nuevo, un medio de Prisa, la Cadena Ser, habitual azote del Ejecutivo madrileño, cargó contra Granados denunciando que el coche estaba a nombre de la constructora Grandes Locales de Negocio S.L. Según la emisora, esta empresa había construido diversos edificios en Valdemoro, entre ellos, la vivienda de Granados. El consejero afirmó que se trataba de un retraso en el cambio de titularidad del vehículo, mientras que Aguirre tachó el incendio como el primer "atentado político" en la Comunidad de Madrid.

 

Cacerías y batallas internas

 

Para entonces, el poder de Granados estaba ya firmemente asentado. Fuentes socialistas le sitúan en lujosas jornadas de cacería junto a constructores y alcaldes del PP en fincas de Ciudad Real como El Gargantón y Los Collados. Reuniones donde además de abatir piezas de caza se cierran negocios y estrategias políticas. Con su combinación de poder en el partido y en el Gobierno, desafío el puesto de 'número dos' en la Comunidad al vicepresidente y portavoz González. Se inauguró así una de las pugnas internas más comentadas de la política regional, con la vista puesta en la sucesión de Aguirre, que ahora puede acabar abruptamente a favor de González.

 

Paradójicamente, el espionaje organizado para desacreditarle, ha dado al vicepresidente del Gobierno madrileño la oportunidad perfecta de presentarse como víctima y reclamar a Aguirre un castigo para Granados. Sin embargo, esta no es la primera vez que una denuncia de espionaje afecta al consejero de Presidencia, Justicia e Interior. El pasado verano, tras fagocitar la cartera de Prada, otro de sus adversarios internos, envió a Sergio Gamón, director general de Seguridad, al Campus de Justicia de la Comunidad a "mirar unos contratos".

 

Algo salió mal: Gamón fue acusado de robar un ordenador con información sobre Prada y acabó siendo despedido. Sin embargo, Granados lo recuperó para Interior y su nombre ha vuelto a aparecer en las informaciones de El País como uno de los espías encargado de los seguimientos a González, Prada y al vicealcalde del Ayuntamiento, Manuel Cobo. Un asunto, ahora en manos de la Fiscalía, que medirá la verdadera resistencia de este férreo escudero de Aguirre.

 

 

 

Top