Zapatero y la narco-ocupación de Afganistán

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"(...) La heroína es el negocio que mantiene en el poder a los “señores de la guerra” que dirigen el país desde sus respectivas regiones. Y ya se habla abiertamente de la implicación de la CIA y del ejército estadounidense en el tráfico de drogas, como ocurrió en el Triángulo de Oro durante la Guerra de Vietnam en los años 70.
Desde la invasión imperialista en diciembre de 2001, la producción de opio se ha multiplicado por 33, ya que los talibanes llevaron el tradicional cultivo de adormideras a sus niveles más bajos.
Para defender a este narcoestado, el sonriente Zapatero mantiene 778 militares como parte de las fuerzas ocupantes en la guerra, y envía ahora otros 450 combatientes más un reducido numero de guardias civiles. Y ello en una situación en que los invasores apenas controlan Kabul y otra media docena de ciudades, mientras que la insurgencia domina la mayor parte del territorio. (En la imagen, Zapatero posa en Afganistán junto a un poste de nostálgicas señales).



Zapatero y la narco-ocupación de Afganistán

por Teodoro Santana*


El gobierno español, decidido a jugar un papel de cierta importancia dentro del imperialismo, ha anunciado, a través de su presidente, el envío de otros 450 militares a Afganistán para apoyar el paripé electoral que las tropas invasoras piensan organizar en los cada vez más menguados reductos que controlan.

Afganistán es un país de aproximadamente 32 millones de personas. Sin salida al mar, rodeado por Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y China. El 75% del país son montañas. Su población es de unos 32 millones de habitantes. Étnicamente son un 38% pastunes (pakistaníes, al sur y el este), un 25% tayikos (al norte), un 22% hazaras (turco-mongoles de lengua persa, en el centro del país) y un 9% uzbekos (norte).

El 90% de todo el opio del mundo se produce en Afganistán. Según el último informe elaborado por la Oficina de Drogas y Delincuencia de la ONU, la producción de opio alcanzó en 2008 las 7.700 toneladas al cultivarse 157.000 hectáreas de adormidera, que cada año 2.630 millones de euros.

Los impuestos por tales cosechas (el tradicional “ushr”) ascienden a entre 38 y 54 millones de euros, que luego se inflan a entre 154 y 309 millones durante el proceso de producción y transporte. La corrupción rampante en el gobierno marioneta sostenido por Estados Unidos ha convertido a Afganistán en un auténtico cartel de la droga con ramificaciones al más alto nivel. Como, por ejemplo, la del propio hermano del presidente títere Karzai, uno de los mayores traficantes de droga del país.

La heroína es el negocio que mantiene en el poder a los “señores de la guerra” que dirigen el país desde sus respectivas regiones. Y ya se habla abiertamente de la implicación de la CIA y del ejército estadounidense en el tráfico de drogas, como ocurrió en el Triángulo de Oro durante la Guerra de Vietnam en los años 70. Desde la invasión imperialista en diciembre de 2001, la producción de opio se ha multiplicado por 33, ya que los talibanes llevaron el tradicional cultivo de adormideras a sus niveles más bajos.

Para defender a este narcoestado, el sonriente Zapatero mantiene 778 militares como parte de las fuerzas ocupantes en la guerra, y envía ahora otros 450 combatientes más un reducido numero de guardias civiles. Y ello en una situación en que los invasores apenas controlan Kabul y otra media docena de ciudades, mientras que la insurgencia domina la mayor parte del territorio.

Las tropas de ocupación se mantienen “fijadas” en esas zonas, prácticamente acuarteladas, limitándose a bombardeos aéreos sobre la población civil, lo que deteriora aún más el “cariño” que el pueblo afgano tiene al desprestigiado y corrupto gobierno marioneta.

Incapaces de doblegar al pueblo y a la resistencia nacional afgana, el dilema que se le plantea al imperialismo y a su nuevo portavoz, Barak Obama, es como salir del país sin que se note la contundencia de la derrota. Enviar más tropas y, a la vez, ofrecer diálogo a los talibanes “moderados” (?), parece ser el preámbulo para la “afganistación” de la guerra (esto es, largarse y decir “que lo soluciones los afganos”, remedando lo que hicieron al final en Vietnam).

Sin salida al mar, rodeado por territorios hostiles, sin transportes propios, el sonriente Zapatero debería empezar a pensar como va a sacar a los soldados de su país de la ratonera afgana cuando todo se venga abajo. A los que están y a los más que envíe. Salvo, claro está, que confíe en que el ejército norteamericano le solucione la papeleta. Debe ser que no ha visto las imágenes del desalojo de la embajada estadounidense en Vietnam.

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