Crisis en la 'nueva política'

No es posible mantener un proyecto mucho tiempo basándose en golpes de genio mediático o en propuestas genéricas e ideales si estas no se concretan

 

No hay duda a estas alturas que la llamada “nueva política” sufre una situación de crisis. Los resultados de las elecciones catalanas y todos los sondeos así lo indican. No sabemos cómo acabará, si será una crisis de madurez o una crisis de proyecto. La “nueva política”, es decir Podemos o “comuns”, salió como una llamarada alrededor de personalidades de fuerte impronta mediática. Estos nuevos sujetos arrinconaron proyectos existentes de la izquierda alternativa acabando también con sus posibilidades de crecimiento, son los casos de IU o ICV, la única organización que parece haber salido indemne ha sido Compromís.

Pero como las grandes llamaradas hechas de ramaje, que hacen mucha llama pero se consumen rápido y no dejan brasas sino únicamente cenizas, la “nueva política” que acaparó en un momento dado un fuerte eco mediático que se tradujo en unos buenos resultados electorales a estas alturas parece pasar por horas bajas.

La realidad política es algo más que proyectos mediáticos o de laboratorios de investigación política. Requiere tener solidez ideológica, estrategia política a corto, media y largo plazo, y una organización arraigada en el espacio que se quiere representar.

Pero la “nueva política” lo quería cambiar todo y rápido, a partir de mensajes genéricos y amplios, gran capacidad de difusión, y una oleada rápida de ilusión política atractiva en aquel momento para una gran cantidad de gente frustrada o desilusionada que tenía necesidad de creer. En especial muchos sectores de clases medias radicalizadas ante la frustración de sus expectativas por la gravedad de crisis económica, social y política.

Esto fue importante para hacer crecer un proyecto nuevo e ilusionando que planteaba un cambio radical de las cosas y que lo planteaba a corto plazo, era el tiempo de las propuestas “de asaltar los cielos”.

Pero la dura realidad se acaba imponiendo, y los proyectos basados en liderazgos personalistas y el populismo fácil más pronto  que tarde entran en contradicción con la dureza de la realidad de las cosas, y en este caso de la política que requiere de la madurez y realismo del propio proyecto.

No es posible mantener un proyecto mucho tiempo basándose en golpes de genio mediático o en propuestas genéricas e ideales si estas no se concretan. Un proyecto político de verdad que se quiera transformador se ha de embarrar en la realidad de las cosas y esto es mucho duro de realizar y debe plantearse a más largo plazo.

Los referentes de la “nueva política”, que han embarcado en su camino y como elementos subalternos a sujetos de la izquierda política alternativa anteriores a ellos, se ha comprobado que eran aprendices de la política que se ha demostrado en su dificultad de articular propuestas políticas concretas, dejando ver un cierto “amateurismo” y carencia de profesionalidad en la tarea política cotidiana. Es evidente que esto se puede ir mejorando con el tiempo. Pero lo que es más difícil es tener un proyecto político que se base en un proyecto ideológico definido, con una estrategia política que vaya más allá del puro tacticismo cambiante en cada momento o de la gestualidad mediática y los eslóganes más o menos acertados.

Ya es hora de que la “nueva política” sea algo más que satanizar el resto de las opciones políticas como “casta”, “régimen del 78”, “los del 155” o “la coalición monárquica” y sin concretar estrategias para conseguir un cambio de la realidad política. Todo ello  pasa por tener en cuenta un factor de análisis imprescindible cómo es el de la correlación de fuerzas realmente existente que condiciona la política, la estrategia y las tácticas.

A guisa de ejemplo podemos decir que un gran error de Podemos y los “comuns” ha sido su enfoque de la situación en Cataluña. No han planteado de forma clara su propuesta de un Estado plurinacional que defienda el derecho a la diversidad respetando la igualdad en cuanto a los derechos sociales, ni la han confrontado abiertamente  tanto con los unitaristas como con los independentistas. De este modo defenderían de forma clara la solidaridad de clase entre los trabajadores de Catalunya y los del conjunto del estado, lo cual comportaría el rechazo de propuestas independentistas. Por contra en la práctica han mantenido una falsa equidistancia que se ha manifestado en una actitud comprensiva e incluso contemporizadora con las propuestas de los independentistas catalanes. Esto ha comportado que una gran parte de la clase trabajadora de Cataluña, que se siendo excluida de la Cataluña independentista, haya dado la espalda a la candidatura de “Cataluña en común”. A la vez ha comportado también la incomprensión en una parte del electorado de Podemos en el conjunto del Estado.

Se podría decir que a la “nueva política” le carece o es deficiente en tres aspectos básicos:

a) Una ideología clara y concreta que determine a quien se quiere representar y porqué. En este sentido no se puede hablar de izquierda transformadora sin plantear que el conflicto social y la defensa de las clases trabajadoras y populares son el objetivo fundamental de su política. Y esto implica abandonar el radicalismo verbal y gestual y plantearse la relación con las organizaciones sociales representativas de estas clases y la estrategia y alianzas necesarias para conseguir los objetivos ideológicos.

b) Una estrategia más allá de movimientos tácticos que tenga como objetivo avanzar en la consecución de los intereses de las clases que se quiere representar. Y en base a esta estrategia se establecerán los movimientos tácticos y las alianzas para conseguir sus objetivos.

c) Y fundamentalmente carecen de una organización democrática. Tanto en el caso de Podemos como los “comuns” tienen una carencia de organización democrática. Ya no es suficiente con  falsas democracias directas plebiscitarias. Hay que tener organizaciones territoriales definidas; hace falta un censo de afiliación transparente con derechos y deberes ( no es admisible confundir como afiliados a gente que lo único que hace es apuntarse a una página web); hace falta un censo y unas organizaciones locales estructuradas; hace falta un debate democrático de las políticas a todo nivel que comporte la posibilidad de enmienda y síntesis de las propuestas; hace falta una elección democrática de los organismos a todo nivel y de los candidatos a las diversas elecciones mediante primarias con listas abiertas. En definitiva hace falta, tanto a Podemos cómo a los “comuns” que dejen de estar dirigidos por “capillitas” de personalidades o notables y abrir la organización y los órganos de dirección a la gente que se dice querer representar, huyendo de una vez del “despotismo ilustrado”.

Sin conseguir estos objetivos la nueva política puede acabar por pasar como una oportunidad perdida para la izquierda alternativa que no sólo no consiguió ser un sujeto de cambio sino que liquidó los sujetos políticos alternativos existentes anteriormente. El objetivo debería ser pasar de ser un “nuevo sujeto ilusionante” a ser un sujeto político sólido y fiable y realmente arraigado en los sectores sociales que dice querer representar. Este sería el futuro deseable para los proyectos de la “Nueva Política”: el convertirse en “sujetos políticos de cambio real”.

http://www.nuevatribuna.es/opinion/manel-garcia-biel/crisis-nueva-politica/20180206110354148236.html

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